Una rosa roja para Emilio J. Corbière


Hizo sus primeras armas en el periódico socialista La Vanguardia y en el diario La Opinión, fue jefe de redacción de la revista Todo es Historia escribió también en los diarios La Nación, Tiempo Argentino, Sur, El Cronista y el vespertino Buenos Aires Herald.

Luchó contra toda clase de autoritarismos desde las revistas Primera Plana, Confirmado, Cuestionario, Crisis, Nueva Sociedad e Icaria, entre otras, principalmente en tiempos en los que los promotores de la trilateral pregonaban la ingobernabilidad de las democracias.

Adelantó el fracaso de la socialdemocracia vernácula con su obra El mito alfonsinista. Liberación nacional y lucha de clases en la Argentina, que le valió su expulsión del entonces y ahora obsecuente diario La Nación. Fue también representante de instituciones como la International Gramsci Association, la Fundación Juan B. Justo y la Sociedad Científica Argentina.

Entre sus obras de juventud se encuentran El marxismo de Enrique del Valle Iberlucea, Orígenes del comunismo argentino, Conversaciones con Oscar Allende y, más recientemente, Los catecismos que leyeron nuestros padres. Ideología e imaginario popular en el siglo XX, Mamá me mima, Evita me ama. La educación argentina en la encrucijada, La masonería. Política y sociedades secretas, La masonería II. Tradición y revolución.

Su último trabajo publicado fue Opus Dei. El totalitarismo católico, donde descorre el velo del fanatismo eclesiástico enquistado en las diferentes esferas del poder, a instancias del tráfico de influencias clerical, hombres de paja en el mundo empresarial e innumerables maniobras políticas y financieras de nula transparencia, realizadas siempre por debajo de la sotana.

Actualmente estaba escribiendo, en continuidad con el libro Estaban entre nosotros de 1992, una investigación histórica titulada Los argentinos de Hitler, en la que hacía especial hincapié sobre los orígenes del fascismo argentino y sus conexiones políticas, culturales y económicas con el nazismo.

Poco más de un año atrás cristalizó uno de sus tantos sueños, con la inauguración el 24 de junio de 2002 de la agencia de noticias Argenpress.info, prensa argentina para todo el mundo, en su búsqueda por concretar algunas de las metas propuestas por aquellos intelectuales que participaron de las críticas contra los monopolios informativos y económicos, que concluyeran en 1980 en el informe sobre un Nuevo Orden Mundial en la Información y la Comunicación, entonces dirigido por el premio Nobel de la Paz Sean McBride.

Argenpress en su corta existencia logró un público que supera ya los 30.000 suscriptores y más de 50.000 lectores, es una de las agencias no comerciales más respetadas en el ámbito periodístico por cumplir sólo con la premisa que tantas veces Emilio repetía: "la noticia periodística es noticia sólo cuando refiere al interés público". Por eso, la tan simple consigna sumada al doble chequeo de la fuente evitaría cualquier tipo de operación de prensa encubierta tan común por estos días.

En los últimos tiempos atendió incansablemente a estudiantes de todas las especialidades y jóvenes militantes para enseñarles y explicarles tal cual lo hiciera el Dr. Nicolás Repetto en la vieja casona de los Iñigo Carrera, cuando él era un joven adolescente. El viejo siempre recordaba las clases de astronomía de Repetto y lo relacionaba con la cibernética de Wienner y el dominio del planeta a través del uso de satélites como el de la red Echelon.

Creía en la revolución cultural y en la refundación del socialismo latinoamericano, sin las autocracias ni verticalismos partidarios que confundieron el camino desde hace ya muchos años.

Se enojaba mucho con los oportunistas pero convivía con ellos pensando como todo idealista que los podría cambiar. Uno de sus proyectos más recientes era la creación de una universidad popular en la Biblioteca del Congreso de la Nación, institución a la que dedicó gran parte de vida y esfuerzo.

Le costaba un poco jugar a la pelota. Por eso siempre le voy a agradecer aquellas tardes de cine por la Avenida Corrientes o, ya de adolescente, esas charlas de té porque café no podía tomar, donde nos preguntábamos si algún día completaríamos la colección de Rayo Rojo, discutíamos sobre la sexualidad de Batman o cuáles eran los entretelones que caracterizaban la orientación nazi-fascista de Patoruzú, entre otras "maldades" que elucubrábamos, como él decía.

Pero sobre todo mi viejo era un buen tipo que como otros grandes pensadores creyó que el cuerpo era sólo algo secundario. Desde hace dos años figuraba en la lista de espera para recibir un transplante cardíaco y estaba en óptimas condiciones para tal operación. Como dicen algunos, la muerte primero se lleva a los buenos. Confiemos en que su obra contribuya a construir un mundo mejor que merezca ser vivido por todos. Como le dedicaras a Gregorio Selser, papá, una rosa roja para vos, nos vemos en tus libros.