Eficiencia tecnológica, fuerzas productivas y clases sociales

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1. Introducción: fuerzas productivas y clases sociales
Este texto se coloca en un momento histórico muy preciso: el de las cuestiones de productividad social y eficiencia del uso de recursos y, en especial, de los energéticos. De esta forma, dentro de los medios y de los discursos empresariales y oficiales, gana cada vez más destaque la búsqueda incesante de eficiencia como el pronóstico del “éxito” y de actividades económicas exitosas. No se muestran, sin embargo, los vínculos y las conexiones, las determinaciones profundamente sociales de esta eficiencia. En una sociedad cada vez más pragmática y marcada por el dominio total y absoluto del capital en todos los sentidos e instancias sociales (política, ideológica, cultural, geopolítica, económica, etc.), no se puede olvidar que la base de análisis marxiana es económica y la misma insiste en el carácter científico de su investigación. Se debe también tener en cuenta que el centro de desarrollo del pensamiento de Marx no es el análisis académico, pero sí el objetivo máximo que es la superación del capitalismo. Pero la sociedad futura no se puede pautar por la pobreza: el socialismo es el reino de la riqueza. Cuestiones sobre el desarrollo económico se colocan aquí de forma nada sutil y los debates de los años 20, después de la Revolución de Octubre en la URSS, también[1]. Eso, a su vez, acaba por ubicar el problema de las fuerzas productivas como un problema central para el análisis marxiano de la realidad y de las posibilidades de una sociedad socialista. 

En la historia del desarrollo de las sociedades humanas, ningún problema colocado por la específica praxis deja de encontrar respuesta. Confusa o imprecisa, hay siempre una respuesta. Ese tipo de proceso se asemeja mucho a la propia evolución de la vida por medio de la selección natural. Siempre es dada una respuesta a los problemas que la sociedad introduce, incluso en los primeros niveles del desarrollo de todas las sociedades humanas. Elaborar a partir de la subjetividad una respuestaa la objetividad es característico, como se dice, del propio proceso de desarrollo de cualquier complejo existente. En las sociedades humanas las formas de desarrollo social son respuestas a la objetividad que se plantean en determinado período de ese mismo desarrollo. Eso se vuelve todavía más característico cuando se trata de la sociedad capitalista y de su desarrollo.

En función de la forma de producción del excedente de este modo de producción y de cómo la riqueza es concentrada, se obtiene una determinada estructura de clases y de relaciones sociales establecidas en esta sociedad. La reproducción de estas relaciones de clase implica producción de riqueza abstracta, mera reproducción del sistema, pero siempre atendiendo al consumidor. Este se posiciona, entonces, como la forma de ubicación y destino de recursos y centro de los cambios sociales y de todas las relaciones sociales. La mediación total de la sociedad es realizada por medio del mercado: es el “metabolismo” al cual se hace mucha referencia[2]. Se percibe que la producción para el mercado como condición primera de reproducir el sistema y producir riqueza abstracta implica cantidades crecientes de mercancías. La consecuencia del proceso es bastante evidente: desarrollar tecnologías que aumenten la eficiencia productiva del sistema. En un sentido bien estricto, hacer avanzar las fuerzas productivas para que el sistema se reproduzca de forma ampliada.
El concepto de fuerzas productivas va mucho más allá –como fuera insinuado anteriormente– de la inserción de nuevas tecnologías en la producción. Como fuerzas productivasse debe entender todo el conjunto social que amplía la capacidad y la posibilidad de producción. El concepto de fuerzas productivas sirve, entonces, como base para formularse otro, de carácter marciano, de civilización[3]. Por medio de este concepto de civilización estaría formulada una elevación en el patrón material y de la materialidad[4] social. También, el mayor control sobre las condiciones y uso de los recursos naturales, así como de espacios antropogénicos más complejos. Por ese motivo la elevación del nivel de las fuerzas productivas implica un grado más avanzado del proceso civilizatorio.[5]
Aunque el desarrollo de las fuerzas productivas signifique un proceso más avanzado en la forma de producir y controlar las condiciones naturales a través de una materialidad creciente y de espacios antropogénicos más complejos, no se puede nunca dejar de entender que las mismas se desarrollan de manera contradictoria. Así, elevan el nivel civilizatorio, pero lo subordinan a la estructura de clases de la sociedad de la cual es reflejo. Las fuerzas productivas estarán, de ese modo, subordinadas al control social de clase de los que poseen los medios de producción. Luego, su desarrollo se puede generalizar en la forma de niveles civilizatorios más elevados, como reflejo de la necesidad de producción, concentración y acumulación de riqueza por parte de las clases dominantes y controladoras de la sociedad y de los medios de producción. Uno de los mejores ejemplos para cualquier forma de civilización es el desarrollo de los transportes y comunicaciones. Modifican el espacio geográfico y posibilitan la integración social, especialmente en la sociedad del capital en la cual estas fuerzas productivas (transportes y comunicaciones) se hacen de forma más intensa y rápida. No obstante, las mismas no son producidas como forma de elevar el nivel genérico de civilización, o sea, conquistas humanas. Son, en realidad, formas de aumentar el control total sobre las condiciones de producción y concentrar y acumular más riqueza, centralizando crecientemente el capital. Eso implica, a su vez y de manera directa, un control cada vez mayor de las condiciones y de los recursos naturales por parte de algunos estratos sociales en detrimento de otros.
Esta estrecha relación entre fuerzas productivas y clases sociales es la base para pensar el socialismo. Sin embargo, eso no se puede dar en el reino de profunda miseria. Hay que pensar entonces en las condiciones políticas que puedan tornar el objetivo máximo del marxismo –la revolución– realizable. La realización de este objetivo, articulada con las condiciones políticas posibles, tendrá que resultar en el control social de las fuerzas productivas. Sólo entonces la civilización se traducirá en conquistas humanas.
 
2. Naturaleza y la sociedad del capital
 
El desarrollo de las fuerzas productivas sirve como base para la articulación y la formación de un concepto de civilización. Esto se explica en el hecho de que una compleja cadena de nexos y determinaciones es establecida entre fuerzas productivas y clases sociales, al mismo tiempo que a través de las mismas se adquiere un grado más elevado de control humano sobre la naturaleza. En otros términos, mayor control de las condiciones naturales significa precisamente una materialidad más sofisticada, al mismo tiempo en que ésta es la expresión empírica, viva y explícita de las relaciones sociales que se establecen en la producción. Las fuerzas productivas más desarrolladas corresponden a un mayor control sobre las condiciones naturales. Eso significa controlar el tiempo de producción de materialidades más complejas. Actuar sobre el tiempo y la materia en el sentido de producir materialidades más sofisticadas es nada más que controlar la naturaleza. Se trata del control del tiempo, del espacio y de la materia, así como de la utilización de los recursos energéticos y reproducción de determinado nivel de civilización amparado sobre un modo de producción y las relaciones sociales de clase correspondientes.
Imposible, entonces, entender toda la riqueza del concepto de fuerzas productivas si no se procede a la conexión del mismo con el de civilización. Éste, a su vez, no puede ser un concepto cultural vago. Su precisión está en la percepción de que las fuerzas productivas son uno de los elementos que lo componen debiendo, además, estar articulado con los conceptos de materialidad, de espacios antropogénicos y de controles naturales. Es por este motivo que al marxismo le es imprescindible un concepto de naturaleza y el lugar de la sociedad humana dentro de la misma. Especialmente cuando se tiene en la civilización del capital aquella que más modifica y controla las condiciones naturales en la forma de una materialidad más compleja y extensiva, sea en sus espacios productivos gigantes, sus ciudades, o en su fenomenología del capital –la expresión empírica del capital en la forma de mercancías–.[6]
Siendo el capital la categoría fundamental sobre la cual se estructura toda la sociedad capitalista, su política e ideología, el desarrollo de las fuerzas productivas tienen que darse de forma intensa. El capital debe ser remunerado y garantizar su propia reproducción. Como tal la producción de mercancías se desarrolla en larga escala y para un creciente número de compradores. Reducir el tiempo de producción de las mercancías es posibilitar el incremento de los lucros y aumentar la reproducción, concentrar y centralizar todavía más el capital, así como controlar elementos humanos y materiales: el trabajo, el tiempo, el espacio, los recursos naturales.
 
3. La participación de la tecnología y de la ciencia
 
En este momento histórico la cuestión de la eficiencia productiva tiene su importancia. La tecnología y la ciencia se transforman intensa y crecientemente en aliados de la producción y cada vez más subordinados a la misma y a todas las necesidades del capital. Históricamente se puede reflexionar sobre las cuestiones concernientes a la ciencia, a la producción potencializada por el desarrollo de las fuerzas productivas y las soluciones tecnológicas encontradas para dinamizarla. Esas soluciones tendrán formas y matices diferentes en la medida en que cambia la coyuntura histórica y el nivel de lucro (tasa de lucro) del capital.
En las formaciones sociales precapitalistas no existía la mediación del capital: no siendo producción con miras para el mercado no existían grandes necesidades de elevar el modelo patrón de las fuerzas productivas y de los ritmos tecnológicos ya que la acumulación de riqueza no consistía en la venta de mercancías. En aquellas formaciones sociales no era necesario el control estricto de la producción y no se necesitaba reducir el tiempo gastado con tal o cual actividad y producir cantidades crecientes en intervalos menores, elevando la productividad. No se tenía la imperiosa necesidad de eficiencia productiva. La ciencia y la tecnología, entonces, eran adecuadas para el control de la producción y la mediación con la naturaleza era menos pronunciada. El nivel material –en el sentido de materialidad como concepto marxiano de civilización– de esas sociedades era menos desarrollado.
Lo opuesto acontece en la sociedad del capital, en la cual el control de la producción es fundamental y elevar la productividad es imperioso. Para eso, ciencia, tecnología e industria se van a fundir en una síntesis única y reciente de la historia humana. Aunque la industrialización ya se hubiera procesado a lo largo de todo el siglo, será sólo al final del xix que esa síntesis iría a ocurrir[7]. Pero aquí una verdadera paradoja entra por la ventana cuando parecía que había sido expulsada por la puerta. En la sociedad del capital, el control de la producción como forma de acumular riquezas elevó el nivel material al desarrollar intensamente las fuerzas productivas. Es de esa forma que la mediación entre naturaleza y sociedad pareció ampliarse al poner bajo el control social de clase los recursos naturales, las fuentes de energía, el espacio, el tiempo y la materia de la cual se hace la propia vida. Controlar la naturaleza pareció algo más evidente. El sentido ideológico que eso asumió fue más profundo que controlar: dominar la naturaleza parecía la expresión adecuada. La ideología bíblica y medieval pareció colocarse más claramente[8]. Vuelve ahora por la ventana: el mayor control de la naturaleza y la mayor mediación con la misma aparecen como dependencia natural de una sociedad movida por una contradicción básica, la contradicción de clase y el control de la producción por sólo una de ellas. Partiendo de esta contradicción fundamental se expresan las demás, inclusive la de la dependencia natural bajo dos puntos de vista. El primero, evidente en las cuestiones ecológicas, asumiendo, por eso, carácter político. El otro, pensado en este texto, es que por ser la producción el locus determinante de la acumulación de riquezas, la sociedad del capital se volvió más dependiente de las condiciones materiales, de la materialidad no sólo producida y vendida por ella bajo la forma de mercancía. Se volvió más dependiente de la materialidad natural como las fuentes de energía y su irregular y desigual distribución por el espacio. Lo que se alejaba, entonces, por la puerta de adelante –dominio sobre la naturaleza, “alejamiento de las barreras naturales”, etcétera– vuelve por la ventana del patio. La sociedad del capital produjo condiciones más mediadas con la naturaleza y al mismo tiempo se volvió más dependiente de la misma, en visible contradicción dialéctica[9].
 
4. Conclusión y necesidad de emancipación
 
Se sabe que las etapas iniciales del capitalismo corresponden a un largo proceso histórico de acumulación a través de los desarrollos comerciales. En él la acumulación de riquezas y la centralización de las mismas van a posibilitar una transformación hasta que surja la clase productiva de los capitalistas industriales. Con éstos, al mismo tiempo, surgen otros intereses, el de la clase productora de riqueza a través de la venta de fuerza de trabajo. Solamente en esta sociedad será posible revolucionar de forma completa la producción en la cual todo se convierte en mercancía con la formación de mercados más amplios. El propio trabajo se transforma en mercancía bajo la forma de fuerza de trabajo. Pero, antes del surgimiento de la producción revolucionada por la máquina y el crecimiento vertiginoso de la composición orgánica del capital, es con la etapa comercial que se realiza la acumulación de riquezas. Como en ella la riqueza se produce en la circulación mercantil, es inevitable que las fuerzas productivas se desarrollen de forma creciente por medio de innovaciones tecnológicas en las artes náuticas y de transportes tales como el astrolabio, el uso de la brújula, el conocimiento de los vientos y de las corrientes marítimas en especial en el hemisferio sur del planeta, las nuevas formas de embarcación, etcétera.
Se debe tener claro, no obstante, que todas esas formas tecnológicas y de desarrollo de las fuerzas productivas establecen, de un lado, un nuevo modelo naciente de civilización, el del capital. Se ponen las bases para la civilización del capital de materialidad compleja y espacios antropogénicos cada vez mayores después del dominio de la producción y de la ciencia por el capital. Por otro lado, eso solamente se hará posible, pues se trata de una acumulación de riqueza a escala gigantesca y centralizada, si se tiene la posibilidad de colocar más trabajo humano (la fuente de toda la riqueza social) bajo el control social de los que dominan la producción[10]. La transferencia de la riqueza de un sector para el otro es lo que permite el pasaje rumbo al control de la producción y, por lo tanto, de la Revolución Industrial.
En ese momento de entrada del capitalismo en un nuevo peldaño histórico conforme a las necesidades también renovadas de acumulación, se pueden ver en él sus características sociales y productivas básicas plenamente desarrolladas: formación de la clase trabajadora y mayor control de la producción. De esta forma se tendrá un círculo de determinación dialéctica en el cual el trabajo social es controlado por la producción. De arriba hacia abajo la actividad del capital industrial y su específica forma de producción y reproducción van a provocar una de las mayores revoluciones productivas de la historia de la humanidad. Revolución sólo comparada con la neolítica en la cual el Homo sapiens puso a su disposición el control de los vegetales y, de forma concomitante, el de los animales. En la revolución agrícola la materialidad, la exterioridad natural, pasó a ser controlada en determinados aspectos que eran posibles, dadas las condiciones del momento tanto técnicas como económicas. La Revolución Industrial y las transformaciones sociales originadas del capital se expresan en control de la materialidad, de la exterioridad de la materia puesta a disposición del hombre. Téngase en cuenta, sin embargo, que no se trata de un control material en función de un proyecto humano: es tan sólo una forma de control de la materia con vistas a la reproducción de clase de determinado sistema productivo.
Se tiene un crecimiento cuantitativo y cualitativo cada vez mayor de la producción por medio de fuerzas productivas más desarrolladas, con aumento de la eficiencia productiva y del control de la ciencia por el capital. La socialización de la producción eleva los patrones humanos de civilización. Solamente en la sociedad y civilización del capital es que puede surgir el concepto pleno de la humanidad. Nunca se vio tal arquetipo de materialidad y de control de las condiciones y de los recursos naturales.
Se verifica, entonces, que las fuerzas productivas estarán en consonancia con su momento histórico. Las respuestas a las necesidades sociales y de la acumulación de la riqueza, bien como de la concentración y la centralización del capital, elevarán la composición orgánica del mismo. La ciencia se subordina a la producción. La eficiencia se traducirá, entonces, en producir más expresando un aumento del poder del capital y del trabajo muerto. A partir de este momento preciso y determinado de la esfera productiva se llega a las instancias sociales y políticas con el poder decreciente de la clase trabajadora y de la fragmentación del mundo del trabajo. El concepto de eficiencia se traduce, en la práctica, en desempleo creciente y en nuevas formas de pensar la emancipación y los agentes transformadores y portadores de ésta.
Eso no es nada nuevo y ya era colocado en el siglo xix por Marx, que vislumbraba todo el potencial productivo de esta sociedad. Las frustradas revoluciones del siglo xx parecen haber desalentado la ideología revolucionaria. No obstante, bajo ninguna hipótesis, se trata de hablar de utopías[11]. Se debe tener claridad sobre algunos hechos para transitar el camino esencial que conduce a una teoría, nada nueva, en un nuevo momento histórico de la emancipación. En primer lugar, el capitalismo visto por Marx apenas se tornó cada vez más determinado, o sea, más complejo y, por lo tanto, una “totalidad más total”. En segundo lugar, especialmente en Brasil, se debe sustituir el oscuro discurso de la ciudadanía, en pro del control de la producción de la materialidad y de los recursos naturales por los actores productivos. Se trata de controlar socialmente las fuerzas productivas a través de los varios mecanismos que lo puedan realizar transformando el desarrollo civilizatorio del capital en una forma que no fuera más de clases y sí humana, social y democrática en la más profunda acepción de raíz de esa palabra. En sentido teórico eso sólo es posible a través de la lectura del objetivo último del marxismo que es la emancipación. Para eso es necesario percibir que existe en Marx una profunda afinidad entre los conceptos y categorías económicas de su obra y los procesos políticos, ideológicos, culturales y naturales.
 
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Enviado y escrito por los autores para Herramienta


[1] Reis Filho (2003: 80, ss).
[2] Es interesante notar que en otras formaciones sociales sujetas a otros modos de producción no tenían sus relaciones sociales mediadas por el mercado. Este se impone de forma tan poderosa como ideología y como materialidad creciente de mercancías a nuestra vista que es casi imposible pensar en formaciones sociales en las cuales el mercado no era el centro de las mediaciones. Formaciones en las cuales el propio espacio, por ejemplo, no era determinado por la forma específica de la producción y de mercado. Es el caso de las formaciones sociales de la Antigüedad, como el caso bien particular de la polis griega. Benevolo (2001: 77, 78).
[3] Doti (2005).
[4] Materialidad es la base del concepto de civilización que se explicó en el capítulo de la tesis referida en la nota 3. Por ésta se entiende la cantidad creciente de los recursos naturales puestos a disposición para el uso humano (valor de uso) en cualquier formación social. En otros términos, la forma como se transforma la materia convirtiéndose en utilidad social. En el modo de producción capitalista la materialidad social es gigantesca en función de la acumulación y la concentración creciente de riqueza como determinación del mercado y como necesidad de la reproducción del sistema (producción de riqueza abstracta).
[5] Proviene de esta constatación es verdad la famosa apología de Marx a las fuerzas productivas del capital en su Manifiesto de 1848.
[6] En Marx es posible hacer la constatación de este concepto enseguida, en la primera frase de El capital: “La riqueza de las sociedades en que domina el modo de producción capitalista aparece como una ‘inmensa colección de mercancías’, y la mercancía individual como su forma elemental”. Marx (1985: 45).
[7] Bernal (1973) (Ver primera parte).
[8] Con eso se está dando énfasis al carácter judaico-cristiano de una ideología de dominio de la naturaleza presente en las palabras del Génesis que confiere Adán el poder de dominar y tomar toda la naturaleza, pues todo fue hecho para él que es imagen y semejanza de Dios: es el antropocentrismo explícito que encontrará eco en el humanismo marxista. Ver sobre el Génesis I, 26-28 y Déleage (1991: 25, 26).
[9] e entiende, así, la fundamentación necesaria del estudio de la dialéctica de la naturaleza. Ver sobre eso el pequeño e interesante libro de Jean-Marie Brohm O que é Dialética? Edición Antídoto, Lisboa, 1979, 1a ed. En la página 42 el autor muestra algunos pasajes de Marx y Engels en los cuales están definidos claramente la articulación y el profundo eslabón de relación entre la historia y la naturaleza. Estas se condicionan y, en el caso de este texto, la “mediación entre dialéctica natural y dialéctica histórica es dada por el proceso de la producción”. Tal acceso liga en definitiva el capital a la naturaleza, por eso Marx y Engels insisten en la fórmula de que sólo hay una ciencia, la de la historia. Sobre esa cuestión de la naturaleza y espacio geográfico es posible contrastar el nivel de las discusiones a partir de muchos autores, como la obra de Harvey O novo Imperialismo. San Pablo, Loyola, 2004. Ver también E.W. Soja, Geografias Pós-Modernas - A Reafirmação do Espaço na Teoria Social Crítica, Río de Janeiro, Jorge Zahar Editores, 1a ed., 1993 y Massimo Quaine, Marxismo e Geografia. San Pablo-Río, Paz e Terra, 2a ed.,1991.
[10] Se debe tener claro que la actividad comercial no coincide con el capitalismo. Aquí se deja apenas la indicación de la distinción muy bien hecha por Fernand Braudel en La Dinámica del Capitalismo, Fondo de Cultura Económica, México, 1986, 1ª ed., página 45 subsiguientes.
[11] Frederico (1994: 13).