Origen de la dialéctica negativa: Theodor W. Adorno, Walter Benjamin y el Instituto de Frankfurt. Susan Buck-Morss

Traducción de Nora Rabotnikof Maskivker. Revisión de Mariano López Seoane.
Eterna Cadencia: Buenos Aires, 2011, 480 páginas.
 
Eterna Cadencia ha reeditado la traducción castellana del primer libro de Susan Buck-Morss, publicado originalmente en inglés en 1977. En este libro la autora, que hacía poco había colaborado con Rolf Tiedemann en la edición de las obras completas de Adorno, se propone –en velada polémica con las tesis presentadas por Martin Jay en La imaginación dialéctica (1974)– demostrar “la originalidad del proyecto filosófico de Adorno, en comparación con otros exponentes del marxismo occidental” y exhibir “la conexión histórica del proyecto con la teoría de Walter Benjamin” a fin de plantear “la discusión sobre la contribución de Adorno dentro de una correcta comprensión de lo que pretendió realizar” (pág. 19).

Estructurado en un prefacio y doce partes, el libro ofrece, a lo largo de los primeros dos capítulos, un recorrido biográfico intelectual de los años de formación del pensamiento de Theodor W. Adorno (1903-1969), desde los orígenes familiares y la importancia de la educación musical recibida en su infancia hasta su ingreso como profesor en la Universidad de Frankfurt en 1931. Para ello, despliega un cuadro complejo y detallado del ambiente intelectual de la República de Weimar y de la Viena de entreguerras y de la relación –no exenta de tensiones teóricas– entre Adorno y varios de los más importantes intelectuales de izquierda de su generación (Siegfried Kracauer, Ernst Bloch, Friedrich Pollock, Max Horkheimer, Bertolt Brecht y Walter Benjamin, entre otros) y con la vanguardia artística vienesa. Paralelamente se detiene en la formación filosófica de Adorno, en la que son presentadas como especialmente determinantes la recepción de Kant (a través del kantismo radical de su mentor, Hans Cornelius), de la fenomenología husserliana, y del materialismo dialéctico de György Lukács, que Adorno habría adoptado “como método cognitivo, sin abrazar su teoría ontológica del proceso histórico o su concepto del proletariado como sujeto-objeto de ese proceso” (pág. 89).
Las secciones centrales del estudio se detienen a analizar sistemáticamente la propuesta filosófica de Adorno a partir de categorías centrales de su pensamiento, tales como las nociones de “historia natural”, “verdad inintencional”, “fantasía exacta”, “constelación”, para dar cuenta de su potencial revolucionario:
 
El método de Adorno era tremendamente versátil. Podía ser aplicado a cualquier tipo de fenómeno social burgués. Ya se tratara del jazz, de la atonalidad, de una obra de Beckett, de la audiencia de radio, de un concepto sociológico, de un principio estético o de un texto filosófico […]. Pero cuando el objeto era la filosofía burguesa, el procedimiento producía un resultado único: si el método era exitoso, no solo revelaba las implicancias ideológicas de esa filosofía, sino que además probaba su falsedad, negando las premisas idealistas sobre las que descansaba (pág. 277).
 
Este análisis se orienta a partir de las dos hipótesis centrales del texto, ambas polémicas: en primer lugar, la postulación de “la sorprendente congruencia […] a través del tiempo” del pensamiento de Adorno (pág. 16), que es interpretado en su totalidad –incluso su producción en el ámbito académico norteamericano– como el despliegue del programa contenido en la conferencia inaugural dictada en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Frankfurt en 1931; en segundo lugar, sostiene Buck- Morss que “la verdadera influencia formativa sobre Adorno tuvo lugar antes de 1931, y provino de Walter Benjamin” (págs. 16-17), desestimando, contra Martin Jay, la influencia de su relación con Horkheimer y con el Instituto para la Investigación Social.
Los últimos capítulos despliegan los términos del debate intelectual que tuvo lugar entre Adorno y Benjamin desde mediados de la década del ’30, situando las posiciones de ambos filósofos en el marco de la emigración a la que ambos se vieran forzados. Sin embargo, con esta puesta en tema de las divergencias teóricas la autora no abandona la tesis central de su estudio, sino que considera que este debate es consecuencia de la cercanía de las posiciones respectivas y que demuestra “la dialéctica de su amistad” (pág. 337). Desde esta perspectiva, basándose principalmente en el intercambio de correspondencia entre Benjamin y Adorno, expone la discusión en torno a la naturaleza de las imágenes dialécticas, la noción de sujeto colectivo y la función política de las vanguardias y de la cultura de masas.
El último capítulo da cuenta del modo en que la influencia de Benjamin sobre la obra adorniana se extiende más allá del momento de su muerte; Buck-Morss se detiene en la recepción de las tesis Sobre el concepto de historia, último texto escrito por Benjamin, y en la influencia de sus conceptos centrales sobre la obra posterior de Adorno. Llevando al límite su interpretación afirma que
 
más intensamente que nunca, Adorno internalizó la filosofía de Benjamin en un acto de Aufhebung, en los tres sentidos (preservar, negar y superar) del término hegeliano. Esto implicó preservar el trabajo de su amigo en el suyo propio de modo que nada de lo que escribió estuvo libre del lenguaje personal de Benjamin y de su método epistemológico único. Pero también significaba que a través de este método redimiría aquellos problemas del trabajo de Benjamin que había criticado en su correspondencia (págs. 400-401).
 
El libro se cierra con un epílogo crítico, en que adoptando las premisas adornianas se interrogan los límites de su propio método. Sugerentemente, el texto confluye en este punto con las críticas que desde la Nueva Izquierda de la década de los sesenta hacían a la dialéctica negativa y que constituyen el marco a partir del cual, tal como se advierte desde el mismo prefacio y en diversos pasajes del texto, Buck-Morss ha emprendido la investigación de los orígenes históricos del Instituto para la Investigación Social y de la figura de Adorno como su principal “teórico crítico”.