Correspondencia 1943-1955. Theodor W. Adorno/Thomas Mann

 

Edición a cargo de Crhistoph Gödde y Thomas Sprecher con la participación del Archivo Theodor W. Adorno. Traducción: Nicolás Gelormini

Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2006, 186 páginas.

"La idea de que lo negativo cuestionador funciona como alegoría de la esperanza" (167) La expresión se encuentra en las Notas de Adorno sobre Doctor Faustus, que, a modo de apéndice, se adjunta a la edición de la correspondencia entre el autor de Teoría estética y Thomas Mann; y resulta significativa, en la medida en que la posición crítica, cimentada en la negación de lo existente, y en la ambigua perspectiva que se abría con el cierre de la Segunda Guerra Mundial, y el comienzo de la guerra fría, puede rastrearse como un leit motiv del intercambio epistolar que relacionara, desde 1943 y hasta la muerte de Th. Mann, al autor de La montaña mágica y al filósofo de Dialéctica negativa. Sobre todo si se tiene en cuenta que la elaboración de Doctor Faustus (1947), que diera ocasión al inicio de la correspondencia, ocupa sólo las primeras cinco cartas, del total de cuarenta y tres que conforman la edición. Pero este dato no establece sino el modo en el que la obra configurada extiende su campo de influencia, abarcando, de modo prefigurador, el desarrollo histórico posterior.

El mismo Th. Mann manifiesta la capacidad de la obra de exceder el hic et nunc, en vista del giro que reconoce en la política de Estados Unidos, país en el que ambos, al iniciarse la correspondencia, se encontraban en condición de exiliados, en ocasión de la persecución de los socialistas liderada por McCarthy. Thomas Mann reconsidera su situación en "los ya fascistas Estados Unidos", considerando, ocho años después de la publicación de su novela Doctor Faustus, "qué pasado de moda, superado, contradicho aparece hoy el Faustus si uno sólo lo considera una alegoría de 'Alemania'" (145)

A través del intercambio teórico de los autores el lector accede a un tratamiento sobre la producción artística e intelectual que, aunque enmarcado en un género 'íntimo', como lo es el epistolar, se afana por mantener una objetividad de criterios, debida, en gran parte, a la distancia, no sólo generacional, que media entre el escritor y el filósofo. Prueba de ello resulta una constatación: un año después de su publicación del Faustus, el filósofo y crítico literario György Lukács había presentado su estudio sobre la novela de Th. Mann, con el título de "La tragedia del arte moderno" (1948) Esta referencia a la evolución del arte en el siglo xx no resulta ociosa, pues el mismo Th. Mann fundamenta la colaboración de Adorno a partir de la certeza de que "este libro (…), entre otras cosas, además de muchos otros elementos, tenía como objeto la situación del arte" (23) La novela de Th. Mann parece corresponderse con la tendencia que explicitara Adorno, ya en 1938, acerca del progresivo carácter intelectual que adquiere el arte, en el marco de una sociedad dominada por el 'engaño de masas' que representa la industria cultural. El texto que complementa a la novela, Los orígenes del Doctor Faustus, la novela de una novela (1949), parece avalar aquel anuncio de Adorno, quien señalaba, habida cuenta de la extrema mercantilización que regula las relaciones sociales, la necesidad de la teoría como medio para desarticular una 'estructura de sentimientos' cosificada, aun en torno al arte.

Así, el desarrollo de la relación que se manifiesta en el intercambio epistolar entre el artista y el crítico, le permite al lector abordar la cautela con que son tratados aquellos aspectos ideológicos propios del 'orden del día'. Con el progresivo conocimiento que Th. Mann va adquiriendo sobre los postulados teóricos de Adorno (sobre todo, la lectura de Mínima moralia, y la de sus ensayos dedicados al análisis de la música contemporánea), se manifiesta, 'en escena', la posibilidad de colocar en una perspectiva peculiar, tanto la figura del autor de Muerte en Venecia, como la compleja situación ideológica a la que se vio sometido Adorno. Así, en su carta del 30-31 de diciembre de 1945 se revela un tratamiento exhaustivo, e inescrupuloso, acerca de la técnica del montaje que estructura su novela (y que despertó la furia de Schönberg, quien lo acusó de plagiar su invento, al presentarla como propia de Adrian Leverkühn, protagonista de la novela; y cuya respuesta puede hoy el lector leer en la nota que Th. Mann incluyó, no sin el desdén irónico que lo caracteriza, a fin de aplacar el ánimo del compositor), principio formal del que, según la crítica tradicional, Th. Mann parecía sustraerse, y que tantos debates ocasionara tras el periodo vanguardista, sobre todo en el ámbito de la estética marxista. Las obsevaciones subsiguientes no hacen más que enriquecer los puntos de vista bajo los cuales considerar la obra tardía de Th. Mann (las novelas El elegido, La engañada -que dio ocasión a un lúcido comentario de Adorno- y Las confesiones del estafador Felix Krull -la última novela de Th. Mann, inconclusa)

Pero la correspondencia lejos está de centrarse en la elaboración del Faustus y en las coincidencias que en torno a la esfera estética se elaboran. Más allá del mutuo respeto con el que se prodigan, o debido a ello, los malentendidos se acentúan, en cuanto se aborda la posibilidad de retornar, con el fin de la guerra, a Alemania. A partir del regreso, y posterior reinserción de Adorno en el ámbito académico alemán post-fascista, y de las tenues apelaciones con las que efectúa Th. Mann aborda su obra crítica, el análisis de la situación ideológica del presente histórico se torna ambiguo, o academicista; fundamentalmente en lo que respecta a la recepción, por cierto, flexible, de la obra de Marx, por parte de Adorno ("Si algo de Hegel y de aquellos que lo pusieron de pie caló hondo en mí es la ascesis frente a la afirmación inmediata de lo positivo…" -133-)

El valor documental y teórico del volumen, sin embargo, excede con mucho lo que aquí pueda mencionarse. El tono de las cartas que relacionan a dos de los personajes más relevantes del pensamiento alemán del siglo xx permite leer, entrelíneas, el fruto de una confrontación teórica que enriquece su recepción, y resignifica la lectura de sus obras.