Vlady: ¡Presente!

 

Vlady Kibalchich nació en Petrogrado en Junio de 1920. Falleció el 21 de julio de 2005 en su hogar (y estudio) en Cuernavaca, México, luego de una difícil batalla con el cáncer que comenzó como un melanoma, pero finalmente se extendió a su cerebro.

Cuando alguien llega a esa edad (85 años), se suele decir que tuvo "toda una vida", pero en el caso de Vlady, "un creador subversivo y crítico del poder", según La Jornada de México, nos quedaríamos cortos. Su vida fue propiamente el siglo XX.

Para este artista ruso-mexicano (pintor, muralista y litógrafo), el arte era resistencia y sus temas eran la revolución y la libertad. Fue tildado de hereje y rebelde, porque transformaba su rebelión en formas artísticas. Aunque pintaba con las formas renacentistas y los colores venecianos, todo lo que hacía era revolucionario. Su arte, su vida cotidiana, sus escritos; llamaban a la revolución social, la revolución cultural, la revolución de la materia, la revolución de los colores.

Sus murales pueden apreciarse en la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada en la ciudad de México, y en el Palacio Nacional de la Revolución en Managua, Nicaragua. En 1994 se le encargó que produjera cuatro pinturas monumentales para el Ministerio del Interior. Fiel a su estilo, Vlady usó este encargo para cuestionar al poder a través de su arte. Las pinturas pronto sufrieron la suerte de los revolucionarios en desgracia: fueron "desaparecidas" - secuestradas en la vieja cárcel de Lecumberri - porque para las autoridades eran simplemente un homenaje a la rebelión zapatista. Nos han dicho que reaparecerán en una exhibición de su obra el año que viene.

Vlady perteneció al mundo pero formaba parte del tesoro nacional de México. El año pasado donó unas 4.600 obras al Instituto Nacional de Bellas Artes de México, lo suficiente para llenar un museo. En abril de 2006 será homenajeado en el Palacio de Bellas Artes. Y casualmente en julio se cumplía su sueño de exhibir sus obras en Moscú, aunque estaba demasiado enfermo para poder estar presente.

Vivió 64 años en México, pero siempre vestía la típica camisa campesina rusa, y su cabellera terminaba en una larga cola, cubierta por una gorra de obrero. Mientras su padre, el novelista e historiador revolucionario anarco-bolchevique Victor Serge, era indiscutiblemente más belga-francés que ruso, Vlady era considerado ruso, aunque su verdadera nacionalidad era la de la revolución.

Su vida fue un reflejo de la historia política de la Unión Soviética: nacido en la guerra civil, fue hijo de la oposición, del gulag y la derrota. Solía decir que comprendía al nacionalismo y que por esa misma razón lo detestaba. Su maestra fue la historia en la que había vivido y participado; sus amigos, la generación de revolucionarios que lo rodeaban; en su gran mayoría, autodidactas de gran cultura. A menudo decía que su generación se hallaba en vías de extinción. Él era uno de los últimos eslabones, y para un diario mexicano, "el último bolchevique".

Trotsky una vez acusó a Serge de tener el temperamento de un poeta o artista. Esto era mucho más cierto en el caso de Vlady. Como su padre, era mayormente autodidacta. Los maestros de Serge fueron los anarco-populistas rusos en el exilio a raíz del asesinato del Zar Alejandro II; sus padres eran parte del grupo Naródnaia Volia[3] y su tío fue ejecutado por su participación en el mismo atentado. Los maestros de Vlady fueron los bolcheviques de la oposición de izquierda, enviados a la deportación interna en Orenburg, cerca de la frontera entre Rusia y Asia. Vlady durante un tiempo había ido a la escuela secundaria, pero fue expulsado, entre otros pecados, por afirmar que en Francia había sindicatos libres.

Su madre, Liuba Russokova, era la taquígrafa de Lenín, quien era un huésped frecuente en el departamento de la familia Serge, en el famoso Hotel Astoria de Petrogrado. Vlady gustaba de contar que cuando era bebé, Lenín lo encontró una vez gateando y desnudo. El líder revolucionario lo levantó cariñosamente, para ser sorpresivamente empapado por el tibio chorro de la orina de Vlady. Según fuera su audiencia, solía modificar el relato, llegando entonces a exclamar: "¡me cagué en Lenín!".

El Astoria se hallaba a unas cuadras del Hermitage, o Palacio de Invierno, donde el niño solía ir cuando se escapaba del colegio, al que consideraba aburrido. Ese museo cambió su vida: era su refugio y pasaba incontables horas copiando a los artistas del Renacimiento.

Vlady afirmaba que su casa estaba llena del fuego de la revolución, de relatos de sacrificio, represión, muerte, y pogromos, narrados en muchos idiomas y culturas. Creció en Leningrado, Berlín, Viena, Orenburg, Bruselas, París y Marsella. En 1921 Serge fue enviado por el Komintern a Alemania, y participó en la revolución de 1923; luego residió en Austria hasta 1925. El primer idioma del niño fue el alemán, pero se hallaba más a gusto con el ruso, el francés y luego el español.

Su primer acto trotskista fue a los siete años, cuando rescató un retrato de Trotsky de entre las botas de los agentes de la G. P. U. que saqueaban el departamento, cuando arrestaron a su padre.

Ya era un adolescente cuando acompañó a su padre al gulag del exilio interno. A su madre, Liuba, la trastornó la persecución estalinista y quedó internada en un hospital de Leningrado. En Orenburg, padre e hijo casi murieron de hambre y de frío. Sobrevivieron gracias a los paquetes de alimentos y el dinero proveniente de la venta de las novelas de Serge en Francia. En una ocasión, Magdeleine Paz le envió en una oportunidad harina, azúcar, arroz y aceitunas. El padre le dio una de éstas, y Vlady la dividió entre sus compañeros de escuela, quienes jamás habían visto ese fruto.

Para el adolescente, el arte era el refugio y la resistencia ante el nudo corredizo cada vez más asfixiante del estalinismo, la detención de su padre y la progresiva locura de su madre.

En abril de 1936, Serge y su familia fueron expulsados de la Unión Soviética, pocos meses antes de que Stalin comenzara los juicios que culminarían en el gran terror. Fueron prácticamente los únicos que se salvaron entre sus camaradas. Serge, su esposa Liuba, la bebé Jeannine y Vlady fueron primero a Bélgica y luego a Paris, mientras las nubes de la tormenta ta oscurecían Europa.

En Paris Vlady entró en contacto con los pintores y poetas surrealistas. Junto a su padre, se adhirió al POUM (el partido marxista obrero anti-estalinista que fue masacrado por los estalinistas y los tas en la guerra civil española de 1936-39).

Cuando París caía en manos del ejército alemán, padre e hijo se dirigían a Marsella, abarrotada de refugiados en busca de una visa para escapar de la pesadilla. La madre había recaido en la locura y fue internada en una institución en Aix-en-Provence. La bebé quedó temporalmente con unos amigos en Dordogne. En Marsella Serge compartió con Varian Fry, Mary-Jayne Gold, Andre Bretón y otros surrealistas en una hermosa villa apodada "chateau espere-visa". Vlady, el joven marxista apasionado del grupo, desarrolló su talento empresarial, recolectando frutas secas y nueces y transformándolas en panecillos frutados para vender, y así conseguir comida. Mientras su padre escribía El caso del camarada Tulayev, y Andre Bretón Fata Morgana, Vlady dibujaba incansablemente.

Serge y su hijo finalmente embarcaron a México (EE. UU. rehusó dar una visa al bolchevique Serge). En el barco, Vlady leía El ABC del marxismo de Bujarin y Preobrazhensky, que el padre arrojó airadamente al mar, diciéndole que era el momento de estudiar un manual de español.

En México Vlady fue parte de un grupo de exiliados, en su mayoría provenientes de la guerra civil española. Conoció a su esposa, Isabel Díaz Fabela, quien lo sobrevive. El mismo año en que se casaron, 1947, falleció su padre. En 1949 Vlady se naturalizó ciudadano mexicano. Viajó y pintó incansablemente durante los siguientes 20 años. Estuvo en París en 1966, y en Nueva York en 1968, gracias a una beca de la Fundación Guggenheim. Era considerado parte de la escuela del "nuevo muralismo mexicano", junto a Orozco, Rivera y Siqueiros, aunque finalmente reaccionó contra el sesgo nacionalista de las obras de los tres, y pasó a dirigir el "movimiento de ruptura".

Una vez le preguntaron si su "visión sergeana del fantasma estalinista" influía en su opinión sobre Siqueiros. Respondió que éste había perdido su talento y que para él no era un mal pintor porque fuera estalinista, sino que era estalinista porque era un mal pintor.

En 1986 me llevó a una exhibición de su obra en el Bellas Artes. Su gigantesco retrato, pintado y repintado durante años, del emperador persa Xerxes, colgaba en el museo como testimonio del absurdo del poder absoluto autocrático. Alrededor del grotesco Xerxes (un cíclope en la pintura de Vlady) había diminutos soldados, tratando de cumplir su orden de azotar al mar por haberse tragado su flota.

Por desgracia, al día siguiente los trabajadores del museo entraron en huelga. Un piquete de huelguistas impedía la entrada. Vlady me dijo en tono sarcástico: "¡si los trabajadores sólo comprendieran el contenido y el mensaje de la obra que están impidiendo ver!" Le parecía incomprensible que los obreros hicieran huelga justo cuando él, el artista revolucionario intransigente, finalmente había logrado una exposición y que ello ilustraba el estado de la conciencia de la clase obrera en México.

En 1989 viajamos con Vlady a Rusia. Era la primera vez que volvía en 53 años, y lo hacíamos en los días de la glasnost y la perestroika para presionar por la rehabilitación de Trotsky y Serge. Tenerlo como nuestro guía turístico era como pasear por los años treinta.[4] Hablaba un ruso hermoso y caminábamos por las calles familiares de su juventud, deteniéndonos en los museos y también en la infame Lubianka[5]. Cuando vio el Kremlin, notó que estaba pintado de amarillo, "el color de la cobardía". Frente al Manezh (museo de arte) Vlady imaginaba una exposición de su obra, un sueño de toda su vida que finalmente se realizó este mes, el de su muerte.

En una reunión pública en la casa de los escritores, convocada para discutir la rehabilitación de Trotsky (era en marzo de 1989, cuando tenían lugar las primeras elecciones semi-libres de la Unión Soviética), varios familiares de oposicionistas de izquierda se acercaron a Vlady para presentarse. Era extraño y conmovedor ver este grupo de hijos de héroes de la revolución que habían sido convertidos durante décadas por el estalinismo en enemigos e indeseables.

En 1987 Vlady nos comentó[6] que él y su padre vivieron "en la cola del cometa Trotsky". Pertenecía a una generación excepcional que pensó con claridad, y luchó tenazmente, pero fue derrotada. Tenía una generosidad espiritual e intelectual, era un artista y un revolucionario hasta la médula; se rehusó siempre a todo tipo de componendas o acomodos que eran moneda corriente en los amplios círculos de poetas, políticos, escritores, artistas y jerarcas. Tenía ese tipo de energía que hace increíble a su muerte: simplemente, parecía inmortal.

Sobreviven a Vlady su esposa Isabel, su hermana Jeannine, y cinco sobrinos.


Enviado especialmente por su autora, para su publicación en Herramienta. Traducción de Francisco T. Sobrino.

[3] "La voluntad del pueblo"

 

[4] En forma similar, en Coyoacan con él era como pasear por los años cuarenta.

 

[5] Edificio famoso por ser la sede siniestra de la policía secreta (N. del T.).

 

[6] A Alex Buchman y a mí, en una conferencia para conmemorar el 50º aniversario de la llegada de Trotsky a Tampico, México, organizada por Olivia Gall.