Imperio americano. Ascenso, apogeo y decadencia, de Héctor A. Palacios

 
Ediciones Alternativa, Buenos Aires, 2010, 338 páginas.
 
Este libro es un recorrido general sobre la historia de Estados Unidos desde un poco antes de la guerra de Secesión (1860-1865) hasta el momento actual. Por esta circunstancia es un estudio de síntesis que se basa en fuentes secundarias y que pretende presentar una visión de conjunto sobre los aspectos más relevantes del desarrollo histórico de Estados Unidos, su conversión en un poderoso país capitalista y luego su transformación en un régimen imperialista, como resultado de la guerra en que derrotó al moribundo imperio español.
La obra está dividida en cuatro partes. La primera abarca el período comprendido entre mediados del siglo XIX y la Primera Guerra Mundial y allí se estudia la industrialización, la formación de los trabajadores, las migraciones internacionales, las diferencias entre los estados del Norte y del Sur, que no fueron del todo liquidadas por la guerra. En este capítulo uno de los puntos centrales debería ser el de la formación del imperialismo, pero aunque se le menciona su tratamiento es más bien secundario y se limita, en gran medida, a citar a Lenin, sin profundizar en los aspectos concretos de la construcción del imperialismo estadounidense. De la misma forma, no se considera a fondo el impacto de la primera expansión imperialista de los Estados Unidos en América Central y el Caribe, que está relacionada con hechos capitales de la historia continental, tales como la separación de Panamá de Colombia, la creación de un Estado títere en el Istmo, la ocupación de Cuba, donde se impone la ignominiosa Enmienda Platt, y la neocolonización de Puerto Rico, que se mantiene hasta la actualidad.
La segunda parte analiza el período de entre guerras, que va desde 1914 hasta 1945. Se recalca la importancia de las dos guerras mundiales en los Estados Unidos, luego de las cuales emerge como la potencia imperialista hegemónica. Se muestra el impacto de la Gran Depresión en la economía estadounidense y el establecimiento del New Deal. También se encuentran algunas notas sobre el racismo, la subordinación de la población afrodescendiente, y las acciones de los trabajadores y de los pequeños partidos de izquierda. Nuevamente se echa de menos el estudio de la expansión y el retiro temporal de los Estados Unidos de América Central y el Caribe, que ameritaría considerar los casos de las sucesivas intervenciones en Nicaragua, República Dominicana, Cuba y, sobre todo, Haití, país que fue ocupado por los marines durante casi veinte años (1915-1934). Por supuesto, algunos de estos hechos son mencionados, pero no se tratan con detalle ni se menciona la resistencia que en los países ocupados se genera (como el caso de Sandino en Nicaragua), lo cual es casi obligatorio cuando se habla de Imperio Americano.
La tercera parte se dedica al tema de la posguerra en los Estados Unidos y cronológicamente recorre desde 1945 hasta 1968. En esta parte, como en la última, las descripciones se hacen más detalladas y pormenorizadas, hasta el punto que la exposición se concentra en cada período presidencial, una forma de periodización muy discutible, por lo menos desde una perspectiva marxista. No obstante, el análisis es bastante sistemático sobre las características que asume el imperialismo de los Estados Unidos, tanto en el plano interno como externo, para consolidarse como la primera potencia mundial. Se recalca al respecto el papel central que desempeña el Estado y cómo se adecua para convertirse en la palanca que garantiza el poder blando y fuerte de los Estados Unidos en el resto del mundo. En esta parte si se observa un mayor interés por incorporar las agresiones externas de los Estados Unidos en diversos lugares del mundo, y se destacan los casos de Guatemala (1954) y de Cuba (1959 en adelante), en donde la injerencia imperialista es evidente.  Se destaca, asimismo, el impacto de la Guerra de Vietnam en la sociedad estadounidense y la efervescencia racial, en la que sobresale el protagonismo de la población afro.
Por último, en la cuarta parte, la más extensa de todo el libro, se analizan las últimas décadas de la historia de Estados Unidos, concretamente desde el gobierno de Richard Nixon hasta el de Barack Obama. Se sigue a tal efecto el procedimiento de estudiar cada gobierno y de concentrarse de manera prioritario en los hechos políticos. No es que se dejen de lado los aspectos económicos, sociales y laborales, sino que éstos aparecen como subordinados en el plano expositivo con respecto a los asuntos políticos. En esta parte se nota un gran vacío, como es el de no profundizar en toda la política contrainsurgente y terrorista de los Estados Unidos. Nuevamente, no es que el autor la desconozca o no la nombre, porque si lo hace. Lo que debe decirse es que dada la importancia de esa política contrainsurgente a nivel mundial, ameritaría ser recordada cuando se habla de los mecanismos utilizados por los Estados Unidos para mantener su hegemonía a nivel mundial. En esta última parte, se muestran, de manera algo desordenada, los distintos indicadores de la crisis interna que vive la sociedad estadounidense y que tiene como punto de referencia las políticas de cuño neoliberal adelantadas desde el gobierno de Ronald Regan.
Una de las partes más polémicas del libro se refiere al asunto de la decadencia de los Estados Unidos. Para sustentar tal tesis, el autor se remite a otros escritores, entre ellos a Immanuel Wallerstein, sin que proporcione suficientes elementos de análisis, a pesar de que en la última parte menciona algunos aspectos. Sin embargo, falta un análisis de conjunto sobre los distintos tópicos que configuran la crisis de la hegemonía de los Estados Unidos, y entre los cuales habría que involucrar, por ejemplo, la crisis de un tipo de civilización basada en el consumo intensivo de combustibles fósiles. Esta cuestión no se menciona en el libro, en gran medida porque su autor sigue prisionero de la primacía de las fuerzas productivas, lo cual le impide acercarse a ver los problemas técnicos y ambientales del ecocidio planetario en marcha, que tiene como uno de sus epicentros principales a los Estados Unidos.
Entre los méritos de la obra cabe destacar que el autor escribe desde una posición comprometida con los trabajadores y que lo hace en forma rigurosa, sería y coherente, sin recurrir a un lenguaje estereotipado ni codificado. El libro es claro y conciso, sin abusar ni de la falsa erudición, ni de tecnicismos innecesarios. Por supuesto, como lo hemos planteado en esta breve reseña, todo libro que se respete es polémico y deja muchas preguntas para reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro de los Estados Unidos, y la manera cómo sus políticas influyen en nuestro continente.