En memoria de Ernesto González

En memoria de Ernesto González

 

El 16 de julio de 2007 falleció, a los 83 años, el dirigente trotskista e historiador Ernesto González. Ernesto fue parte del equipo que acompañó a Nahuel Moreno (fallecido en 1987) en el liderazgo de una corriente marxista revolucionaria que, surgida hace más de cincuenta años, llegó a constituir una de las más dinámicas tendencias internacionales del movimiento trotskista y tuvo en la Argentina diversas expresiones organizativas (Grupo Obrero Marxista, Partido Obrero Revolucionario, Federación Bonaerense del Partido Socialista -Revolución Nacional-, Palabra Obrera, Partido Revolucionario de los Trabajadores -luego PRT "La Verdad"-, Partido Socialista de los Trabajadores y, finalmente, Movimiento al Socialismo). Desde muy joven, Ernesto González dedicó su vida a la lucha política y al combate por la emancipación de los trabajadores con una perspectiva profundamente internacionalista. Dirigió o colaboró activamente en infinidad de periódicos y revistas nacionales e internacionales, y escribió dos libros de obligada lectura para cualquier estudioso del movimiento obrero argentino: Ascenso y caída del peronismo (1986) y Qué fue y qué es el peronismo (1974).

Fue uno de los principales impulsores de la Editorial Pluma en la Argentina (que luego del golpe de 1976 continuó difundiendo obras fundamentales del marxismo revolucionario desde Colombia). Y tras la crisis y dispersión del MAS, durante los últimos 12 años, dedicó sus mayores esfuerzos a coordinar el trabajo del equipo de compañeros con los que acometió esa obra de largo aliento denominada El trotskismo obrero e internacionalista en la Argentina (de los cuales ya se han publicado 5 volúmenes) y, más recientemente, a la conformación de la Fundación Pluma.

Ernesto González seguramente discrepaba con mucho de lo que nuestra revista publicaba, pese a lo cual no sólo fue un lector atento y partícipe entusiasta en las actividades impulsadas por Herramienta, sino que trabajó en nuestra sede y contribuía a solventar los gastos de la misma con la modestia y fraternidad que siempre lo caracterizaron.

Todos los integrantes de Herramienta, "viejos" o nuevos, saludamos su memoria.

Aldo Casas

Vayan también, en su honor, el recuerdo y el tributo que siguen:

 

Un último recuerdo…

El jueves pasado, cuando salía de la sede de Herramienta me choqué con Ernesto. Nos abrazamos. "Vení, quiero conversar contigo" me dijo, pegué media vuelta y nos fuimos a la sala de atrás. Pasé un rato hermoso, recordando anécdotas, como la de un viejísimo documento que escribió María Esther (de Bahía Blanca) donde planteaba "la tremenda situación revolucionaria"... Hizo que le contara de mis recientes pasos por Rostock, (la reciente cumbre antiglobalización en Alemania -NdE-) y por Italia; me contó su frustración con una organización que le quitó las máquinas para digitalizar el viejo archivo del partido cuando se negó a entregárselos a ellos en custodia…

Y en fin, nos reímos: lo cargué, diciéndole que si hubiera salido electo legislador no lo saludaría porque era el representante del poder; me contestó que por suerte no, pero que había sacado más votos que la vez anterior. Yo le conté de mi entusiasmo por el Coloquio Internacional sobre la crisis del Trabajo abstracto que tenemos en preparación y me dijo "¡siempre el mismo loco!". Y quedamos en ir a comer juntos con Marita a un boliche en el que, dos por tres, nos encontrábamos los sábados,cerca de su casa.

Así fue el último encuentro de Ernesto conmigo. Se lo conté a Marita y comentamos que era un tipo admirable, que vivió toda su vida luchando, que no era aburrido y que era muy comprensivo y humano. Recuerdo que cuando volví de Venezuela en el año 1974 Ernesto me invitó a almorzar y estuve dos horas contándole de mi año por allá. Tuve diferencias con él, incluso en la época que no solíamos tenerlas, pero siempre lo respeté muchísimo: me encantaba conversar con él, porque aún los reproches, los hacía con afecto y cariño. Lo quiero mucho, lo voy a extrañar y le mando allá en la nada a donde vamos todo mi afecto, ya que la vida tiene sentido cuando uno se topa con gente como Ernesto, que no dejan de luchar por cambiar el mundo. Ernesto, seguiremos ese ejemplo. Caminando, luchando, abrazándonos, extrañándote, preguntando, discutiendo y queriéndonos.

Néstor López, mensaje enviado al enterarse de su fallecimiento, el 18/7/2007.

Homenaje y despedida

Sentimos y actuamos, hasta el final, como si Ernesto fuera a vivir siempre… y siempre seguiríamos compartiendo discusiones políticas y alguno que otro proyecto, matizados, al finalizar, con vinitos y comida... Pero el viejo se nos fue de un día para el otro, sin aviso… Y nos quedó una sensación de desamparo que persiste, que no se quiere ir…

Tal vez resulta así porque sabemos que con él se va una parte fundamental de nuestra propia historia militante, de aquella apasionada y colectiva lucha por transformar el mundo y la vida. Aquí y allá.

Porque Ernesto Gonzalez anduvo por España con su compañera Lidia desparramando saberes, vitalidad y fraternidad; como antes lo había hecho en Tucumán, junto a los obreros del azúcar; o con los trabajadores de la carne, donde reconocía haber vivido una de sus épocas más felices…

Compartió no sólo luchas sino también vivencias familiares, disfrutando las alegrías y acompañando los sufrimientos de los muchos trabajadores que abrían sus puertas para recibirlo… Porque Ernesto estuvo muy lejos de sentirse, actuar o vivir como alguien distinto a los trabajadores.

Fue, sin dudas, uno de los más destacados militantes de su generación, que logró integrarse a la clase trabajadora tal cual era, comprendiendo (como lo hizo la corriente "morenista") por qué era mayoritaria y fanáticamente peronista.

Por eso el fino olfato de clase de los trabajadores lograba reconocerlo, quererlo, escucharlo y respetarlo…

Sus trabajos sobre el peronismo, sus charlas y cursos con los trabajadores, el esfuerzo y pasión que ponía por ganarlos a la independencia de clase y a las ideas trotskistas, fueron recurrentes en distintos períodos de la construcción partidaria y eran una actividad con la que Ernesto disfrutaba profundamente…

Por todo esto Ernesto fue un maestro y un ejemplo. Y siendo unánimemente reconocido y respetado como un gran dirigente, actuó siempre -con todos y para todo- con la modestia del más sencillo militante.

La rebelión de 2001-2002 lo encontró participando como uno más en el proceso asambleario, tratando de recoger nuevas experiencias. Estaba no solo entusiasmado, como era su característica habitual: se volvía a sentir útil entre la gente, se interrogaba sobre los nuevos procesos, tan distintos a los que había vivido en otros períodos históricos… Volvía a insistir en que no había que ser sectarios…

Ernesto, el "viejo" se nos fue sin aviso, así como era, con la mayor sencillez y dignidad, con las que vivió toda la vida

Cuando te homenajeamos te queremos recordar contento, apasionado, viviendo a pleno, desmesuradamente voluntarioso y optimista como lo eras, porque así te quisimos y te valoramos.

Gracias, Ernesto

Nora Ciapponi, palabras pronunciadas en el homenaje público realizado el 16-8-07.