«György Lukács. Filosofo autonomo» de Tibor Szabó

Nápoles, La città del sole, 2006, 311 páginas

Lukács es un filósofo sobre el cual se ha producido un silencio ensordecedor, a pesar de que, hace unos veinte años, era considerado, junto con Heidegger, el mayor filósofo del siglo XX. Lukács ha sido borrado del escenario filosófico, dejando en escena solo a Heidegger, que también aguarda ser refutado. Para aquel que, como el autor de esta reseña, se considera aún un lukácsiano, la aparición del libro de Szabó es también un acontecimiento que cabe celebrar. A través de esta reseña se espera despertar un poco de atención hacia el filósofo húngaro, también porque el libro de Szabó incluye en apéndice el último texto de Lukács, el Testamento político, traducido por mí, y que aparece íntegro en italiano, después de que Il Manifesto hubiera anticipado algunas páginas hace unos años; este trabajo representa un documento de excepcional importancia por las reflexiones sobre el trabajo, sobre la cultura o sobre la revolución húngara de 1956, sobre la cual Lukács habla -en su carácter de protagonista- por única vez en su vida.

El libro de Szabó presenta algunos puntos de interés. Ante todo, es el primer libro de un autor húngaro sobre Lukács que haya aparecido en un idioma diferente del húngaro, ya que el libro ha sido escrito directamente en italiano y, por fin, viene a romper un silencio sobre el Lukács maduro que dura ya algunos lustros. Es verdad que sobre el joven Lukács premarxista aparecen, de vez en cuando, algunos volúmenes que ignoran que Lukács es, con Gramsci, el mayor intelectual marxista después de Marx y Engels; sobre el Lukács marxista, en cambio, las publicaciones son extremadamente raras. En primer lugar Italia, y luego Alemania, eran los países que habían dedicado mayor atención a Lukács, y también por este motivo ha escrito Szabó su libro en italiano. Quizás ha llegado después de tiempo, pero la fatiga literaria de Szabó merece algunas reflexiones.

En primer lugar, quiero destacar el hecho de que Szabó, como cualquier otro estudioso marxista serio de Lukács, no ve ninguna separación neta entre el joven Lukács premarxista y el viejo Lukács marxista; existen, por cierto, cambios de perspectiva, pero las cuestiones fundamentales son siempre las mismas. Así, Szabó va sin limitaciones ideológicas de una obra a la otra de Lukács, de un período a otro, mostrando un profundo conocimiento del pensamiento del filósofo húngaro, y sobre todo de la literatura en lengua húngara que, hasta la caída del régimen comunista, era muy rica.

Se debe decir que, además de Argentina y Brasil y, desde hace poco tiempo, también Colombia y Venezuela, Lukács es muy poco estudiado, al punto de que podemos afirmar, en forma provocadora, que se está convirtiendo en un autor latinoamericanizado; pero la verdad es que América Latina es el continente que se encuentra a la vanguardia de las luchas sociales y de las reflexiones políticas de izquierda. Pero para Hungría, el olvido de Lukács determina una situación paradójica, ya que Lukács sigue siendo el mayor filósofo e intelectual húngaro del siglo veinte, y el hecho de escamotearlo coloca a los estudiosos húngaros en condiciones de dedicarse a filósofos extranjeros, lo que no representa un problema en sí mismo, pero es siempre un dato fáctico: después de la muerte de Lukács, la filosofía húngara no ha producido ya grandes figuras. Se puede contestar que Lukács, escribiendo en alemán y sintiéndose, por su parte, poco ligado con la cultura húngara, era ya quizás por sí mismo un extranjero en su patria; pero Szabó, hablando en primera persona, encuentra una función diversa del pensador húngaro respecto de la cultura húngara: "Entre los jóvenes estudiosos actuales, podemos comenzar a formar nuestro pensamiento crítico (en el sentido kantiano del término) leyendo los textos de Lukács" (p. 25). Una obra tan criticada como El asalto a la razón, en el clima del stalinismo imperante, tuvo una función positiva: "En este clima [el stalinismo], El asalto a la razón de Lukács, aunque escrito desde un punto de vista parcial [...] fue una fuente para el conocimiento de otras tendencia filosóficas, diversas de la marxista" (ibíd.). En Hungría, la presencia de Lukács desarrolla una obra positiva de difusión de tendencias filosóficas diversas del marxismo, y por ende permite la formación, en torno a él, de diversos grupos de intelectuales que dieron vida a un debate muy vivo y fecundo, tanto dentro como fuera del pequeño país de Europa central. Si se confronta esto con la situación cultural de otras naciones centroeuropeas, se notará de inmediato que Hungría se ha beneficiado enormemente, dentro y fuera del país, de la presencia del tan criticado filósofo. Szabó, en apéndice al volumen, traza también una breve historia de las varias escuelas que se formaron en torno a Lukács; hace una neta distinción entre la "Escuela de Budapest" y la "Escuela de Lukács", mucho más amplia que aquella, y que comprende un gran número de intelectuales húngaro que, sin embargo, no se han transformado en una secta exclusiva y excluyente, como la "Escuela de Budapest", que luego ha renegado del maestro, después de haber aprovechado al máximo la fama, la protección y los beneficios de definirse como discípulos.

El esfuerzo mayor de Szabó es, natural y meritoriamente, afrontar la cuestión de la moralidad de Lukács. Uno de los motivos principales del olvido del pensamiento lukácsiano es el hecho de ser considerado un intelectual orgánico del stalinismo, y que personalmente no habría condenado aquel régimen. En realidad, aquel que sostiene una tesis de tal índole demuestra una enorme ignorancia del pensamiento de Lukács, que, al margen de algunas citas de ocasión, necesarias en el tiempo en que fueron redactados los textos de Lukács, no mostró ninguna adhesión al sistema ideológico del stalinismo, y es incluso uno de sus más agudos críticos. Si se piensa en la ya citada obra El asalto a la razón, y en el modo en que, en aquel tiempo, eran tratados por los intelectuales stalinistas todos los filósofos analizados en esa obra, es posible entender cuán profunda era la diferencia entre los "rusos que piensan como perros" -para emplear la fórmula de Bloch- y el análisis de Lukács. Luego, en otros textos y ocasiones ha esclarecido Lukács su relación con el régimen stalinista; quien se obstina en afirmar una relación positiva respecto del stalinismo, muestra su ignorancia de algunos textos.

La cuestión, sin embargo, como se infiere de lo escrito anteriormente, se extiende desde el análisis teórico de los textos lukácsianos a su posición personal, y aquí Szabó interviene de un modo muy sutil y agudo. Habla de "disimulación honesta" (cf. p. 10) refiriéndose a la situación en que se encontró Croce durante el fascismo. La "disimulación honesta" es el modo barroco adoptado por los intelectuales para ignorar censuras y presiones de la Contrarreforma. No se trata de una situación histórica particular, ya que los intelectuales recurrieron a una "disimulación honesta" siempre que las condiciones políticas se han mostrado excesivamente opresivas; así, en el caso de Descartes había una "moral provisoria"; en el de los estoicos, se trataba de entender cuál era el propio lugar dentro del mundo histórico y natural. Szabó es muy hábil al describir, sin escamoteos, todos los compromisos y las acrobacias intelectuales realizados por Lukács para obtener la única protección que le quedaba durante los años del fascismo: la de la URSS stalinista. Cabe recordar que sobre Lukács pesaba una condena de muerte emitida por el régimen fascista húngaro de Horthy, y que la Alemania de Weimar le había ofrecido asilo. Una vez caída la República de Weimar, ningún país del mundo estaba dispuesto a ofrecer asilo político a un judío y comunista, excepto la Rusia de Stalin. Fue preciso refugiarse en Moscú y tratar de evitar las purgas stalinianas y las expulsiones del país.

El aspecto ético de la prudencia que Szabó remonta al "justo medio" aristotélico (p. 36) se convierte, en los años de la Hungría socialista, en el tertium datur, la perspectiva ética y ontológica que Lukács intentaba definir por un renacimiento del marxismo, y que está ahora en el centro de las reflexiones de algunas tendencias filosóficas de izquierda. Szabó, que es también un estudioso de Gramsci, vincula los acercamientos gramsciano y lukácsiano a la gran cuestión de hoy: la relación entre ética y política. Lukács, como Sartre y Marcuse, trató de definir una ética marxista, pero no consiguió terminar la tarea que, a través de múltiples vías, lo había llevado a adherirse al movimiento obrero. La cuestión está abierta aún, y representa el punto de mayor interés en el estudio del pensamiento lukácsiano; interés que rebasa el marxismo, y que sigue siendo la cuestión central del pensamiento de izquierda: la de la posibilidad de tener una especulación que coloque los valores en el centro de la política y de la vida comunitaria.