"En nombre de la vida, de Marta Vassallo y otras/os"

Córdoba, Argentina, Edición Católicas por el Derecho a Decidir, 2005, 205 páginas

"Fundamentalismos" es un término que suele utilizarse aplicándolo por igual a "las renovaciones que atraviesan todas las religiones monoteístas". Dicho término tiene un origen evangélico que se remonta a la publicación por parte de teólogos protestantes norteamericanos, de una serie de doce volúmenes titulados Los Fundamentos (1910 a 1915). Según ese libro, el primero de los "fundamentos de la fe" allí referidos, fue el de "la literalidad e infalibilidad de las Escrituras" (pág. 18). Este término que resuena en estos días casi como un sinónimo de guerras santas, de nuevas cruzadas, aparece una y otra vez en el libro En nombre de la vida, editado por Católicas por el Derecho a Decidir (CDD), Córdoba, Argentina.

CDD es un movimiento autónomo conformado por personas católicas cuyo compromiso abarca "la búsqueda de la justicia social y el cambio de patrones culturales y religiosos vigentes en nuestras sociedades". Este compromiso lo llevan adelante promoviendo los derechos de las mujeres, y muy en particular aquellos referidos a la sexualidad y a la reproducción humana. En su sitio web definen su pensar de la siguiente manera:

Queremos que las mujeres ejerzamos nuestros derechos sexuales y nuestros derechos reproductivos para lograr una plena ciudadanía en la sociedad y en las iglesias, y que éstas escuchen, respeten y reconozcan nuestra capacidad moral para tomar decisiones éticas. Promovemos los derechos de las mujeres desde una perspectiva ética, con una teología católica y feminista, especialmente los que se refieren a la sexualidad y la reproducción humana a través de los espacios de reflexión y acción que influyan en la sociedad y en las iglesias, en alianza con las diferentes expresiones del movimiento social latinoamericano y global. Ofrecemos y difundimos argumentos desde esta perspectiva que ayuden a sustentar el derecho a decidir, a la libertad de conciencia, al reconocimiento de la diferencia, la pluralidad y la diversidad.

En su Carta de Principios, CDD exige a los Estados el cumplimiento de los compromisos contraídos por los gobiernos en las Conferencias Mundiales de El Cairo en 1994 y Beijing en 1995, organizadas por las Naciones Unidas, la implementación de programas de educación sexual desde la perspectiva de los derechos sexuales y reproductivos, la implementación de leyes, políticas públicas y servicios de salud accesibles y de calidad, que garanticen a todas las mujeres, especialmente a las mujeres más pobres, el efectivo goce de su salud sexual y reproductiva.

Coherentes con el espíritu de la agrupación y para contribuir con argumentos esclarecedores, CDD de Córdoba convocó para trabajar en este volumen a la periodista argentina Marta Vassallo, conocida por sus colaboraciones en la versión local del periódico Le Monde Diplomatique, y sus investigaciones sobre el Opus Dei, los fundamentalismos y las mujeres. Con ella colaboraron Juan Marco Vaggione, doctorado en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de Córdoba, María José Rosado Nunes, doctora en Ciencias Sociales de Brasil y fundadora de CDD Brasil y Hans Küng, (Suiza, 1928), teólogo, a quien el Papa Juan XXIII nombró consultor teológico del Concilio Vaticano II en 1962. En el libro En nombre de la vida se habla de los cuerpos de las mujeres que han sido, y siguen siendo una "tierra" colonizada a la que los fundamentalismos no permiten terminar de independizarse, de los cuerpos de las mujeres en pugna entre Iglesias y Estados, de los cuerpos reales y discursivos que se piensan y se (re)crean en la teología y en las legislaciones laicas.

En América Latina habitan alrededor de cuatrocientos millones de personas católicas, un porcentaje muy importante de los mil millones de todo el mundo. Es en esta región donde ha recaído la elección y focalización por parte de la Iglesia, para dar batalla contra "la cultura de la muerte". Según el Vaticano esta cultura está siendo construida sobre prácticas tales como la eutanasia, el aborto, la educación sexual y la anticoncepción, exceptuando los métodos permitidos por la Iglesia, como son el método de Billings o la abstinencia sexual.

A esta "cultura de la muerte" se le contrapone la consigna de "defensa de la vida", una consigna que, como señala Marta Vassallo, no puede ser subestimada ya que pone en juego ciertas "connotaciones positivas" en "una región atormentada por matanzas, persecuciones, verdaderas guerras de exterminio, desplazamientos y condiciones sociales devastadoras". En nombre de la vida presenta una serie de estudios muy profundos y comprometidos, principalmente sobre el fundamentalismo católico, las raíces históricas y sus implicancias en la vida cotidiana de miles de personas que no necesariamente comparten ese culto, o culto alguno. Según H. Küng, el fundamentalismo católico romano fue fogoneado por recientes dirigentes de la Iglesia que "pretenden identificar la fe católica con tradiciones eclesiales que son precisamente las más recientes" (Trento, Vaticano I, Documentos pontificios preconciliares) y mediante una "re-evangelización y re-catolización tratan de obligar por la fuerza a los católicos a regresar a un paradigma medieval-contrarreformista-antimodernista de la Iglesia y la sociedad ". (pág. 190)

El libro da cuenta de los orígenes protestantes del término fundamentalismo, de la expansión del catolicismo a través de la colonización, de la "diversificación de cultos y disidencias internas", del rol político de la religión y sus implicancias respecto al género y la sexualidad. También se revisan y enumeran las presentaciones legales (proyectos presentados), sus avatares políticos y los distintos grupos pro-vida laicos, no sólo de Argentina, donde desde hace ya un largo tiempo vienen extremando sus prácticas de "defensa de la vida", sino también de otros países que cuentan con prácticas relacionadas a la corrupción, como fue un sonado caso mexicano.

Marta Vassallo reconoce, en un texto leído para la presentación de este libro, que

la condena de toda sexualidad que no esté orientada a la procreación, la exclusión de las mujeres del sacerdocio, que son algunas de las formas más estridentes del tradicionalismo católico, no tienen por qué verse como condiciones sine qua non para ser un buen cristiano. Nociones como la de libertad de conciencia son genuinamente católicas, y acorde con ellas, las mujeres accedemos a la condición de sujetos morales capaces de decisiones sobre nuestras vidas y sobre la vida colectiva. Yo no he vuelto a ser una persona religiosa, ni tengo respuestas respecto de cómo pueden evolucionar estas perspectivas minoritarias dentro de las grandes religiones monoteístas, expresiones paradigmáticas del patriarcado.

Pero la experiencia indica que no es la ausencia de las distintas formas de fe religiosa lo que garantiza sociedades donde se vive con más libertad, sino que muchos confinamientos, discriminaciones y exclusiones se operan sutilmente con supuestos fundamentos científicos y culturales no determinados por ninguna fe. [1]

La publicación de En nombre de la vida coincide con la profundización del debate acerca de la despenalización del aborto en varios países de América Latina, con varias acciones y petitorios para lograrlo, y en particular, con el lanzamiento de la Campaña Nacional por el Derecho al aborto legal, seguro y gratuito en la Argentina.[2]

[2] Para conseguir el libro se puede escribir a: cddcba@arnet.com.ar

Publicado originalmente en: "enLACes de AWID", Año 3 Nro. 108, 21 de julio de 2005, para RIMA - Red Informativa de Mujeres de Argentina, y cedido por la autora para Revista Herramienta.