Recordatorio para Abraham Sachman, “Fierro”


 
El 15 de abril pasado, cuando Jorge Cacho Smokvina y su hermana Laura lo acompañaban a una revisión médica, falleció súbitamente Abraham Sachman, “Fierro” para todos los que tuvimos la suerte de conocerlo. En la década del 50 ingresó a Palabra Obrera, la organización trotskista que devino en el PRT (la verdad), luego en el PST, y finalmente militó en el MAS. Fierro fue un infatigable luchador; desde el movimiento estudiantil pasó a integrarse al movimiento obrero, y con sus mejores activistas tuvo relación durante toda su vida. Sabía escuchar y orientar en la lucha sindical, sin caer en el sindicalismo; tenía olfato político, pero nunca abandonó principios por el tacticismo; supo ser crítico y dudar de todo, a la vez que impulsaba el pensamiento y la acción revolucionarios. Sus dudas y cavilaciones, pese a que él sostenía “la seguridad” de una orientación correcta, lo llevaron a no ocupar cargos en la máxima dirección, pero no por eso –o tal vez también por eso– fue querido y respetado por quienes se le acercaban. Su honestidad fue complemento de su bondad. Su actividad lo llevó a Bolivia y a los barrios obreros del conurbano bonaerense, al interior del país y a representarnos en reuniones internacionales. La crisis del MAS lo encontró en la Comisión Sindical; desde allí, no tuvo impedimentos para decir lo que pensaba. Sus criticas lo llevaron a  enfrentar a la dirección, y su capacidad de análisis lo condujo a superar la creencia de que la crisis era solamente por problemas morales. Del burocratismo o las tácticas incorrectas, avanzó a cuestionar los principios teóricos del marxismo canónico. Por eso no tuvo empacho en buscar caminos en estudiosos que no venían de la ortodoxia, y formó grupos de estudios con los que se vinculó hasta el final de sus días. Esta búsqueda desde humildad lo llevó a pronunciar, en ocasión de su 80 cumpleaños unos meses antes de fallecer, las palabras siguientes:
“Antes, hace 50 años yo hablaba con mucha seguridad, ahora a los ochenta hemos empezado a balbucear algunas cosas. En primer lugar quiero agradecer a todas y todos este cariñoso cumpleaños, la verdad es que lo siento muy, muy agradecido por la presencia de todos Uds.
Mi familia se ha agrandado en estos últimos años gracias a mis sobrinas, entonces quiero decirle a este nuevo sector que acá hoy hay muchos amigos que venimos caminando juntos desde hace muchos años; yo, en particular, llevo cincuenta y pico de años caminando. Estaba y estoy convencido de que se podía cambiar el mundo por algo mejor de lo que tenemos, y ahora balbuceo, porque durante 50 años estaba convencido de que se podía hacer, y cómo; recién en los últimos tiempos todo se me ha venido encima. Esto quiere decir que… ¿no se puede? Yo sigo sosteniendo que se puede. El problema es cómo y quién va a cambiar el mundo…
Sepan que la vida tiene muchos vericuetos y uno de los más importantes es que hemos querido y cuidado a la familia y estamos tratando de cosechar algo.
Entonces, si brindamos, yo brindo por la vida, porque la vida continúa pese a todo y contra todo”.
Herramienta lo despide con todo el afecto y reconocimiento que Abraham supo conquistar en nuestros corazones y en nuestras mentes.
El dolor de su muerte llevó a muchos de sus amigos y compañeros a escribir sus sentimientos y reflexiones.
Por falta de espacio, publicamos sola una, casi al azar; el resto las subiremos a la página web de Herramienta, para que esté al alcance de todos nuestros amigos.
 
 
Me impresionó como un hombre extraordinariamente pudoroso
Me sumo, no puedo dejar de hacerlo, a este homenaje a ese personaje singular que fue el viejo Fierro. Lo conocí un poco, nunca muy íntimamente –no sé si eso era posible: me impresionó como un hombre extraordinariamente pudoroso, como se suele encontrar entre los antiguos militantes obreros– durante mi paso por La Verdad, y luego por el primer PST. Desde entonces solo lo vi fugazmente una vez, pero descuento que seguía igual a sí mismo. Lo primero que se le notaba era lo que dicen muchos de los que aquí le rinden su homenaje: una actitud espontáneamente antidogmática, que “combinaba desigualmente” (perdón por el mal chiste) el máximo rigor político con la flexibilidad para repensar todo el tiempo las supuestas verdades recibidas. No creo que fuera una posición concienzudamente meditada: le salía así, nomás. 
Eso no lo llevó nunca, sin embargo, a renunciar al núcleo duro de una apuesta insobornable por la transformación radical de lo real. 
Tengo que decir honestamente, sin ánimo querellante alguno, que no son cualidades fáciles de encontrar hoy, cuando tantos ex marxistas se han reciclado, ablandando sus entusiasmos para diluirlos en las modas académicas o políticas, mientras muchos de los que intentan conservar aquel “núcleo duro” parecen cada vez más acantonados en sus refugios dogmáticos y sectarios. En fin, quizá sean defensas comprensibles ante la mediocridad política que reina en general, pese a las apariencias. En todo caso, está muy bien recordar –y estaría aún mejor que tomáramos como ejemplo– a alguien que, en un sentido, era como muchos de la época, y en otro, no se parecía a nadie. 
Vaya, pues, para Fierro esta memoria que –no es una contradicción– también combina tristezas y alegrías.
Un saludo fraternal a todos/as,
Eduardo Güner
17/4/2011