Otra vez corrupmagnon

 

Hace unos días mi hijo, viendo el saludo de fin de año que envié a mis conocidos y amigos, una pintura que hice de un par de zapatillas rotas, modernas, abandonadas en la calle, sin cordones, a la deriva de la pregunta reclamante, y a la que llamé “Las huellas de la historia”, agregando (¿deseando?) que otro mundo fuera posible, me observó, (creyendo que reiteraba el tema de Cromagnon y de unas pinturas que hice hace algunos años a las que llamé “Corrupmagnon”) con esa implacabilidad que tiene los hijos con sus padres: “¿Mami, no te parece que ese tema ya pasó?”
Siendo un muchacho de una gran sensibilidad social y además, músico, me extrañó su pregunta y hasta pensé que era un tema urticante para él, ya que muchas veces corren riesgos muy grandes con su banda cuando los contratan en lugares que son elegidos por sus productores en distintos lugares del mundo. Como músicos, no tienen ni oportunidad ni injerencia para averiguar las condiciones de seguridad de los lugares en los que tocan como músicos independientes. Como independientes, tampoco son de los que ganan millones, ya que están fuera de la maquinaria de la “industria cultural”.
Esa pintura había sido exhibida en un Museo de la Ciudad junto con obras de otros pintores. El curador, empleado del gobierno, sin duda, lo colocó lo más cerca de un zócalo que pudo, y amontonado con otros tan disímiles que lo hacían desaparecervisualmente como en medio de una gran feria. Casi mejor decir de una vez que apenas se veía, perdido en el montón. Sin duda fue una decisión significativa la del curador, quien ante un gesto mío de interrogación me contestó con un indiferente “Es lo que hay”. 

Sin duda también que ese tipo de funcionarios es también “lo que hay” que aguantarse hoy día, en medio de la corruptela de la asignación de cargos en cualquiera de las instancias, nacional o de la ciudad. Gente que con una soberbia inconmensurable ni siquiera cumple con la función por la que les paga el gobierno de turno.

Sin querer contrariar a mi hijo, le dije que se trataba de una serie sobre la pobreza y la corrupción y que esta pintura sobre zapatos rotos abandonados en la calle, era una metáfora de la pobreza y el abandono en que estamos los argentinos. Que en última instancia, era una faceta del mismo tema.
Ahora tenemos que ver con tristeza, con impotencia, que la denuncia no basta, que siempre habrá un funcionario corrupto que cobre por lo que no hace o reciba coimas por cerrar los ojos, o deje de hacer lo que corresponde mientras se mantenga la cadena de complicidades en la que se ve envuelto, tanto el gobernante como el gobernado. Este último porque es engañado y asiente, en virtud de una supuesta conservación de la armonía. El que denuncia es culpable de romperla. No es que ya esté rota y el relato, o doble discurso o como quieran llamarlo, se encargue de disfrazarla de armonía para que nadie reaccione, NOOO!!! de ninguna manera: es que hay desestabilizadores que se encargan de mostrar lo que intenta ocultarse, el lado oscuro de esta fiesta que se hace pública y que hay obligación de compartir a riesgo de ser señalado, censurado, excluido. Hasta que la realidad se exhibe por sí misma, como en Plaza Once.
Bueno, y entonces Cromagnon se repite una y otra vez, como la huella de los zapatos que quedaron abandonados luego del incendio, como la marca de la situación de indefensión en que nos encontramos. Como el tren que mató a nuestros pobres y a nuestros jóvenes, como tantas otras áreas en que ocurre lo mismo o peor, como la huella vergonzante de la historia que vivimos diariamente.
¿Tuvo que suceder esto para que caigan los velos, para que deje de naturalizarse el maltrato, para que asumamos la responsabilidad que todos tenemos en no permitir que esto ocurra? ¿O es que todavía no terminan de caer?
 

26 de febrero de 2012