Nuevo libro de Herramienta

Prefacio a la edición argentina - Michael Löwy: un intelectual a contrapelo

El objetivo de este libro es reconstruir y analizar los principales temas por medio de los cuales Michael Löwy propuso, en particular a partir del giro de 1980, la renovación del marxismo, entendido como una forma de crítica moderna de la modernidad que, a diferencia de las interpretaciones exclusivistas, no duda en dialogar con las más diversas tradiciones intelectuales y políticas. Originalmente concebido como tesis de maestría, defendido en 2011, y después publicado en Brasil por Boitempo Editorial en 2016, el presente estudio llega ahora al público argentino y latinoamericano gracias a la edición de Herramienta, ese aguerrido colectivo editorial orientado a la difusión del pensamiento crítico que cumple un papel inestimable en la construcción de un espacio público (de los) subalterno(s) en Argentina.

Incansable, responsable de una trayectoria que perdura de un modo al mismo tiempo persistente e inclasificable, Michael Löwy es, sin dudas, uno de los más importantes intelectuales –en el sentido fuerte del término– todavía en actividad en el mundo. Una rápida ojeada a los títulos de sus casi treinta libros, publicados en decenas de idiomas y países, es suficiente para atestiguar la diversidad y, al mismo tiempo, la relevancia de los temas y/o autores por él abordados. Frente a la amplitud de las cuestiones tratadas, no es posible ignorar, casi de inmediato, el carácter iconoclasta e insubordinado de un intelectual que, por la forma de análisis y por los contenidos analizados, camina a contramano de la tendencia creciente a la especialización del trabajo académico.

Indisciplinado, en el sentido de que no se somete a las divisiones establecidas, Löwy jamás abandonó la convicción de que, entre otras cosas, les corresponde a los intelectuales instigar a la imaginación utópica entendida en un sentido mannheimiano, esto es, como atisbo de la posibilidad de un orden social diferente. En Löwy, el punto de referencia crítico-normativo a la luz del cual los temas son seleccionados y abordados permanece en el horizonte del trabajo intelectual, lo que explica la creciente presencia en su obra de la exigencia benjaminiana de cepillar a contrapelo la historia dominante, como si se tratase de reforzar una posición de resistencia a lo que se anuncia como irresistible, inevitable y, por lo tanto, incuestionable.

Ese sentido de resistencia sobredetermina sus opciones intelectuales y políticas, particularmente en las últimas cuatro décadas. Desde entonces, la reafirmación de la dimensión política de todo trabajo intelectual se articula con el intento de ampliar su horizonte, lo que supone orientarse a la búsqueda de nuevas fuentes para la crítica del capitalismo realmente existente y para la reflexión sobre otro mundo posible. Löwy se convirtió así en una especie de sociólogo –o de “trapero”, para recordar una metáfora utilizada por Benjamin a propósito de Kracauer[1]– del anticapitalismo y de las utopías que, al igual que el esgrimista baudelaireano, recoge las más diversas formas de oposición al orden existente y de imaginación de otra forma de sociedad.

De ahí su singularidad y, por eso mismo, su importancia decisiva para el marxismo y para el pensamiento crítico contemporáneos: al buscar las afinidades más improbables entre figuras y/o movimientos socioculturales de orígenes y naturalezas distintas, Löwy se ubica en el “cruce de caminos”, como él mismo expresa a propósito de Benjamin, y se convierte en un eje alrededor del cual gravitan diferentes familias intelectuales y políticas, por no decir incluso estéticas, si pensamos en su pasión precoz por el surrealismo.

No es casual que, a simple vista, Löwy parezca fuera de lugar en su propio tiempo cuando niega lo que pareciera ser una verdad para todos, a saber: que no existe otra alternativa y que, por lo tanto, cualquier intento de anunciarla constituye, en definitiva, una irresponsabilidad por parte de quienes se rehúsan a acatar los términos de la realidad establecida. Lo que es problemático para algunos significa, por el contrario, una enorme cualidad para muchos otros: del mismo modo que en Hamlet, en Löwy el tiempo aparece “fuera de quicio” (out of joint), irreductible al presente perpetuo, y se desplaza ahora hacia el pasado, ahora hacia el futuro, en una rearticulación de la temporalidad histórica de la cual sus trabajos sobre la visión del mundo romántica son la mejor prueba.

Si fuese reescrito hoy, este libro sin dudas exploraría más a fondo la relación entre la obra y la trayectoria de Löwy y los distintos niveles del contexto (histórico-social, político, intelectual, etc.) en el que esas producciones se desarrollan, a fin de problematizarlas mejor y escapar a las fronteras forzosamente impuestas por el propio autor a partir de su propia percepción de los condicionantes contextuales. En cierta medida, esa limitación fue superada en mi tesis de doctorado, defendida en 2016, en donde el análisis de la trayectoria de Michael Löwy es abordado en contraste con la de Daniel Bensaïd, filósofo francés que, al igual que el colega franco-brasileño, a mediados de los años ochenta pasó de una perspectiva marxista “clásica a una visión ampliada del marxismo marcada por el diálogo incesante con tradiciones ajenas a la concepción del mundo inaugurada por Marx”.[2]

Por otra parte, redactado hoy, este libro posiblemente manifestaría posiciones más críticas en relación con la (sobre)valoración hecha por Löwy de las utopías y del romanticismo, y apuntaría a la necesidad de una historización más circunscripta de los fenómenos socioculturales caracterizados de ese modo. Como nos muestra el propio Löwy, la crítica romántica de la modernidad es una cosa en el siglo XIX, otra en el siglo XX e incluso otra en el siglo XXI. Si hasta mediados del siglo XX, en medio de la demostración de su potencial destructivo, la crítica romántica de la modernidad parecía provechosa para la renovación de la perspectiva anticapitalista, al relativizar su compromiso un tanto incómodo con los ideales burgueses del progreso, la situación se altera a partir de las últimas décadas del siglo XX, con lo cual la relación entre marxismo y romanticismo se torna más compleja.

Desde los años setenta u ochenta, como se puede apreciar en la argumentación de autores como F. Jameson o Luc Boltanski y Ève Chiapelo, el propio capitalismo logró incorporar a su abanico de legitimación elementos otrora identificados con el rechazo romántico de la modernidad: la “lógica cultural posmoderna”, según el primero, o el “nuevo espíritu del capitalismo”, de acuerdo con los segundos, proclaman también, a su manera, el fin de la pesadilla weberiana de la “jaula de hierro”, que se perpetúa, no obstante, con nuevos ropajes. En apariencia, el sistema mismo es ahora “flexible”, modo conveniente de legitimar con los argumentos del adversario la precariedad hoy erigida en conducta de vida. Una vez más, el capitalismo desvanece en el aire lo que parecía sólido, pero lo hace con el fin de intensificar la mercantilización y llevarla incluso a los poros todavía intactos de la sociedad. Los sueños de 1968 llegaron, sin embargo, bajo la forma de la pesadilla neoliberal: no hay alternativa, vaticinó Margareth Thatcher, ni tampoco futuro, gritaron los Sex Pistols. En ese escenario, al igual que el marxismo, también la crítica “romántico-revolucionaria” precisa ser redefinida, y las reflexiones de Löwy son, para eso, ciertamente indispensables.

En ese mismo contexto, una de las grandes cuestiones que se desprenden de la reflexión del autor es la articulación entre resistencia y utopía, rebelión y revolución. En verdad, no es difícil observar, en Löwy, cierta autonomía entre el polo negativo de la resistencia y el polo positivo de la utopía. Es cierto que, para él, toda negatividad implica algún tipo de perspectiva utópica: todo “gran rechazo” lleva consigo, en su propio imperativo de resistencia, el atisbo de otro orden social. Pero la antinomia permanece de tal manera que la valoración de las utopías, sin su correlato práctico, corre el riesgo de circunscribirse a su dimensión “abstracta”, retomando a Bloch, como si la imaginación utópica pudiese suplantar los límites de una resistencia acorralada por la reducción del horizonte de expectativa.

Para Löwy, nada mejor que la recuperación de las utopías del pasado para prolongar por izquierda el horizonte de lo posible. A su entender, como dice su viejo amigo Roberto Schwarz, “quien manda son los apetitos de la imaginación”, y las obras son valoradas a partir de lo que “aporten a la lucha socialista y la liberación del inconsciente”; de ahí la alimentación mutua entre el socialismo y el surrealismo.[3] La construcción de una “utopía concreta” supone, sin embargo, no solo la imaginación “cálida” de otro mundo deseado, sino también el análisis “frío” de sus condiciones efectivas de posibilidad, a fin de evitar que el exceso de calor provoque un nuevo ofuscamiento. Si este voluntarismo asumido sirve como contrapeso simbólico al determinismo objetivista de buena parte del marxismo, tiende, como contrapartida, a permanecer bloqueado por la misma objetividad de la cual se creía libre, a no ser que se torne viable como práctica social y política efectiva.

Este es, por cierto, uno de los grandes desafíos de los intelectuales anticapitalistas de hoy: hacer del horizonte utópico un estímulo al que Benjamin llamó “despertar” de los oprimidos. Y para esta tarea no hay dudas de que el pensamiento de Michael Löwy tiene y tendrá un papel fundamental, como este libro pretende demostrar al enumerar los diversos momentos de su crítica moderna (al mismo tiempo marxista, romántica y utópica) de la modernidad. A fin de cuentas, tanto para él como para nosotros, así como lo fue para Baudelaire, Benjamin o André Breton, ¿cuál sería el objetivo último del “despertar” sino la “creación de un nuevo mundo donde la acción [sea], finalmente, la hermana del sueño?”.[4]

Fabio Mascaro Querido

Campinas (Brasil

 


[1]     W. Benjamin, “Un marginal sort de l’ombre, À propos des Employés de S. Kracauer”. En: Œuvres, v.2 (París, Gallimard, 2000), p. 188.

[2]     Fabio M. Querido, Resistência intelectual e engajamento político em Michael Löwy e Daniel Bensaïd: afinidades benjaminianas. Tesis de doctorado en Sociología. IFCH-Unicamp, 2016.

[3]     Roberto Schwarz, “Aos olhos de um velho amigo”. En: I. Jinkings. & J. A. Peschanski. As utopias de Michael Löwy: reflexões sobre um marxista insubordinado (San Pablo, Boitempo Editorial, 2007), p. 156. Sobre los recorridos Löwy y de Schwarz, en clave comparativa, cf. Fabio M. Querido, “Michael Löwy e Roberto Schwarz: trajetórias cruzadas”. Margem Esquerda, San Pablo, n. 32, 2019. También publicado en francés en: Arno Münster y Fabio Querido, Le marxisme ‘ouvert’ et écologique de Michael Löwy. París: L’Harmattan.

[4]     Michael Löwy, “Walter Benjamin e o surrealismo: história de um encantamento revolucionário”. En: A estrela da manhã: surrealismo e marxismo (trad. Eliana Aguiar, Río de Janeiro, Civilização Brasileira, 2002), p.54.

 

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Presentación: Resistencia y utopía en Michael Löwy

Reacio a cualquier tipo de dogmatismo y ortodoxia, Michael Löwy ha jugado un papel fundamental en la formación de los marxistas brasileños durante casi medio siglo. Al incorporar en sus reflexiones elementos proveniente de teorías, tradiciones y experiencias prácticas anticapitalistas ajenas al campo del marxismo, combinando su ímpetu rebelde con una rigurosa investigación académica orientada al objetivo de realizar una crítica radical de la civilización capitalista, ha logrado demostrar que el marxismo es más que una teoría clásica destinada a la enseñanza de los estudiantes de ciencias humanas. El autor de este libro, quien forma parte de la joven generación universitaria dedicada a la crítica del mundo de la mercantilización universal, encontró en la obra del sociólogo franco-brasileño un repertorio de ideas explosivas que, integradas a una visión de mundo coherente y revitalizadora, contribuyen a dar sustento teórico a la indignación frente a las barbaridades del capitalismo, sobre todo el contemporáneo.

Al indagar en el sentido de la obra analizada, Fabio Mascaro Querido lleva a cabo con éxito una tarea que no es simple, dada la variedad y complejidad de los temas tratados. En su estudio demuestra que, en la interpretación de los autores y corrientes intelectuales en que se inspira –Rosa Luxemburg, Max Weber, los románticos, los surrealistas, el mesianismo judío, el cristianismo de liberación en América Latina, las utopías libertarias–, Löwy tiene un claro un hilo conductor heredado de Marx, Lukács, Goldmann y Walter Benjamin, a saber, la comprensión del marxismo como teoría de la praxis y como crítica de la modernidad capitalista, lo que confiere a su obra unidad y coherencia teórica. En un estilo claro y didáctico, que recurre a un despliegue de bibliografía relacionada de manera pertinente, además de desarrollar buenas exposiciones de los debates intelectuales en Francia –que iluminan el escenario en que Michael Löwy se movía– Fabio observa cómo las ideas del autor estudiado van siendo elaboradas en diálogo y/o polémica con las interpretaciones del marxismo desde comienzos del siglo XX, y también con autores y corrientes fuera del campo del marxismo, como la ecología. Habiendo lidiado, ya en la década de 1980, con un tema que era anatema en los medios marxistas, da muestras de su capacidad de captar las nuevas contradicciones del capitalismo.

Inspirado en Walter Benjamín, para quien el materialismo histórico vuelve al pasado a partir del presente, Fabio reconstruye la trayectoria intelectual de Michael Löwy a partir de su militancia en el ecosocialismo para, desde ahí, remontarse a sus orígenes. La antes mencionada comprensión del marxismo como teoría de la praxis –en abierto rechazo del marxismo mecanicista y determinista hegemónico en el siglo XX– junto con el descubrimiento de la crítica de la idea de progreso hecha por Benjamin, condujo a Löwy a una condena radical de la civilización capitalista que, en tiempos recientes, se tradujo políticamente en una adhesión al ecosocialismo. Dado del agotamiento histórico de la civilización capitalista, el ecosocialismo, al combinar la crítica marxista de la acumulación y expansión del capital con la crítica del crecimiento cuantitativo hecha por los ecologistas, produce una fecundación recíproca de las dos tendencias que, según entienden Michael Löwy y su comentador, permite una actualización del marxismo. Si el ecosocialismo es hoy una de las corrientes político-intelectuales más promisorias en el campo ecológico es porque rechaza tanto el fetichismo de las fuerzas productivas (mejor dicho: fuerzas potencialmente destructivas) que caracteriza al “capitalismo verde”, apoyado por buena parte de los ecologistas que se contentan con la corrección de los excesos del productivismo capitalista. Esa reflexión de Löwy, señala nuestro autor, desembocó en un marxismo no productivista, crítico del ideario progresista heredado del Iluminismo, sin caer, pese a ello, en las trampas del relativismo posmoderno.

En una época en que la expectativa de la revolución social desapareció del horizonte, Fabio cree, con razón, que ese punto de llegada permite reconstruir con mayor claridad la trayectoria de Löwy, en particular en lo que refiere al problema de la renovación del marxismo como crítica radical de la modernidad. La investigación sobre la dimensión romántico-revolucionaria del marxismo, iniciada en los años 1980, cuando Löwy se lanzó a una reflexión sobre las cuestiones típicamente románticas –como el problema de la dominación de la naturaleza y de los efectos nocivos de la producción industrial moderna–, lo llevó a concluir que solamente la transformación cualitativa del paradigma productivo y tecnológico existente permitiría la supervivencia de la humanidad. Aquí se encuentra, según nuestro autor, un punto clave en la trayectoria de Löwy. Tal como hiciera Marcuse anteriormente, es como si él –al contrario de Engels– defendiese la idea de regresar desde el socialismo científico al socialismo utópico. En suma, tanto Michael Löwy como Fabio Mascaro Querido, para quienes “el marxismo es el heredero moderno de las tradiciones utópicas del pasado”, creen que el restablecimiento de la dimensión utópica del marxismo es imprescindible en el trabajo de revitalización de esa corriente.

La lectura de esta obra señala que la renovación del pensamiento anticapitalista exige la descolonización del imaginario y, en consecuencia, la creación de modelos de una sociedad alternativa, de visiones de un futuro enteramente otro. Para eso, es preciso explorar las manifestaciones de esperanza dondequiera que aparezcan, como quería Bloch, mencionado por Fabio. Esa tarea compleja requiere una alianza entre la crítica implacable del presente y la revaloración del imaginario creativo que, puesto a funcionar, conduce al impulso utópico, combustible necesario para la acción transformadora de las relaciones sociales. Incluso si por ahora nada de esto aparece a la luz del día, tanto Michael Löwy como Fabio Mascaro Querido apuestan a la posibilidad de la emancipación humana. Ese es el impulso profundo que da aliento a las trayectorias de ambos, tanto del maestro como del joven discípulo. Y, como todo buen discípulo, Fabio no elude señalar los puntos polémicos en el pensamiento del maestro Löwy, ofreciendo así una gran introducción a su obra.

Isabel Loureiro

San Pablo, diciembre de 2015