«Sobre los orígenes del sindicalismo revolucionario» de Alejandro Belkin

Buenos Aires, Ediciones del Centro Cultural de la Cooperación, Cuaderno de Trabajo Nº 74, Buenos Aires, 2006, 56 páginas.

Antes del peronismo el movimiento obrero cuenta con una rica y heroica trayectoria de luchas y organizaciones dieron forma a la primera etapa de la clase trabajadora argentina, sin la cual no hubieran sido posibles ni el vínculo especial entre peronismo y clase obrera en nuestro país ni la posterior pujanza de sus alas clasistas. El trabajo de Alejandro Belkin viene a cubrir un punto particular y decisivo de esta trayectoria, el de los primeros pasos de la corriente sindicalista revolucionaria que llegará a ser preponderante en los sindicatos argentinos preperonistas. ¿Cómo surge, a principios del siglo XIX, el sindicalismo revolucionario y que efectos tiene sobre los realineamientos organizativos e ideológicos? El autor lo responde en las dos secciones de su trabajo.

Por un lado, muestra cómo los sindicalistas constituían un grupo interno del Partido Socialista con posiciones importantes en él y en la UGT (Unión General de Trabajadores). Las tensiones afloraron a partir diversos acontecimientos. En 1904 Alfredo Palacios conquistó la primera diputación socialista y Joaquín V. González propuso un proyecto de institucionalización de los sindicatos que conllevaba a la par de su reconocimiento su control por parte del estado. Todo esto fortalecía el ala reformista en el Partido que confiaba en la obra evolutiva, institucional y pacífica como medio principal de acción política. Pero al año siguiente el panorama político se conmocionó a partir del fallido levantamiento militar-radical contra el gobierno oligárquico quien aprovechó la circunstancia para, estado de sitio mediante, avanzar en una ola represiva contra el movimiento obrero. El debate interno en el Partido Socialista se intensificó. Mientras que los sectores reformistas llamaron a no caer en la provocación, los dirigentes sindicales libraron una batalla interna (en el partido y en la UGT) para responder unitariamente (con la FORA y los autónomos) con la huelga general. Los sindicalistas perdieron importantes posiciones internas en el aparato partidario quien no apoyó la moción de huelga. Aunque la UGT la acompañó, el gobierno abortó su coordinación deteniendo a los dirigentes, con lo que finalmente no se concretó la medida. En 1906 las diferencias internas culminaron con la expulsión de los sindicalistas del Partido durante el VII Congreso de abril. Estos continuaron su obra propagandística a través de La acción socialista. Periódico sindicalista revolucionario, fundado el 11 de julio de 1905.

Si en esta sección del trabajo se abarca la delimitación respecto el reformismo, en la otra se hará lo mismo respecto los comunistas anárquicos a través de otros acontecimientos. Esta vez la huelga de Inquilinos de 1907 ofrece el escenario de futuras definiciones. El autor sostiene que la aparición pública en 1906 de los sindicalistas apresuró un movimiento dentro del anarquismo hacia un repliegue doctrinario sobre sus fuentes programáticas. Así La Protesta cambia de director por uno que, preocupado por la competencia de los sindicalistas en un terreno más cercano al suyo, impulsará una campaña ideologizadora entre los militantes anarquistas. Este enfoque se verá en la posición frente a la huelga de inquilinos, cuando sostuvieron que la misma "debe asumir, para que tenga resultado, un carácter de insurrección, pues de lo contrario será ahogado por la fuerza autoritaria que no puede menos de estar a la expectativa para proteger los intereses capitalistas". Para los socialistas la solución pasaba por el cooperativismo y la acción política-legislativa. Belkin caracteriza entonces que "tanto los socialistas como los anarquistas apoyaban a los inquilinos, pero ambos trataban de imprimir al movimiento su propio sello, desviando los esfuerzos hacia otros caminos, que no eran los que habían adoptado los sindicalistas" (p15). Los sindicalistas en cambio apoyaron sin condicionamientos la acción directa, sin añadir otras reivindicaciones que las por ellos sostenidas. "Los sindicalistas reivindican la acción puramente obrera, la acción llevada a cabo por los propios trabajadores, persiguiendo sus propios intereses y sin intermediarios de ninguna clase." (p12).

Si para Ricardo Falcón el primer intento de crear una corriente sindicalista dentro del partido socialista hacia 1900 falló por falta de espacio político, Belkin sostiene que este espacio fue creado hacia 1906 en medio de nuevas circunstancias. ¿Cómo se configura este espacio, con sus novedades y diferenciaciones? Hemos visto que el autor recorre este proceso desde una configuración de hechos que modifican las relaciones internas de fuerza en el movimiento obrero. En los aspectos externos, se muestra que las políticas de integración desde el estado (aperturas electorales y reconocimiento de los sindicatos) van creando un espacio para una corriente que se irá distanciando del insurreccionalismo anarquista. Pero en la medida en que el estado siguió atacando violentamente al movimiento obrero - y en rigor, en tanto a pesar de los planes reformistas el conflicto de clases continuara - los sindicalistas tomaron, dentro de la órbita del partido socialista, el papel organizador de la resistencia y las luchas reivindicativas. Estos se apoyaron sobre las luchas para construir las organizaciones que darán base a la gran FORA IX (que llega a los 70,000 afiliados en 1920). Pero además de su apoyo incondicional a las huelgas, este grupo desempeñaría algún papel activo, organizativa e ideológicamente.

Aunque según Matsushita los dirigentes sindicalistas rechazaron desde su origen todo intelectualismo, es plausible postular cierta coherencia teórica de la línea sindicalista al entender al sindicato como órgano revolucionario para la reorganización de la sociedad. Esto es, el sindicato como célula del nuevo estado proletario, un concepto difundido internacionalmente por los teóricos del sindicalismo industrial o revolucionario que a su turno incluso influirá en el consejismo de Antonio Gramsci o Antón Pannekoek. En palabras de Samuel Baily "el movimiento se proponía unir a todos los obreros en una organización sindical que los ayudara a mejorar su situación inmediata, para convertirse, en el futuro, en la institución básica de la sociedad". Pero él también dirá que el sindicalismo de la FORA de 1915 perdió todo carácter revolucionario. Esto plantea la reconstrucción de las relaciones entre la línea sindicalista y las estrategias revolucionarias para darle unidad a los términos sindicalismo revolucionario, ausente en Baily o en Matsushita, en el trayecto que va desde los orígenes de 1905 a la hegemonía de la FORA del IX entre 1915-1920. Los debates analizados por Belkin en torno a la ruptura de los sindicalistas aportan indicios de las teorías revolucionarias que informaban a los militantes sindicalistas. El ofrece registros de un clima de intensos debates teóricos y doctrinarios que acompañaron la ruptura, cuando cita un artículo de La Vanguardia que dice "todo ha salido a relucir, todo ha sido analizado: Dantón y La Montaña, Turati,Guesde, Jaures, Bebel, Carlos Marx, Cabriola, Sorel, etc etc". Si la acción socialista desde las instituciones o las cooperativas no ofrecían salida a las reivindicaciones sociales, como tampoco el sectarismo ácrata ¿Qué tipo de perspectiva revolucionaria construyeron los sindicalistas? ¿Se encuentran en la copiosa documentación que trabaja el autor pruebas de una construcción programática de parte de los sindicalistas revolucionarios, o por el contrario, su corriente encontró sus éxitos espontáneamente, por decir así, al empalmarse simplemente en un movimiento objetivo que iba por delante de ellos y frente al cual fueron meros canalizadores? El trabajo de Belkin sugiere lo primero, donde la fundación de una tercera corriente implicó no tanto la ocupación pasiva de lugar objetivo previamente existente sino la construcción conciente de un nuevo espacio que supo interpretar, mejor que los anteriores agrupamientos, tendencias sociales emergentes.

En la construcción de este nuevo espacio pueden haber actuado simultáneamente procesos de distinto orden. Las transformaciones económicas, las políticas de estado y el excepcional movimiento huelguístico de 1904 sin dudas son hechos básicos. Nicolás Iñigo señala la maduración del proceso de formación de la clase trabajadora argentina, con la primera huelga general declarada el 1 y 2 de diciembre de 1904. Como trasfondo de la huelga general, en 1904 se duplicaron las huelgas locales y sectoriales. Es un año pico de conflictos en comparación con el período, difundido en todos los sectores económicos, siendo los portuarios los de mayor intensidad de conflictos, seguidos de los transportes y las manufacturas. Lo que deja planteado Belkin es el seguimiento de una dialéctica entre subjetividad y objetividad de las luchas, mediante la que emergen organizaciones y una corriente con rasgos propios y distintivos. En definitiva, la dialéctica que configura a los trabajadores como clase. El autor muestra un trabajo sistemático y original de fuentes (la prensa obrera del período) para abordar cuestiones que definen a los debates internos del movimiento obrero en diferentes etapas históricas, tales como la relación entre programa mínimo y máximo, relación con el estado, la relación entre organización política y las luchas espontáneas de la clase. Esta vuelta al pasado nos permite reconsiderar las discusiones estratégicas del futuro sobre sólidas bases históricas. Quienes estén interesados en estas discusiones y en la nueva historiografía del movimiento obrero encontrarán en Sobre los orígenes del sindicalismo revolucionario un aporte a tener en cuenta.