Bolivia. Los movimientos moleculares de la multitud

Creo que hay dos o tres tópicos que hay que evaluar de los movimientos sociales contemporáneos, particularmente de los movimientos sociales desatados, desplegados y desarrollados en Bolivia. Estos tópicos son:

1. La dinámica, los recorridos y la configuración molecular de los movimientos sociales.

2. El proceso de las contradicciones internas.

3. Los juegos, enlaces, alianzas y articulaciones de la micropolítica y segmentaridad.

Estos tópicos van a ser evaluados en este análisis de los movimientos sociales, colocándonos en la perspectiva del presente, como espesor histórico. Esto quiere decir que evaluaremos el presente de los movimientos sociales, la forma material de sus acciones, de su praxis; las formas de expresión, la formación enunciativa en curso, las prácticas discursivas, los imaginarios sociales emergentes, pero también los heredados; el contenido histórico y social de las luchas; y la forma de contenido subjetiva. Este presente es la perspectiva del análisis, a este presente nos aproximamos a partir de una composición metodológica. Esta composición tiene que ver con la forma material, la forma discursiva, el contexto histórico y la constitución subjetiva. Desde esta perspectiva tocaremos los tópicos propuestos como campo de objetos de estudio.

La dinámica, los recorridos y la configuración molecular de los movimientos sociales

La dimensión molecular es la que casi siempre se desatiende en los análisis políticos y sociales. Esta dimensión es el sustrato de los acontecimientos. Se trata de la multiplicidad de lugares desde donde se gesta un movimiento, se articula su composición, sale a la luz, una vez que se ha incubado en la sombra, en el silencio aparente de los rincones y de los márgenes. La forma molecular en que funciona su gestación y, después, su desplazamiento es como la condición de posibilidad existencial de la manifestación. Generalmente se trabaja desde el producto terminado, como si este producto terminado hubiese estado ahí, desde siempre, esperando a que alguien lo descubra. El analista y el cientista social nunca van a renunciar a los modelos deductivos, a los paradigmas modernos, que suponen totalidad y estructuras. Por eso, casi siempre encuentran analogías y continuidades en la historia de los movimientos sociales. Por eso terminan haciendo cronologías largas, como haciendo el seguimiento de un espíritu de la rebelión. Este sujeto de la rebelión no es más que una construcción a priori del sujeto investigador, un desdoblamiento de un ego solitario, que busca desesperadamente poblarse con el uso reiterativo de teorías fragmentadas. De lo que se trata es de superar esta herencia de la modernidad, de desapegarse de un centro que es el centro del análisis, compuesto de un cuerpo de hipótesis fuertemente encuadradas a una verdad preestablecida: hay rebelión porque hay crisis. Que es lo mismo que decir que hay rebelión porque hay demandas. Esta tautología nos traslada al contenido repetitivo de los discursos analíticos. De lo que se trata es de partir de los márgenes, de la dislocación de la periferia, la multiplicidad de las singularidades que bullen en el entorno del problema. No se trata por cierto de bajar a los testimonios. Digan lo que digan los testimonios, siempre serán escuchados por un par de orejas, por un oído, las orejas y el oído del investigador, que se encuentra ya conformado, ya estructurado. Por eso éste actúa como memoria reiterativa. De lo que se trata es de encontrar en el laberinto de de los recorridos, trayectorias, nomadismos, de los múltiples sujetos dispuestos a quebrar la estática del poder, los diversos nacimientos de la subversión de la praxis. A partir la distribución espaciada de estos nacimientos, de los miles de recorridos, que optan por distintas direcciones, de sus conexiones, de sus articulaciones y alianzas, se conforman dispositivos y agenciamientos que retienen las fuerzas desplegadas, atribuyéndoles orientaciones consensuadas. En la medida en que evoluciona este proceso de alianzas, de simultaneidades, de creación de dispositivos alternativos, se expande la rebelión. La misma que produce este desplazamiento; no solo acontece su espaciamiento sino también su propia metamorfosis. Ahora son los dispositivos los que forman cadenas, series, cuadros, matrices. Avanzando su transformación hacia máquinas de guerra. Es cuando la rebelión se convierte en una subversión, inventando territorialidades, desterritorializando la geografía del poder, configurando un mapa de contrapoderes.

Esta genealogía de la rebelión no se desentiende de las temporalidades inmanentes a la praxis de la subversión. Se retoman las historicidades efectivas no tanto en su secuencia como en sus intensidades. La medida de las temporalidades es relativa. Depende del referente. Como este referente es subjetivo, depende de la experiencia múltiple de los sujetos, depende de las vivencias y la capacidad de significar los sucesos. Escapando de las campañas publicitarias, de los leguajes de la imagen, de las políticas establecidas que montan escenarios. Dando mas bien lugar a las alteridades de los imaginarios radicales. Nacen del magma de significaciones otros sentidos. Los sentidos que inventa la multitud. Aunque esta nueva semántica no esté del todo decodificada, del todo interpretada, se vislumbra un nuevo horizonte hermenéutico. Obliga entonces a modular los estudios de los movimientos sociales en función de los nuevos códigos, devenidos de los afectos, deseos, pasiones de las multitudes. La teoría es posible. Pero, se trata de una teoría de ruptura, se deben elaborar nuevas armas de la crítica, considerando la crítica de las armas desplegadas por los rebeldes y subversivos.

También hay historias acumulativas. No dejan de considerarse las experiencias anteriores. Sin embargo, las anteriores asonadas no plantean una linealidad y una continuidad, como si fuese un hilo conductor que nos lleva fatalmente a la victoria o a la derrota. En los paradigmas de la modernidad se consideraba el problema de los procesos revolucionarios desde un telos, desde una finalidad preestablecida, presupuesta desde un origen de las contradicciones estructurales. Esta finalidad era la toma del poder. ¿Qué hay después? ¿Escapamos del poder? ¿Escapamos del capitalismo y del colonialismo? ¿O mas bien la lógica del poder captura la victoria revolucionaria, condenándola a la restauración del poder por otros medios? La experiencia de los Estados socialistas de la Europa oriental nos enseña que, en la medida que no se escapa de la historia, se restaura el poder; que en la medida que se reproduce el Estado, se repite el capitalismo en sus nuevas condiciones, aunque en éstas no aparezca la burguesía sino una burocracia de funcionarios que expropian al proletariado el ejercicio de las transformaciones. No es pues el logro de una finalidad preestablecida la que permite evaluar objetivamente los movimientos sociales. En la contemporaneidad la comprensión de los movimientos sociales requiere captar la inmanencia de los procesos, las singularidades de los acontecimientos, la elaboración espontánea y consensuada de las tácticas, las constantes adecuaciones de la multitud a los desafíos de la coyuntura. Quizás una de las preguntas clave sea sobre la cuestión del cómo se constituyen los sujetos sociales en la contemporaneidad. ¿Cómo escapan a los diagramas de poder que los han constituido? ¿Cómo inventan líneas de fuga, recreando recorridos nómadas? ¿Cómo se apropian de los espacios públicos, derivando en efectos políticos de alcance? Pero también habría que preguntarse sobre los límites y las contradicciones de los movimientos sociales, sobre sus herencias estructuradas, sobre las formas conservadoras y autoritarias persistentes, sobre sus deseos de Estado. Todo esto forma parte de la incertidumbre, del campo de posibilidades y de las probabilidades inherentes a los eventos, a la herencia de determinantes y condicionantes pervivientes. Las contradicciones no sólo son materiales y políticas, sino también subjetivas. Hay problemas existenciales y relativos a la subjetividad en los movimientos sociales. Estos no pueden visibilizarse desde la dimensión molar de los eventos, sino que es indispensable hundirse en la dimensión molecular.

Ahora bien, la dinámica molecular no excluye la formación molar. Las perspectivas molecular y molar no sólo se complementan, sino que lo molecular es la condición existencial de la formación molar, que puede ser llamada la dimensión instituyente e instituida del mapa cambiante de las instituciones, de las instituciones imaginarias de la sociedad, de la forma material de su perduración, de su reminiscencia, pero también de la configuración de su engranaje maquínico. La dinámica molecular de los movimientos sociales nos permite entender los ritmos paulatinos, a veces abruptos, de las modificaciones en el mapa institucional. Ninguna institución es realmente estática. En ella bulle la vida funcional de sus aparatos, de la aplicación de sus reglas, de las desviaciones cómplices, aceptadas en el pragmatismo del clientelaje y la corrosión. Pero, también las reformas pequeñas, medianas y grandes las atraviesan. ¿Cómo entender esta dinámica molar de las instituciones sino en concomitancia con las dinámicas moleculares de clase? El estudio de las dinámicas moleculares de clase y de los movimientos sociales estriba en el análisis del substrato de los acontecimientos, pero también de los mapas institucionales.

Los movimientos sociales de mayo y junio de 2005 arrojan muchos datos, muestran bastantes síntomas, como para poder abordar el análisis de sus dinámicas moleculares. Para llegar a esta dimensión múltiple, bullente, que aparece como si fuera caosmosis, partamos de un lugar intermedio, que llamaremos el de los estratos de los movimientos sociales, pero también, en correlación con este lugar intermedio, tenemos otro lugar intermedio, el de las sedimentaciones de los movimientos sociales.

Estratos y sedimentaciones de los movimientos sociales

La sectorialización de los movimientos sociales en mayo y junio de 2005 parece mantener la misma situación característica de los movimientos de masas que atravesaron el periodo que arranca con la guerra del agua (abril de 2000), atravesaron el bloqueo de caminos campesino e indígena de septiembre del primer año del nuevo milenio, llegan a las elecciones de 2002, produciéndose fisuras entre bases y dirigentes, bases e instrumentos políticos, inmediatamente después del ascenso político al parlamento de dirigentes indígenas, sindicales e izquierdistas. Recorren un lapso crítico, para llegar a un rebasamiento de las bases respecto a las dirigencias en febrero de 2003, aprovechando la contingencia de un motín policial. Esta sublevación de las bases se prolonga evolutivamente a septiembre y octubre de 2003, cuando se produce una insurrección pacifica, tanto en el campo como en las ciudades de El Alto y La Paz, con ciertas repercusiones en otras ciudades. Insurrección que deriva en la sustitución constitucional de Carlos Mesa Gisbert, ingresando de lleno a un periodo de transición política. Como decíamos, la sectorialización parece mantenerse en mayo y junio de 2005, cuando vuelve la asonada popular, con características parecidas al renombrado octubre de 2003. Sin embargo, las diferencias asoman rápidamente. Se trata de otra coyuntura, distinta en varios aspectos. Coyuntura caracterizada por ser el punto crítico más alto de la transición. El gobierno de Carlos Mesa termina embrollándose en su propio laberinto. Lejos de cumplir con lo encomendado en octubre de 2003, la recuperación de los recursos hidrocarburíferos y la Asamblea Constituyente, se aleja de esta agenda, acercándose mas bien a una nueva agenda inventada e impuesta por la burguesía intermediaria, apoyada por la conspiración de las empresas trasnacionales y, de manera indirecta, por la conspiración de los organismos multilaterales.

La aparente levitación del gobierno de Mesa sobre el campo de fuerzas conformado por las luchas sociales y las reacciones conservadoras terminó convirtiéndolo en una fuerza ficticia centrífuga. Esta ficción fortaleció a la contrarreforma conservadora, que buscaba restaurar el orden político perdido con la fuga de Sánchez de Lozada durante la asonada popular de la guerra del gas. Un referéndum sobre los hidrocarburos inicia un lento recular del gobierno de transición hacia la gravitación conservadora, hacia el peso específico del poder económico de la burguesía intermediaria, en su versión ideológica de oligarquía regional. Las contradicciones entre el Ejecutivo, sobre todo en la figura del presidente, y el Comité Cívico* fue patente todo el rato, sobre todo durante el referéndum y después del cabildo de junio de 2004, ahondándose después de la concentración y el cabildo autonómico de enero de 2005. Estas contradicciones expresan los distintos intereses de los estratos de la burguesía nacional, pero también las estruendosas dificultades de la burguesía intermediaria de lograr un proyecto de Estado. Quizás Mesa era la mejor carta que tenía la burguesía nacional en su conjunto; empero, la óptica regionalizada de una parte de la burguesía, los fuertes vínculos ideológicos de esta burguesía y el neoliberalismo, sobre todo en la versión despojante de Gonzalo Sánchez de Lozada, terminaba escindiendo los intereses particulares de los intereses generales de la burguesía. Esto nos muestra que los distintos estratos de la burguesía no tienen conciencia para sí, usando la terminología de Hegel. Carlos Mesa nunca fue el hombre de los movimientos sociales; no podía serlo, debido a los límites impuestos por la clase a la que pertenecía, la clase media alta e ilustrada. El hecho de que fue un movimiento social lo que obligó a una sustitución constitucional, y por lo tanto lo llevó al poder, forma parte del azar político, del ámbito aleatorio del juego de las circunstancias. La popularidad ganada en un principio se debe más a su capital simbólico. Su figura de intelectual, de historiador, de comunicador social, le dieron prestigio. Este prestigio se terminó sumando al hecho de que fue la salida constitucional que encontró la plebe después de su asonada. Bastaron un poco menos de veinte meses para perder su popularidad. Se retira sin poder y sin apoyo. Desmoralizado ante la intensidad de la revuelta popular, que irónicamente vuelve a forzar una segunda serie de sustituciones constitucionales. El nuevo presidente es la máxima autoridad del tercer poder del Estado, el Poder Judicial. Eduardo Rodríguez asume la presidencia de la República con un mandato: llamar a elecciones generales.

Los movimientos sociales repiten en mayo y junio del 2005 sus diferencias, integradas en una simultaneidad rebelde. Mineros y cooperativistas mineros, confederaciones, federaciones, centrales y subcentrales sindicales agrarias. Acompañados por autoridades originarias y ayllus, en un pacto por la unidad sin precedentes. En este conglomerado sindical y de comunidades se encuentran las seis federaciones cocaleras del Chapare, sumadas a la federación cocalera de los yungas. Las organizaciones de los colonizadores, además de las organizaciones del Movimiento de los sin Tierra (MST). Luego el pueblo alteño, con su poderosa Federación de Juntas de Vecinos (FEJUVE), seguidos por las corporaciones gremiales, los sindicatos de maestros, los obreros sindicalizados de las urbes, los estudiantes universitarios. A todos estos sectores sociales se suman, a última hora, las convocatorias ambiguas de los municipios, los trabajadores de los aeropuertos y ciertos fragmentos populosos de las clases medias. Todo este conglomerado parece repetir lo de abril de 2000 y lo de octubre de 2003, es decir, la suma de los sectores sociales alzados. Sin embargo, hay diferencias. Estas tienen que ver con los desplazamientos internos y externos de los movimientos sociales. A lo largo de seis años las consignas de los movimientos han venido confluyendo, tendiendo a unificar sus objetivos compartidos. Ya en octubre de 2003 los objetivos primordiales se podían resumir en dos: recuperación total de los hidrocarburos y Asamblea Constituyente. Los mismos objetivos son replanteados en mayo y junio de 2005; sin embargo, la significación de los mismos ha cambiado, madurando en la especificación de los significados. Se habla ahora de una nacionalización de los hidrocarburos y de una Asamblea Constituyente como poder constituyente de las multitudes. Por otra parte, los movimientos sociales tienden a actuar de manera mancomunada, llegando a acuerdos o haciendo coincidir sus marchas, para confluir en concentraciones y cabildos gigantescos. Esto ocurrió el 24 de mayo. Esto volvió a ocurrir el 8 de junio. Por otra parte, se trata de otra coyuntura, distinta a la de octubre de 2003. El contexto es otro, el mapa de fuerzas diferente. Desde el referéndum hasta junio de 2005 la derecha despliega una ofensiva articulada en varios niveles, monopolio de los medios de comunicación, campañas publicitarias que hacen de caja de resonancia, cabildos autonómicos, conspiración parlamentaria, asamblea preautonómica, golpe de mano, intentando una sustitución constitucional que terminara en el presidente del Congreso, Hormando Vaca Díez. Golpe de mano que iba a derivar en la aplicación de mano dura, estado de sitio y represión a las organizaciones sociales, a los movimientos sociales y a los dirigentes e intelectuales ligados al movimiento social. Esta ofensiva de la derecha, de la oligarquía regional, de la burguesía intermediaria, de las trasnacionales, de los partidos tradicionales, terminó en seco, gracias a la heroica intervención de los movimientos sociales en Sucre, la capital de la república. La ciudad de Sucre fue copada, la Plaza 25 de Mayo sitiada y emboscada, fue tomado el aeropuerto, los trabajadores de la Administración y Servicios de Aeropuertos Nacional (ASANA), organizados en el sindicato de trabajadores de los aeropuertos, entraron en huelga, también los gobiernos municipales entraron en huelga. Toda una tenaza social movilizada envolvía a los diputados, atrapados en la vorágine de la sublevación. Los parlamentarios, que escaparon de La Paz para sesionar tranquilos, para conspirar en calma, se encontraron de pronto emboscados en la ciudad de los cuatro nombres. Al movimiento social este gasto heroico le costo una victima mortal, y varios heridos. Todos ellos mineros.

Los desplazamientos externos de los movimientos sociales tienen que ver con su expansión. El movimiento se expande a todo el eje central, incorporando al mapa de los bloqueos a la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. La expansión del movimiento se extiende al sur, logrando una gran concentración y marchas en Sucre. También hay irradiaciones del movimiento al norte, sobre todo en el departamento del Beni. Prácticamente toda Bolivia estaba atravesada por las movilizaciones, ocupada por bloqueos y sitiadas sus ciudades. En otras palabras, la diferencia entre mayo y junio de 2005 y octubre de 2003 es que los movimientos lograron una expansión mayor. La diferencia estriba en que el anterior mapa de los movimientos sociales logró efectos políticos con un cuadro más circunscrito en el occidente. En cambio el mapa reciente de los movimientos sociales logró efectos políticos con un cuadro mayor, esta vez en todo el país. Todo esto se desarrolla en un contexto de la correlación de fuerzas distinto. En octubre de 2003 los sectores conservadores, que manejaban el aparato público, fueron sorprendidos por la virulencia de los eventos. En cambio hasta mayo y junio de 2005 las organizaciones sociales se ven obligadas a defenderse de una ofensiva restauradora que se aproxima a los dos años. En mayo y en junio vuelven a la ofensiva en torno a la nacionalización de los hidrocarburos y la Asamblea Constituyente. Cuando el presidente del Congreso y el presidente de la Cámara de Diputados renuncian a su sustitución constitucional, la derecha vuelve a ser derrotada políticamente. Sin embargo, se abre una nueva coyuntura plagada de incertidumbre. No se logran los objetivos de la lucha, ni la nacionalización de los hidrocarburos ni tampoco la Asamblea Constituyente. Se ingresa a una etapa electoral, donde no se sabe en qué condiciones se encuentra los sectores sociales para afrontar las elecciones que se avecinan.

Los desplazamientos internos del movimiento social tienen que ver con la intensidad de los mismos. La intensidad de la lucha tiene su temporalidad, tres semanas de movilizaciones, bloqueos y marchas. Tres semanas de constante evolución en espiral del conflicto. Tres semanas de construcción de una argumentación popular en torno a la nacionalización, a la Asamblea Constituyente. Desarrollando una posición crítica respecto a los gobiernos autonómicos departamentales, a partir de dos alternativas: discutir el tema en la Asamblea Constituyente, lugar apropiado para tratar todas las propuestas en torno al nuevo diseño de Estado; inducir alternativas formas autonómicas a partir de las nacionalidades, los municipios y las provincias. Desenvolvimiento de la experiencia colectiva, vivencias intensas de los movilizados, aunque también de los no movilizados. Aprendizaje en corto tiempo por parte de la multitud de los ritmos políticos y de las transformaciones inherentes al campo político. Decodificación de los discursos oficiales, emergencia de los saberes y constitución de sujetos sociales. Los desplazamientos internos implican la ampliación de los horizontes internos.

El balance de los acontecimientos de mayo y junio es el siguiente:

1. Dependiendo del referente, la evaluación se construye en función de esta relatividad.

2. Si tomamos en cuenta la ofensiva conservadora como referente, podemos valorar como victoria política el hecho de haber logrado evitar la restauración de los partidos tradicionales, que venía acompañada por el estado de sitio y la represión.

3. Si consideramos los objetivos de la lucha, es decir, la nacionalización de los hidrocarburos y la Asamblea Constituyente, podemos evaluar lo sucedido como una postergación de estos objetivos primordiales de la coyuntura. La sustitución constitucional hasta el presidente de la Corte Suprema, con la consecuente tarea de convocar a elecciones, es un diferimiento de los anhelos populares.

4. Si partimos de la constatación de la expansión de los movimientos sociales, podemos valorizar la capacidad de convocatoria y de movilización de las organizaciones sociales. El incremento de sus formas de organización, la irradiación y circulación de las mismas, producen desplazamientos internos que coadyuvan a la intensificación del uso de las formas, producen desplazamientos externos que coadyuvan a una expansión de estos usos a la manera de desterritorializaciones y reterritorializaciones, desplazándose en espacios lisos, volviendo a cartografiar espacios estriados.

5. Tomando en cuenta el nuevo escenario, en comparación con el anterior, la nueva coyuntura en comparación con la anterior, el ingreso a una etapa electoral exige al movimiento social nuevas tácticas, articuladas estratégicamente. Las organizaciones sociales y el instrumento político del campo popular requiere replantear sus estrategias políticas, su forma de organización y forma enunciativa.

6. Considerando la formulación de estrategias, vemos que los movimientos sociales no abordan la elaboración alternativa de planes y programas de largo aliento, optando por construcciones parciales, momentáneas y coyunturales.

7. Todos estos referentes nos conducen a evaluaciones pendientes de la relatividad referencial. La composición de los referentes y la composición de las evaluaciones nos trasladan a una valoración móvil y cambiante del acontecimiento.

8. En conclusión, no hay victoria total ni derrota absoluta, sino victorias parciales y derrotas específicas. Es menester escapar del dramatismo de las ponderaciones heredadas de la modernidad, avanzar más bien a ponderaciones dinámicas, adecuadas a las variaciones de los procesos. La vida continúa.

El proceso de las contradicciones internas

Se puede apreciar que los movimientos sociales conllevan sus contradicciones, muestran paradojas, a veces hasta aporías. En la intimidad de estos procesos contradictorios es indispensable analizar una paradoja arrojada en el contexto de las luchas sociales recientes. Esta paradoja tiene que ver con los objetivos primordiales planteados por los movimientos sociales: la nacionalización de los hidrocarburos y la Asamblea Constituyente. La pregunta es: ¿Quién iba a nacionalizar y quién iba a convocar a la Asamblea Constituyente? Las organizaciones sociales y el instrumento político depositan estas tareas al Estado. Concretamente, en octubre de 2003 se encomienda al gobierno de transición de Carlos Mesa estas tareas, también en mayo y junio de 2005 se exige al gobierno y al parlamento el cumplimiento de estas tareas. ¿Ahora se delega al segundo gobierno en transición estas tareas, fuera de la convocatoria a elecciones? La paradoja se presenta cuando se deposita el cumplimiento de los objetivos del movimiento social a instituciones que no tienen la voluntad de cumplirlas, es más, que están en contra. Esto es como obligar al enemigo a ejecutar acciones que le van afectar. Esta paradoja se puede plantear también de otra manera: la sublevación contra el Estado termina siendo estatalista. En el fondo, tal como se presenta, sin poder cruzar sus propias limitaciones, la rebelión reproduce al Estado en la expectativa de sus demandas. Reproduce al sujeto, al soberano, a quien van dirigidas estas demandas. También se puede replantear la paradoja de otro modo: La subversión contra las instituciones del ancien régime termina siendo legalista, pues se exige el cumplimiento de las leyes, de la Constitución, también se exige construir una nueva legalidad. Se espera que el parlamento convoque a la Asamblea Constituyente, se espera que el parlamento nacionalice los hidrocarburos. Esto, como se sabe, no ocurre. Nos encontramos lejos de ese postulado del mayo de 1968 parisino, que expresaba que: Los derechos no se los mendiga, se los toma. Ampliando el panorama, podemos interpretar también la paradoja del siguiente modo: la insurrección contra el poder usa los métodos, instrumentos y procedimientos usuales de la política oficial. ¿Cómo explicar esta paradoja?

René Zavaleta Mercado hablaba de una paradoja señorial, donde el patrón criollo y el indio entablaban una relación perversa de dominación y sumisión. La paradoja señorial viene a ser una interpretación, en las condiciones de la formación social boliviana, de la dialéctica del señor y el siervo, dialéctica de señorío y servidumbre, expuesta en la Fenomenología del Espíritu de Hegel. Kojève interpreta esta dialéctica como dialéctica del amo y del esclavo. Independientemente de si se trata de la misma situación filosófica, la paradoja señorial y la dialéctica de señorío y servidumbre, muestran analogías estructurales. Ciertamente hay que distinguir la consecuencia teórica de las dos expresiones. Cuando se habla de paradoja se señala algo irresoluble, cuando se habla de dialéctica, se plantea una superación, una síntesis, que contiene la contradicción. Dejando esta diferencia teórica marcada, nos interesa saber si hemos salido de la paradoja propuesta por René Zavaleta. ¿La paradoja de la que hablamos, que podemos interpretarla como la paradoja estatal, forma parte de la paradoja señorial? Dos hipótesis interpretativas al respecto:

Hipótesis 1

Al no salir del horizonte del colonialismo interno, reproducimos de distintos modos la paradoja señorial, que puede interpretarse como una dialéctica perversa de dominación y sumisión.

Hipótesis 2

La paradoja estatal deriva de la instauración del Estado Nacional de 1952, Estado paternalista, criatura y padre del proletariado minero. Esta paradoja forma parte del imaginario social de lo nacional-popular.

No necesariamente estas hipótesis son excluyentes. Sólo que una se mueve en el horizonte de la paradoja señorial, en el horizonte del diagrama colonial, y la otra se mueve en el horizonte del Estado populista. Esto no quiere decir necesariamente que un horizonte, el segundo, se encuentra dentro del otro, el primero. Pueden ser horizontes distintos, aunque yuxtapuestos. Esta caracterización es importante, sobre todo para no calificar a lo nacional-popular como continuidad del colonialismo. Las concepciones nacional-populares pueden oponerse al colonialismo, sólo que lo hacen en el contexto de las luchas nacionales contra el imperialismo. Las concepciones anticoloniales arrancan de la memoria larga, atravesando el estupor de los siglos, pero, en la medida que no retomen las luchas nacional-populares, se quedan en el mito o, en todo caso, en una reivindicación abstracta. Las discriminaciones, las exclusiones y los racismos coloniales adquieren connotación histórica en la formación social, en la estructura del Estado y sociedad periféricos, en el contexto de las contradicciones de una República perdida en el interior de la periferia, atravesada por las contradicciones de una sociedad de clases, en un país ocupado por el imperio y el régimen económico impuesto por las trasnacionales.

Los juegos, enlaces, alianzas y articulaciones de la micropolítica y segmentaridad

Estamos segmentarizados por todas partes y en todas las direcciones. El hombre es un animal segmentario. La segmentaridad es una característica específica de todos los estratos que nos componen. Habitar, circular, trabajar, jugar: lo vivido está segmentarizado espacial y socialmente. La casa está segmentarizada según el destino de sus habitaciones; las calles, según el orden de la ciudad; la fábrica, según la naturaleza de los trabajos y las operaciones. Estamos segmentarizados binariamente, según grandes oposiciones duales: las clases sociales, pero también los hombres y las mujeres, los adultos y los niños, etcétera. Estamos segmentarizados circularmente, en círculos cada vez más amplios, discos o coronas cada vez más anchos, como en la "carta" de Joyce: mis asuntos, los asuntos de mi barrio, de mi ciudad, de mi país, del mundo… Estamos segmentarizados linealmente, en una línea recta, líneas rectas, en que cada segmento representa un episodio de un proceso.

Gilles Deleuze y Félix Guattari

Encontremos las segmentaridades binarias, circulares y lineales de los movimientos sociales, segmentaridades flexibles y duras, segmentaridades conformadas en un ámbito de recurrencia micropolítica, que hace de substrato a la macropolítica cuando los movimientos sociales, en su conjunto, se oponen al Estado. Las segmentaridades binarias aparecen cuando emergen las contradicciones de clase: proletarios contra burgueses, campesinos contra terratenientes, también en su versión de campesinos sin tierra contra latifundistas. Estratos urbanos populares contra las instituciones de servicio. Los estratos plebeyos de la nación contra las empresas trasnacionales, pueblos indígenas contra las oligarquías. La segmentaridad binaria también aparece en la bifurcación entre hombres y mujeres, entre niños y adultos, entre adolescentes y viejos. Las segmentaridades circulares aparecen cuando a partir de un centro se configuran distintos círculos, que pueden ser concéntricos o no: mi casa, mi calle, mi barrio, el distrito, el municipio, la ciudad, la provincia, el departamento. Las segmentaridades lineales aparecen cuando dejamos la familia y entramos a la escuela, cuando dejamos la escuela y entramos a la universidad, o cuando dejamos cualquiera de estos segmentos y vamos al espacio de trabajo. Nos movemos linealmente de un segmento a otro. Todas estas segmentaridades pueden ser flexibles o duras, depende de la plasticidad o dureza del juego segmentario en el mapa institucional, en el mapa de clases y en el mapa de las territorialidades diversas. En los movimientos sociales, las organizaciones como los sindicatos aparecen como segmentaridades circulares. Pero cuando pasamos de la junta de vecinos y vamos al sindicato, nos encontramos en una circularidad lineal. También aparecen circularidades binarias como la distinción dinámica entre bases y dirigentes. Cuando estas segmentaridades conforman una cartografía dura ingresamos a formas de dependencia y autoritarismo, formas que terminan inhibiendo al movimiento social. Cuando estas segmentaridades conforman un espacio liso, este espaciamiento flexible libera flujos que derivan en enlaces, alianzas y articulaciones novedosas, que terminan diseñando nuevos recorridos, que derivan en redes y entramados desbordantes. La subversión es un tejido hilvanado desde las segmentaridades flexibles, las mismas que componen los campos de la micropolítica.


* Agrupamiento influido por la burguesía de Santa Cruz de la Sierra, en el oriente boliviano (N.dlR.).