'György Lukács y la literatura alemana' de Miguel Vedda (compilador)

Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras (UBA) / Herramienta, 2005, 155 páginas.

La deliberada imprecisión con la que en el título del volumen queda designado el vínculo entre Lukács y una zona de la literatura de la que se ocupó, anticipa lo que el lector encontrará en sus páginas: un amplio panorama de las perspectivas desde las que es posible pensar esa unión, un conjunto heterogéneo de indagaciones acerca de la relación -crítica o personal, efectiva o postulable- entre Lukács y una serie de exponentes de la literatura en lengua alemana. La diversidad de procedencia de los artículos, a cargo de especialistas e investigadores europeos y latinoamericanos, explica, en parte, la variedad de enfoques, y permite, al mismo tiempo, cotejar las apropiaciones del legado lukácsiano en unos y otros espacios, obtener una primera respuesta a la pregunta de para qué -en busca de cuáles soluciones, a partir de qué inquietudes- se lee, todavía, a Lukács en cada ámbito.

Varias de las contribuciones se centran en algún aspecto de la recuperación lukácsiana de los clásicos de la literatura y la filosofía alemanas. Luiz Barros Montez analiza los cambios en la recepción de la obra de Goethe: desde la defensa -con reservas- de la búsqueda goetheana de reconciliación con lo social, alternativa a las soluciones románticas, en los escritos de juventud, hasta la elogiosa valoración, en los trabajos de madurez, de la dialéctica histórica implícita en el Fausto, o del decisivo aporte que para la teoría estética significó la categoría de particularidad. El trabajo de Miguel Vedda funciona como un complemento del anterior, en tanto se detiene en una serie de artículos sobre Goethe relativamente poco conocidos, redactados durante los primeros años de la década de 1930. El análisis pone de relieve las limitaciones atribuibles a la crítica lukácsiana de ese período, los factores contextuales que las explican, y los méritos que le caben: entre otros, el de haber evitado la defensa o condena unilaterales de Goethe para concebirlo como una unidad de rasgos contradictorios. El mismo tipo de razonamiento, de filiación hegeliano-marxiana, es el que orienta, tal como lo expone Mariela Ferrari en su trabajo, la interpretación de Schiller que Lukács ofrece a partir de 1935, en la que confluyen el reconocimiento de la capacidad schilleriana para percibir las deficiencias de la sociedad capitalista y la crítica al idealismo de sus soluciones. Antonino Infranca, por su parte, lleva a cabo un cotejo de los análisis que Lukács y Bloch dedicaron a la relación entre el Fausto de Goethe y la Fenomenología del Espíritu de Hegel, en el que busca evidenciar los matices-por ejemplo, el énfasis de Lukács sobre las condiciones que a la transformación del mundo impone lo existente versus la insistencia blochiana sobre la creación de lo nuevo- que distinguen ambas lecturas, en varios puntos afines. Por fuera de esta temática común, el artículo de Werner Jung propone, también, una comparación -inusual por cierto- entre los itinerarios intelectuales de Lukács y el escritor y teórico conservador Ernst Jünger. Lo que en este trabajo resulta discutible es que las analogías que efectivamente se verifican -ambos fueron discípulos de Weber, odiaron a la burguesía y se dedicaron a la estética luego de sus desilusiones políticas- basten para concluir, con su autor, que "la dicotomía derecha-izquierda [...] se ha tornado problemática (si no totalmente obsoleta)", sobre todo si se tiene en cuenta que los abundantes datos que incluye el análisis, más que acentuar la proximidad, tornan evidente la separación de caminos a partir de cada una de esas coincidencias iniciales. Problemático en otro sentido, el artículo de Adrián Navigante acerca del ensayo sobre Georg Büchner se ve afectado por la excesiva complejidad -y oscuridad- de los argumentos con los que intenta demostrar el "exceso" de la lectura repolitizadora que emprende Lukács; lectura, sin embargo, más justa con la obra de Büchner que aquellas que subestimaron sus conexiones con las tendencias sociales de la época, tal como lo admite el mismo Navigante.

Una de las contribuciones más originales del volumen -por sus propósitos, y por la zona de la producción lukácsiana a la que remite- es la de Flavio Wisniacki, que lee la literatura de Kafka a partir de los conceptos de humanidad y humanización formulados en la Ontología y en la Estética, obras de vejez del filósofo húngaro. El trabajo de Judith Marcus, a su vez, aporta datos e interpretaciones útiles acerca de la relación personal entre Lukács y Thomas Mann. La compilación se cierra con dos artículos que retoman el objetivo de exponer el pensamiento de Lukács en su desarrollo. Silvia Labado pone de manifiesto los cambios en la visión lukácsiana de las figuras femeninas: desde la actitud aristocrática y el sacrificio ascético de la mujer y lo corpóreo en los Diarios de juventud, a la revaloración de las heroínas de Lessing y Keller como portadoras de ideales democráticos y modelos de subjetividad armónicamente lograda. Martín Salinas, finalmente, analiza de manera exhaustiva la evolución de las concepciones literarias de Lukács durante la década de 1930, en un intento por rastrear el devenir de las ideas que encuentran su formulación sistemática en La novela histórica.

Si bien es cierto que no todos los artículos toman la perspectiva cronológica como eje, también lo es que todos, en mayor o menor medida, comparten el esfuerzo por periodizar, por vincular los aciertos y las debilidades del aporte lukácsiano con los contextos de los que reciben su adecuada significación. La que de este modo emerge del conjunto de trabajos es la imagen de un Lukács dinámico y complejo, una figura difícilmente asimilable a la versión esclerotizada, fácilmente clasificable -y desechable- que en más de una oportunidad se ha querido ofrecer del filósofo. Teniendo en cuenta esta marca común, podría afirmarse que Lukács no es sólo el objeto de estos análisis, sino también el modelo tácito que los orienta: en ellos se observa el mismo cuidado por evitar la unilateralidad en el juicio y por hacer justicia a la totalidad y sus contradicciones que Lukács demostró al leer a Goethe y a Schiller, a Hölderlin y Heine, y a su propia obra, como consta en los célebres prólogos que antepuso a las reediciones de sus escritos. Junto con el imperecedero valor de muchas de sus interpretaciones, y el renovado uso que admiten algunas de sus categorías, la posibilidad de leer a la manera de Lukács, aquí concretada provechosamente, constituye la prueba más eficaz de su vigencia.