El consumo a 150 años de la "Introducción" de 1857

Autor: Edgardo Logiudice*

"¿Sería posible Aquiles con la pólvora y las balas?"

Primera parte

I

El texto de la "Introducción" ha sido materia prima para innumerables estudios polémicos, tantos como tan azarosa ha sido su historia[1].

Según parece Marx comenzó a redactar su texto el 23 de agosto de 1857 y dejó de hacerlo a mediados de septiembre del mismo año: menos de un mes. Son parte de la primera síntesis de sus investigaciones iniciadas en Londres en 1850.

Recuerda Mario Del Pra[2] que el texto estaba destinado a la "Contribución a la crítica de la economía política" de 1859, pero el autor decidió suprimir esa introducción general para no estorbar su comprensión anticipando los resultados que previamente deben demostrarse, condenando al lector a ir de lo particular a lo general. Sin embargo, finalmente, la Crítica se publica con un Prefacio (el famoso y controvertido "Prólogo") que, seguramente era el resultado de aquellos estudios de Londres, según Martin Nicolaus.[3]

Según el mismo Del Pra el texto se publicó por primera vez por C.Kautsky en 1903, es decir casi cincuenta años después de su redacción. Los prologuistas de la primera edición alemana de los "Elementos fundamentales…" de que forma parte la "Introducción", realizada por los soviéticos en 1939, consideran que esa edición, así como otras posteriores, difieren considerablemente con el original de Marx.

Resulta extraño también que esa edición del Instituto Marx-Engels-Lenin apareciera en plena guerra mundial. Según los curadores de la edición en castellano[4], la obra en su conjunto "pasó inadvertida para los especialistas y durante mucho tiempo constituyó una rareza bibliográfica".

Sin embargo, antes de los años setenta, algunos estudiosos ya habían presentado fragmentos aislados, en particular Eric Hobsbawn, en 1956, en "Formaciones económicas pe-capitalistas". La "Introducción" en particular ya había dado, y siguió dando, sus frutos en el abordaje de numerosos temas, no sólo en relación a la intelección de El Capital, sino a cuestiones filosóficas, metodológicas, históricas y epistemológicas. Valga mencionar la cuestión de lo abstracto y lo concreto, la relación de lo lógico y lo histórico, lo concreto de pensamiento, la dialéctica y su relación con Hegel. Entre nosotros, Abel García Barceló, en relación a la dialéctica de punto de partida histórico y resultado sobre nueva base de desarrollo y cuestiones de la ideología. Nombres tales como Galvano Della Volpe, Cesare Luporini, Lucio Colletti, Ilenkov, Lefebvre, Althusser, Mario Rossi, André Gorz, Herbert Marcusse, Paul M. Sweezy, Jindrich Zelený, transitaron esos textos.

II

De toda la "Introducción" quizá el fragmento subrayado hasta borronearlo es el de "El método de la economía política" y el más impoluto el de "El arte griego y la sociedad moderna". A este último corresponde la pregunta sobre la actualidad de Aquiles.

Aquí quiero tratar del consumo en referencia a las relaciones de articulación de los momentos de la "totalidad orgánica"[5] de la producción.

Me circunscribiré deliberadamente al texto de la "Introducción", particularmente al apartado 2), conciente de tal arbitrariedad, sólo porque -tal como lo dice el mismo Marx en una de sus cartas- es el momento de su esfuerzo supremo para poner en clave dialéctica todo el material londinense. Allí, y en medio de su miseria material, parece tensar su pensamiento en la búsqueda de las diferencias específicas, alejándose de, y criticando, las identificaciones supra-históricas. Actitud que, creo, es la que nos sigue haciendo falta para abordar este mundo revolucionado que vivimos.

Tomaré prestadas algunas palabras para expresar lo que, creo, es una premisa de un pensamiento crítico, es decir no dogmático, no teológico, si se quiere dialéctico.

Dice el filósofo marxista Giuseppe Prestipino a propósito de la actualidad de Gramsci: «…tiene sentido preguntar no que habría dicho Gramsci si hubiese conocido el mundo que vino después del suyo, sino que podemos decir nosotros hoy atesorando las reflexiones gramscianas…No tiene sentido, repito, preguntar "que diría Gramsci hoy" y, quizá, ni siquiera buscar en Gramsci algunas anticipaciones de la realidad actual. Tiene sentido, en cambio, la pregunta ¿cómo desarrollar los métodos y las temáticas gramscianas a la luz de la realidad actual?»[6]

Pues bien, creo que esta misma actitud debe adoptarse, con mucha más razón respecto a Marx, cuyos escritos datan del doble de tiempo transcurrido que los del italiano. En estas mismas páginas de la "Introducción" que nos ocupa, el mismo Marx valora los aportes de quienes le precedieron, desarrollando sus métodos y sus temáticas a la luz de la realidad de su época ¿Qué otra cosa quiere decir sino su célebre cuestión de la anatomía del hombre para conocer la del mono, en relación a las teorías?

No me parece casual que Mario Del Pra haya sostenido que hay en este texto un "retorno" a Hegel. En realidad creo que hubo quizá un retorno a la filosofía, entendida ésta como lo hizo Ludwig Wittgenstein: "el objeto de la filosofía es la aclaración lógica del pensamiento. Filosofía no es una teoría, sino una actividad".[7]

Aunque no debe desconocerse la filología, no es mi intención hacerla[8], para lo que, francamente, no estoy capacitado, sino simplemente apoyarme en ese esfuerzo intelectual, precisamente porque lo es de un modo destacado en la historia del pensamiento de Marx. Parece ser el momento en que dice: ahora, manos a la obra.

Por eso no me interesa el texto como canon, sino como peldaño; inevitable en verdad, imprescindible, pero sólo útil para volver a bajar, o para recordarnos que por él hay que subir, para volver a comenzar. Para una nueva evolución del pensamiento. Dado que Wittgenstein tampoco es un canon, desacuerdo aquí con su proposición de "tirar la escalera, después de haber subido" (6.54).

III.

Para la descripción-interpretación de algunos aspectos del mundo actual me apoyaré en un reciente texto del filósofo y jurista, de origen catalán, el comunista libertario Juan-Ramón Capella. [9]

Capella sostiene que venimos viviendo un tiempo de contrarrevolución que llama la Gran Restauración emplazada en una tercera revolución industrial, una renovación organizativa empresarial y una contrarrevolución política en un proyecto globalizador.

Las bases tecnológicas son "la informática, la química industrial y la biotecnología - para la obtención de nuevos materiales - y la publicidad de masas, principalmente. A ello se añade un experimentado y renovado saber organizativo que resultará decisivo para la innovación tecnológica y política"[10]

Son aspectos de la renovación organizativa los cambios de escala, de financiación, el funcionamiento en red, la externalización y deslocalización de la producción y la integración indirecta como obra de la industria publicitaria y la informática.

Quiero detenerme en lo vinculado a la publicidad por su vinculación con los dos opuestos: producción y consumo.

El asunto se vincula también a la escala y a los recursos, por un lado y a los contratos en relación a las marcas, que posibilitan formas empresariales de integración indirecta, por otro. Es decir, varias empresas se asocian a una marca para colocar su producción cediendo sus beneficios a los gestores de la misma. Estas marcas son gigantescos íconos de referencia para la comercialización.

Los gastos de publicidad, según una fuente citada por Capella, representan algo así como la mitad del gasto mundial en armamentos. Agrego yo que la escala puede comprobarse empíricamente en el tiempo o espacio de cualquier medio de "información". En el caso de los medios gráficos en las toneladas de papel inutilizado. Teniendo que agregarse a ello la incidencia del costo de los envoltorios en cada producto, el packing, su efímera existencia y el derroche de recursos naturales que todo ello presupone y que es por todos, conocido, y cuyo impacto y duración, en cambio, no tiene nada de efímera.

La publicidad es así un instrumento para el pasaje de la producción mediante el cambio al consumo, conforme sea la distribución, es decir a la realización final del producto como mercancía, a que el producto culmine su ciclo como tal y pueda, retornar a la forma capital para reiniciar un nuevo ciclo.

Los nuevos medios, con la incidencia de la informática convirtieron a la publicidad en una industria de masas, una industria de producción de contenidos de conciencia. Por lo tanto un elemento indispensable para la reproducción social.

El resultado final de esta producción opera atribuyendo sentimientos de carencia generalizados aun en poblaciones suficientemente dotadas de bienes.[11] El autor está pensando aquí en el llamado consumismo. Otra cosa sucede cuando se trata de poblaciones no dotadas de bienes.

Refiriéndose a ésto decía mi amigo Prestipino: "La necesidad advertida por el capital, ya con el fordismo, de impulsar y promover el consumismo de masa chocará con una crisis general de la ocupación y, por lo tanto, con la creciente dificultad, para los sin trabajo, para comportarse como consumidores reales. De aquí deriva, ya hoy, la nueva figura del "consumidor virtual". Ella corresponde en cierto modo, sobre el terreno del cambio, a la función que tenían entonces, en el terreno de la producción, los brazos inactivos del «ejército industrial de reserva». Prometer al consumidor virtual (virtual porque se consuela introyectando los consumos ajenos) que podrá adquirir bienes futuros (si los hubiere) es como prometer hoy al trabajador irremediablemnte desocupado que podrá vender su fuerza de trabajo en el futuro."[12]

Invito a retener, por ahora, que si el productor no es productor si no vende su fuerza de trabajo, tampoco el consumidor es tal si no puede comprar bienes. Esto mismo, en otro terreno, significa carencia de contractualidad. Como asimismo que, si existe un consumidor virtual, es decir, quien imagina ser, o que podrá ser[13], consumidor "a futuro", puede existir un productor virtual, por lo tanto habría también una "contractualidad virtual". Esto no es poca cosa desde el punto de vista de la inercia de las ideologías; pero no este asunto del que quiero tratar acá. Sin embargo esta figura del "consumidor virtual" que, en su momento, Prestipino contraponía a mi definición del "tipo ideal" del pobre actual (como no-productor, no-consumidor, no-contratante, no-propietario, no-ciudadano), teniendo en vista el consumismo de los países "centrales", me parece más fecunda de lo que imaginábamos.[14]

Tal "virtualidad", me parece, puede desglosarse en varios aspectos, porque si bien la publicidad crea sentimientos de carencia, es sintomático que mi amigo Capella se refiera a su existencia "aun en poblaciones dotadas de bienes". También Capella está pensando en países de buen ingreso económico. De modo que el sentimiento de carencia puede corresponder a una situación real de carencia o a cierta autonomización de tal sentimiento respecto a la situación real, independientemente del snobismo o el coleccionismo exhibicionista. Sería el del consumidor compulsivo, figura bastante común en la cultura del shopping. Tendríamos así, virtualidad por carencia y virtualidad por excedencia, si en la primera el producto no culmina su ciclo porque no se realiza como mercancía, en la segunda no se consuma como producto. Como veremos para Marx, en la dialéctica de la producción el consumo efectivo es su diluirse en otras formas: una casa es una casa si se habita, un vestido lo es si viste a alguien.[15]

Volvamos a Capella. Nos dice que los contenidos de conciencia rebosan el ámbito de la comunicación pública, convirtiendo una amplia gama de productos culturales: diarios, revistas, programas radiales y televisivos y hasta espectáculos deportivos en "meros soportes de sus mensajes". Pasando a ser así el principal instrumento de educación informal. La autonomía de esta industria es tal que se "despega" hasta de la calidad de los propios productos publicitados.[16] Agregaría, hasta publicitándose a sí misma.

Destaca el autor el resultado social final de aceptación acrítica, en suma, de las relaciones dominantes, por ello indispensable para su reproducción social. Una especie de forma de dominación a través del consumo. Agregaría, de dominación política porque, precisamente, del carácter público de la publicidad, devienen normas de conducta que, aunque de origen no estatal, tienen un carácter general para grandes contingentes humanos.

Cabría agregar aquí que, si Gramsci, en su momento, indicaba que la hegemonía tenía ya, en los Estados Unidos, su origen en la fábrica (en esa forma de organización de la producción) más que en las instituciones políticas, hoy lo tiene en la producción de publicidad. Parafraseándolo, entonces, la hegemonía nace en la publicidad para el consumo. Podría decirse también que así como el taylor-fordismo creaba una masa de "gorilas amaestrados", la industria del consumo crea el consumidor de masa, cuyos consumos sólo se diferencian entre sí por la diferencia de las marcas (esto evidente en el automovilismo, también soporte de la publicidad).

Publicidad generadora, además, de la lógica de la competencia, propia del individualismo burgués-capitalista y, peor aun, generadora de identificaciones en sectas seculares, como son las hinchadas deportivas, por lo demás altamente alienantes, hasta el punto de la violencia irracional, casi religiosa.

Masas de consumidores, pero no necesariamente, consumo en masa, masividad efectiva del consumo. De allí el crecimiento de la productividad junto al crecimiento de la pobreza.

Por último quiero retener, de lo expresado por los dos autores citados, los siguientes elementos:

a) todo el proceso se halla "sobre-determinado" por saberes, es decir por productos del conocimiento y, particularmente, de los conocimientos técnicos aplicados a la producción. Vale decir, los conocimientos, prevalentemente científicos, en el seno mismo de la producción.

b) esta producción es también producción de contenidos de conciencia, hasta de educación. Es decir, los conocimientos en el seno del consumo que, creo, no habría inconvenientes en denominar ideológicos.

c) el proceso es, entonces, material-cultural, con una preminencia, quizá, del aspecto cultural (en sentido amplio) en el conjunto del bloque histórico, es decir, no solamente en la producción propiamente dicha, como una forma de dominación hegemónica[17].

Finalmente quiero recordar que no he hallado, en el texto de la "Introducción", trazas de la incidencia de los conocimientos científicos en el proceso de producción. Mucho menos, por supuesto, habría de hallarlos en relación a la producción de consumo.

IV

Decía, producción industrial en masa de consumidores, aunque no masividad efectiva del consumo. Es decir, producción de un tipo ideal humano. Producción que se realiza por medios culturales, es decir por medio de ideas, de conocimientos que "encarnan" en relaciones sociales, dentro y "fuera" del modo de producción material-cultural propiamente dicho, es decir en relaciones sociales de clase, familiares, territoriales y en la normatividad jurídico-estatal o institucional. Pero, finalmente, producción de un tipo humano por medio de conocimientos, sean éstos científicos, religiosos o ideológicos.

Pues bien, las ideas mismas sólo existen si son expresadas y esa misma expresión de las ideas contiene la probabilidad de un consumo que no consume. O, lo que es lo mismo de un consumo que no agota el objeto consumido. Eso es precisamente la materia incorporada a la producción, la inteligencia.

Desde el punto de vista de los agentes de la producción, cualquier materia prima, al entrar en el proceso de producción, se agota como lo que era, es materia de otra forma. Los instrumentos de producción se van agotando por medio del uso o la obsolescencia hasta inutilizarse, lo que contablemente se llama "amortización". La energía puesta en acción por el productor también se agota al transformarse en trabajo incorporado al producto resultante. Cualquier producto que reponga la energía del productor se agotará en el proceso biológico de su reproducción como individuo o como especie.

Pero una idea expresada, consumida que sea por un receptor, no se agota como tal idea. Puede ser materia prima de una re-elaboración cambiando singularmente de forma, pero permanece para ser simultánea o sucesivamente materia prima de otras re-elaboraciones. Esto es evidente en los conocimientos matemáticos: no se gastan por su uso, como instrumento de un desarrollo más complejo, ni como materia prima de alguna elaboración en que sea subsumida. De modo que su consumo no los consume. Ellos culminan su proceso, se consuman como tales y no se consumen.[18]

Entonces, sólo en un mundo como en el que vivimos, en que los conocimientos científicos y el modo de producción cultural, por ellos "sobre-determinado", poseen tal presencia autónoma, donde su diferenciación es plena y capaz de oponerse con ventaja a otros modos de conocimiento y otras formas de producción cultural y material, digo, sólo en un mundo como éste la teoría (independientemente de geniales intuiciones anticipatorios) puede dar cuenta de productos que se consuman y se consumen sin consumirse.

Sólo el poder de disposición (la distribución, diría Marx en la "Introducción") hace que muchos conocimientos no se consumen y sean consumidos por pocos. Las patentes, los royalties, son un límite a la vida de los conocimientos y el plagio es una manera de resistencia a ese cercenamiento de la capacidad cognoscitiva humana.[19]

El llamado "derecho de propiedad intelectual" no es más que el tratamiento de los conocimientos como mercancías y, si tales resultan ellos, tales resultarán sus productos.

Si de la industria cultural productora de consumo resultan consumidores, éstos también resultarán mercancías. Porque interesan como "tipo consumidor", independientemente de que su consumo sea efectivo o virtual, como carencia o como excedencia. Es de vieja data la venta de las carteras de seguro como potenciales (virtuales) clientes (compradores-consumidores de pólizas), como lo es la clientela de un fondo de comercio, hasta con normas para su avalúo, sin olvidarnos del valor llave de una comisaría según los "asegurados" para el proxenetismo, el juego clandestino, los desarmaderos et altri. En política son el capital de los "punteros". En fútbol las rentas de los jefes "barrabravas".

De donde la producción del consumo, no sólo resulta en la producción del consumidor sino que se consuma en ello. Con lo cual poco importa ya la consumición del producto que se proyectaba destinar al consumo, porque el negocio ya está hecho. Para el capital tiene valor lo que se vende (y se cobra).

El que no tiene precio es el que no alcanza siquiera a ser consumidor virtual: el absolutamente excluido, aun de la publicidad. La publicidad tiene también sus estrategas.

De modo que el consumidor efectivo, virtual por carencia o por excedencia o el consumidor que consume bienes no consumibles, por un lado se diferencian del no-consumidor, pues éste no entra de ningún modo en el circuito y, por otro, hoy adquieren caracteres diversos respecto a su relación con la producción.

V

Vayamos de una vez a la "Introducción".

Como dije, Marx decide no publicar este texto pretendiendo que el lector vaya de lo particular a lo general y no al revés. Sobre esta intención y sobre lo sucedido luego tanto con la Contribución a la Crítica de la Economía Política como con El Capital se cortó bastante tela en su momento y no es cuestión de recordarlo acá. De todos modos nuestra mirada ahora no puede sacarse de encima o abstraerse de todos los sedimentos teóricos (o ideológicos) que dejaron las lecturas. Probablemente Marx quería evitar preconceptos porque estaba exponiendo una nueva visión que quería desprenderse de las generalidades abstractas heredadas de la teología. Para ello el asunto era demostrar y, quizá, demostrarse que tenía los pies en la tierra. No parecen casuales sus referencias a los hegelianos. Pero es indudable que buscaba una unidad, una unidad - como él dice - articulada, en un proceso, en las relaciones entre los distintos momentos del proceso.

Este proceso es el de la producción, del que la producción propiamente dicha es un momento diferenciado dentro del conjunto unitario de los momentos.[20]

La producción propiamente dicha es la actividad de la que resulta el producto. Su disociación como "esfera autónoma, independiente" ha pasado de la realidad a los textos.

"Los adversarios de quienes cultivan la economía política…que les reprochan disociar groseramente las conexiones, se colocan en su mismo terreno…Nada más común que la acusación de que…consideran a la producción demasiado exclusivamente como un fin en sí. La distribución tendría una importancia similar. Esta acusación está basada precisamente en la idea de los economistas según la cual la distribución está situada al lado de la producción como una esfera autónoma, independiente. O los momentos no serían concebidos en su unidad. Como si esta disociación hubiera pasado no de la realidad a los libros de texto, sino de los libros de texto a la realidad,…"

Tanto, esta esfera de la producción propiamente dicha, como la distribución, que puede provenir de una conquista o de las leyes, si bien son momentos de la producción concebida como proceso general, social, pueden discernirse como esferas independientes.

"Determinar más en particular la influencia de las leyes sobre la conservación de las relaciones de distribución y, por consiguiente, su efecto sobre la producción"

Sin embargo lo determinante es la forma de organización de la producción, el modo de producir.

Aunque la distribución "aparezca como un supuesto para el nuevo período de producción, ella misma es a su vez producto de la producción, no solamente de la producción histórica en general, sino de la producción histórica determinada".

"…el tipo de pillaje está determinado también por el modo de producción"

"cuando se roba el esclavo se roba directamente el instrumento de producción. Pero también es preciso que la producción del país, para el cual se ha robado, esté organizada de manera que admita el trabajo de los esclavos…"

De modo que tenemos hasta aquí la unidad de un proceso cuyos momentos pueden concebirse de manera independiente, pero cuya unidad está dada y determinada por uno de ellos. Sin embargo esta unidad es ella misma un aspecto diferenciado, pues puede recibir la influencia, en el caso, la de las leyes. Naturalmente no se refiere a las leyes naturales, sino a normas.

Veamos ahora a nuestra relación entre la producción y el consumo.

Para tener a mano algo fresco el texto de Marx referido al consumo al final del escrito agrego un anexo con una breve síntesis.

Segunda parte.

Una lectura

Marx trata aquí de la dialéctica de lo real. Dice así que no se trata de una "combinación dialéctica" sino de la "comprensión de las relaciones reales".

Indaga allí que dicen los economistas, pues de las relaciones entre las categorías de la economía se trata, y de sus relaciones con el mundo real, con la historia de ese mundo real.

Para ello bucea en los distintos aspectos de lo que aparece como una misma cosa, sobre las identidades. Para nuestro caso de la identidad de la producción y el consumo.

Allí la producción aparece como el punto de partida y el consumo como acto terminal.

Mirar la misma cosa de esa manera significa analizar la propia categoría teórica en sus relaciones con las demás, o el mismo momento del proceso real en sus diversas relaciones con los otros, a los que las categorías aluden. Relaciones diversas y recíprocas que conforman sus múltiples determinaciones.

Son esas múltiples determinaciones las que disuelven la identidad de la unidad, o la unidad idéntica, para dejar paso a una unidad orgánica, una unidad de lo múltiple: sus múltiples aspectos devienen sus múltiples relaciones y, por lo tanto, sus múltiples determinaciones.

Si esto es así, entonces, en mi opinión, esa unidad no deviene una totalidad cerrada, aunque sí una totalidad. Marx está tratando aquí de economía, de una contribución crítica a la economía política, de la que dice que la producción es lo "trascendente", la determinante. La producción en ese sentido "trasciende"la producción propiamente dicha porque una producción ya dada determina la distribución de los agentes de la producción que realizarán una nueva producción. En ese sentido puede decirse que es una totalidad, pero no cerrada porque no idéntica, sino siempre diversa porque diversas son las relaciones en cada modo de producir conforme sea la distribución de los factores. Queda abierta así la probabilidad de que, además de que, para algunos agentes, un nuevo ciclo sea distinto al anterior, un nuevo ciclo no tenga lugar.

Por lo tanto existe al menos la probabilidad de que algunos queden "fuera" de una categoría. Por ejemplo, no ser consumidor de la producción, ni ser "consumido" por ella.

Por otro lado, para señalar la especificidad de los momentos de la producción, Marx atiende, precisamente, a las disociaciones de esa unidad, poniendo de relieve sus autonomías, sus formas independientes. Esto es lo que constituye sus diferencias. Dice allí que las disociaciones, por ejemplo de la distribución con la producción, no pasan de los textos de los economistas a la realidad, sino de ésta a aquéllos.

De modo que una dialéctica de distintos, es decir de una unidad diferenciada, o como dice él, de una unidad orgánica sujeta a múltiples determinaciones, un momento o un elemento puede ser expulsado de la unidad. Pero si esto es así, entonces, de la misma diferencia deviene una oposición, quien no está como término final de la unidad diferenciada de la producción, es decir, no consume y no es consumido por ésta, es un no-productor y no-consumidor, lo opuesto a la unidad del proceso productivo en su conjunto.

La producción puede generar así su propio antagonista, destruyendo sus propios agentes, en realidad su agente principal. El agente por ella misma producido originariamente, tanto como productor cuanto como consumidor.

Otro aspecto que señala Marx, precisamente, el distinto papel de un elemento en su punto de partida histórico, originario, una vez que ese punto de partida se ha desarrollado, generando un diverso punto de partida que reacciona sobre el anterior, es decir que puede actuar contra sí mismo.

Dice Marx: "La distribución de los productos es manifiestamente sólo un resultado de esta distribución [de instrumentos y de miembros en las distintas ramas] que se halla incluida en el proceso mismo de la producción y determina la organización de la producción".

"…ya que la producción debe partir de una cierta distribución de los instrumentos de producción, por lo menos la distribución, así entendida, precede a la producción y constituye su premisa…la producción tiene sus propias condiciones y sus supuestos, que constituyen sus propios momentos. En un comienzo estos supuestos pueden aparecer como hechos naturales. El mismo proceso de producción los transforma de naturales en históricos; si para un período aparecen como un supuesto natural de la producción, para otro período, en cambio, constituyen su resultado histórico".

Pero es el modo en que se produce el "determinante para la nueva producción que se establece".

Aparece, entonces, un nuevo punto de partida sobre una base originada en un punto de partida histórico.

Esto puede ocurrir en la relación entre distintos momentos de la unidad. Lo vemos, pero dado que los distintos momentos conservan su autonomía y, lo hemos visto, pueden convertirse en su opuesto, pueden actuar, entonces, aunque no necesariamente, contra la misma unidad que los generó, de modo antagónico.

La probabilidad de este antagonismo la menciona Marx, sin referirse explícitamente a ello, cuando refiriéndose a la distribución señala que "un pueblo, mediante la revolución, fragmenta la gran propiedad territorial y da un carácter nuevo a la producción por medio de esta nueva distribución". Pero ello no es necesariamente así, es decir, la situación dada puede conservarse, por ello se propone como tarea "determinar más en particular la influencia de las leyes sobre la conservación de las relaciones de distribución y, por consiguiente sobre la producción".

Como vemos la resolución del proceso en su totalidad no está cerrada: la distribución puede reactuar sobre su punto de partida histórico, la producción, conservándolo u oponiéndose a él, antagónicamente.

El "tipo ideal" pobre.

En el texto de Marx, el productor y el consumidor, como sujetos de los respectivos momentos de la producción, son sujetos ideales. Así lo es el sujeto que consume produciendo su cuerpo o el productor que consume las materias primas y los instrumentos y sus propias capacidades.

Marx, lo dijimos, está tratando con las categorías de los economistas y la forma en que éstas dan cuenta de los procesos reales buscando la articulación de los momentos en la totalidad orgánica de la producción. Marx sale en defensa de los economistas a quienes se les acusa de ver sólo la producción propiamente dicha sin tener en cuenta la distribución. La defensa consiste en que la distribución está determinada por la producción. De nada vale, dice, robar un esclavo si la organización de la producción no requiere esclavos.

En esa tarea, que, además, corresponde a un momento histórico de desarrollo intenso de la producción moderna, mal podrían los economistas estar preocupados por la no-producción. Tampoco parece estarlo Marx, para quién la totalidad social está iluminada precisamente por el ímpetu productivo.

Vendrían más tarde las preocupaciones por el consumo y el no-consumo. Producción de masas, por masas y para masas, los "altos salarios", con el fordismo; pasando por Keynes y apelando a la publicidad de masas. Hasta que esta misma publicidad se convierte en industria.

La producción crea al consumo, dice Marx, el modo de consumir y, por lo tanto al propio consumidor, para que la producción se consume, consumiéndose. La producción crea la necesidad (y el deseo, diríamos hoy) del producto.

En este escrito de Marx la mediación de la publicidad no se releva, no podía aun relevarse porque no se revelaba. Pero para cumplir ese papel mediador de todas las formas en que Marx nos dice que la producción crea el consumo (la necesidad del producto, el carácter del producto, el modo de consumirlo y, en suma, el propio consumidor) la publicidad se convierte en una de las ramas de la industria. La publicidad misma debe ser consumida para terminar generando el consumidor de publicidad que no necesariamente tiene que consumir el producto publicitado. La producción de publicidad se consuma cuando ella es consumida. Es consumida por millones de espectadores de un partido de fútbol televisado en la casaca de cada jugador. El momento autónomo de esta industria culmina allí, pero no necesariamente el espectador habrá de consumir la marca de la prenda deportiva, ni la marca automotriz, ni siquiera el producto lácteo, ni la yerba mate publicitada. De modo que el consumidor "virtual" lo es no sólo aquél que imagina consumir algún día, sino que es virtual también para el que produce lo publicitado. La cadena puede terminar en ese eslabón.

Tenemos ya allí un no-consumidor, el tipo ideal no-consumidor. Por lo tanto tampoco sujeto de la circulación, al menos de ese producto y, por lo tanto no-contratante.

Pero este tipo ideal tampoco es más que una categoría que, en una sociedad conforma las masas de no contratantes, los que están fuera del cambio, del mercado. La aparición en masa de lo que ya no es siquiera el ejército "industrial de reserva", que era al menos un productor también "virtual", genera a este pobre moderno, no sujeto a la totalidad orgánica de la producción a la que estaba, aunque sea prendido con alfileres, por un acto de cambio en la circulación. Esto llega a su culminación con el indigente, para tomar en cuenta las categorías con la que los especialistas denominan los distintos grados de pobreza.

Como dije, se trata de un tipo ideal, naturalmente en sentido weberiano. Hace unos años, en unas jornadas sobre ética en la Facultad de Ciencias Económicas, después de exponer este tipo pobre, el economista Pablo Levin replicó que tal no-consumidor no podría existir porque estaría muerto. Buena observación si nos referimos a un individuo singular empírico: para no morir algo (aunque sean las mínimas calorías que señalan los protocolos) debe consumir. Pero convengamos también que el indigente, para la producción, ya está muerto. El individuo que se come un gato vagabundo, o el que revuelve los desechos en un restaurant de Puerto Madero, efectivamente no realiza un acto de cambio, ni siquiera un delito o un acto de pillaje.

Es que la no-producción es ya el no-consumo de energía y habilidades (capacidades, dice Marx) aplicados a las materias y los instrumentos. Es decir es el no-consumo productivo.

Actividad productora de dinero.

Dijimos que los distintos momentos se autonomizan, adoptan formas independientes.

Vimos también que una rama de la industria se consuma, culmina su proceso, en el caso la publicidad, independientemente de que se consuma o no el producto publicitado. Es decir, la rama se autonomiza de la rama que la origina. Por supuesto que esto tiene sus límites, la no-producción no requiere publicidad pues no requiere consumo.

En la Introducción Marx concibe el dinero como "presupuesto" de "la moderna sociedad burguesa". "El monetarismo - dice - pone todavía, de un modo completamente objetivo, la riqueza en el dinero, como una cosa exterior a sí misma". Frente a ello significó un progreso cuando el sistema manufacturero o comercial, en la teoría por supuesto, "transfirió la fuente de la riqueza del objeto a la actividad subjetiva, al trabajo comercial o manufacturero, pero concibiendo todavía esta actividad siempre bajo el aspecto limitado de una actividad productora de dinero". Está claro aquí que Marx entiende como "riqueza" el trabajo e, indudablemente, el dinero no es por sí mismo productor de riqueza. Pero el dinero es presupuesto de la moderna sociedad burguesa cuando el dinero llega "a dominar en la totalidad de la esfera del trabajo".

La teoría que veía el trabajo comercial o manufacturero tampoco salía de los libros, sino de la realidad práctica del comerciante o el tallerista. Su actividad le producía dinero y ese dinero era su riqueza.

El comerciante, para que ello sucediera, debía vender su mercancía, el comprador era su consumidor, como el manufacturero debía tener comprador para su manufactura. El producto tenía así su fin que era, a su vez, el cumplimiento de su finalidad: encontrar el consumidor que lo consuma. Pero aquí hay finalidades que se superponen: la finalidad de la producción (o de la venta) es que el producto tenga su "acabado", su terminación, en el consumidor, pero la finalidad verdadera es obtener el dinero, porque para el comerciante o tallerista, su riqueza es el dinero, su actividad es productora de dinero.

Si el presupuesto es el dinero y la finalidad es el dinero, para él su actividad es sólo mediadora de producción de dinero (D-D´).

Con el verdadero capitalismo la cosa se hizo más compleja y de ello dará cuenta el mismo Marx. La complejidad está dada por el mismo desarrollo del mercado: "cuando el mercado, o sea la esfera del cambio, se extiende, la producción amplía su ámbito y se subdivide más en profundidad". Se subdivide al punto que la producción del consumo es una especialidad, una producción especial, una rama de la producción. También lo es, entonces la producción del cambio y, por lo tanto, la actividad productora de dinero propiamente dicha, la inversión de dinero para lograr dinero cualquiera sea la mediación, productiva de bienes o no. Es entonces que el "capital especulativo" busca su lugar también en la teoría.

Ese capital especulativo también se autonomiza y también procede contra su fuente, contra su punto de partida histórico, originario, que es el trabajo o, para decirlo más precisamente, la fuerza del trabajo. Luego de apropiárselo es capaz de destruirlo, de consumirlo literalmente, es decir aniquilarlo, hacerlo desaparecer. Si el dinero se transforma en dinero sin la mediación de la producción o, al menos produciendo y destruyendo al mismo tiempo sin que llegue a consumarse en su totalidad en el consumo, los productores también pueden ser desechados o degradados rápidamente. Productores efímeros (llamados "precarios"). También generados efímeramente.

La economía monetaria, presupuesto, punto de partida histórico del desarrollo de la producción capitalista, aparece ahora como resultado sobre otras bases, reaccionando antagónicamente contra ellas.

Este capital especulativo que destruye producción, a la vez que dispone dispendiando trabajo social ajeno, pasado y futuro a través de sus "inversiones" que lo confiscan a través de las "deudas externas", la disposición de los ahorros públicos e innumerables maniobras financieras, también da origen al tipo ideal pobre de la modernidad tardía.

El soporte vivo para el deseo de consumo.

El soporte vivo de la publicidad es bastante viejo y aun mantiene sus, también viejas, formas "artesanales". El hombre "sándwich" con el doble cartel colgando apenas se ha remozado con los chicos vestidos de empanadas o haciendo aparecer de improviso un anuncio en medio de una calzada cuando se corta el semáforo.

Pero la cosa se ha sofisticado. Son ya también viejos los "chivos" en medio de un film donde un artista consagrado fumaba una marca de cigarrillos cuya cajetilla enfocaba la cámara como al descuido. El fundamentalismo anti-tabaco ya no lo permite, pero sí admite una marca de automóviles cuyos gases contaminan la atmósfera.

Los espectáculos "deportivos" son hoy una exhibición de soportes vivos de publicidad, es decir de generación de deseo o necesidad de consumo.

En los automóviles de carrera no queda espacio libre ni en el vehículo, ni en la vestimenta, ni en el circuito que no anuncie alguna marca de cualquier cosa.

El espectador está obligado a ver durante todo el tiempo del espectáculo, simultáneamente con el mismo, todo tipo de publicidad. El negocio de una carrera de "fititos" no es otra cosa que eso. El precio de segundos de televisión es muy alto, una carrera puede durar horas. Millones de personas la ven. He allí porqué tantos espectáculos deportivos televisados.

La industria de la publicidad queda consumada allí. Esta industria genera sus propios instrumentos-soportes "por encargo".

En las escuelitas de fútbol, un ex-soporte alquila su nombre para enseñar técnicas deportivas a futuros soportes. Allí mismo se comienza a alimentarlo, a nutrirlo, para una etapa de cruel competitividad. Ya en esa etapa el soporte tiene dueño, el dueño del "pase" que, entre otras cosas se reserva el "derecho" de contratar su sponsor. Su ubicación en una institución "deportiva" ya coloca al casi adolescente como soporte publicitario: ha de vestir los colores del club en cuyo diseño ya figura la marca que lo "auspicia".Ninguna otra salvo que la "institución" arregle con otra marca o el deportista, o su "representante" arregle con otro club. Los clubes mismos no son más que empresas de comercialización de publicidad, soportes incluidos.

Visto en este tramo del movimiento social, el "deporte" es así una rama especializada de la industria de la publicidad. Pero estas empresas con rostro institucional son ellas mismas objeto del capital especulativo: grandes grupos de capital anónimo invierten en la compra de soportes publicitarios. El soporte termina por no saber quien es ya quien dispone de él, es decir quien es su "propietario". De modo que la generación de la necesidad del producto por la producción, que generaba al propio consumidor, queda subsumido en el movimiento del capital especulativo. En este movimiento que se consuma o no es irrelevante. Es irrelevante, entre otras cosas, porque la cadena, el circuito, sin llegar al consumo del producto publicitado, continúa por otros lugares. Después del "acontecimiento deportivo", los medios "informarán" de él, el mismo acontecimiento será la materia, el "contenido" que soporte nueva publicidad. Los medios impresos soportan toneladas de publicidad gráfica. Con su fotografía o con los sesudos "reportajes", el soporte seguirá rindiendo ganancias, "generando" dinero. Un instrumento de producción de dinero en una economía monetaria, no "economía de mercado" porque, precisamente, cada vez más humanos realizan menos actos de cambio, contratos. Cada vez más humanos quedan fuera de la circulación y son distribuidos, no como agentes de la producción sino como no-productores y no-consumidores.

Anexo.

Consumo y producción

La primera idea que se presenta, estudiando los rubros a que los economistas asocian la producción, respecto al consumo de los productos es que éste es un punto final.

Es el punto en que los productos se convierten en objeto de disfrute, de apropiación individual.

En el consumo el producto abandona el movimiento social, se convierte en servidor de una necesidad individual que satisface.

La producción aparece como punto de partida y el consumo como acto terminal.

"En la producción la persona se objetiva, en el consumo la cosa se subjetiva."

El acto final de consumo, que es concebido no solamente como final sino como finalidad, en realidad se sitúa fuera de la economía, salvo cuando reacciona sobre su punto de partida e inaugura un nuevo proceso productivo.

Dado que los economistas plantean la distribución como una esfera autónoma al lado de la producción, sus adversarios les reprochan disociar groseramente las conexiones entre los momentos, haciéndoles perder su unidad. Ello sería así porque los economistas consideran a la producción exclusivamente como un fin en sí.

Marx sostiene que esa disociación es una relación real. No se trata de una "combinación dialéctica" sino de "la comprensión de las relaciones reales".

Lo que tenemos aquí es que los momentos se disocian y autonomizan.

Pero "la producción es también inmediatamente consumo".

Consumo subjetivo: el individuo que produce consume sus capacidades en el acto de producción, consume sus fuerzas vitales.

Consumo objetivo: los medios de producciones usan y se disuelven en los elementos generales. La materia prima se consume al perder su forma natural.

Por lo tanto el acto de producción es en todo momento un acto de consumo.

Se trata del consumo productivo. La producción se identifica directamente con el consumo y el consumo coincide inmediatamente con la producción.

Pero hay otro consumo propiamente dicho. Es el "opuesto aniquilador de la producción".

También es una manera inmediata de producción: al consumir se produce el cuerpo. Este consumo surge de la aniquilación del "primer producto", del producto de un ciclo anterior.

En el "consumo productivo" el productor se objetiva: el consumo de su energía deviene objeto (producto). En el consumo de lo ya producido, la cosa creada se personifica en él.

"Esta producción, aun cuando sea una unidad inmediata de producción y consumo, es esencialmente diferente de la producción propiamente dicha"

De modo que esta unidad inmediata, en que coinciden, producción con consumo y consumo con producción, deja subsistir la dualidad entre la producción propiamente dicha y el consumo.

Cada uno es inmediatamente su opuesto, pero al mismo tiempo, cada uno es medio para el otro. Sin la producción al consumo le faltaría su objeto, pero la producción crea el

sujeto, que hace que los productos sean tales. "El producto alcanza su terminación final sólo en el consumo".

"Sin producción no hay consumo pero sin consumo tampoco hay producción ya que en ese caso la producción no tendría objeto".

El producto produce la producción de dos maneras: 1) "en cuanto el producto se hace producto sólo en el consumo…el producto se afirma como producto, se convierte en producto, sólo en el consumo. Disolviendo el producto, el consumo le da el «acabado final», pues el resultado de la producción es producto no en cuento actividad objetivada, sino sólo como objeto para el sujeto actuante;" y 2) el producto produce la producción en cuanto "crea la necesidad de una nueva producción…". "El consumo crea el impulso de la producción y crea igualmente el objeto que actúa en la producción como determinante de la finalidad de ésta". "…el consumo pone idealmente el objeto de la producción, como imagen interior, como necesidad, como impulso y como finalidad…sin necesidades no hay producción. Pero el consumo reproduce las necesidades".

Lo que tenemos aquí es que cada uno es medio para el otro, donde el consumo, como disolución, aniquilamiento del producto, es la culminación de la producción, lo que hace que el producto sea producto.

El consumo reproduce las necesidades, impulsando así una nueva producción a la que pone idealmente su objeto.

Visto desde el lado de la producción: 1) la producción proporciona su material, su objeto al consumo. "Un consumo sin objeto no es consumo", la producción crea, produce el consumo; 2) la producción da al consumo su carácter determinado, su «acabado final». El objeto que proporciona la producción no es cualquier objeto, es un objeto determinado que debe ser consumido de una manera determinada, un modo de consumo. "La producción crea, pues, el consumidor"; 3) la producción provee también una necesidad al material. Cuando no hay sino productos naturales, la necesidad la crea la percepción del objeto natural, de igual modo el objeto de arte crea un público capaz del goce estético. Cuando ya hay objetos producidos "no solamente se produce un objeto para el sujeto, sino también un sujeto para el objeto".

"La producción produce, pues, el consumo, 1) creando el material de éste; 2) determinando el modo de consumo; 3) provocando en el consumidor la necesidad de productos que ella ha creado originariamente como objetos".

El consumo produce, a su vez, la disposición del productor determinando la finalidad de la producción con su necesidad.

Aquí tenemos que la producción crea un determinado modo de consumo y por lo tanto al consumidor, un determinado consumidor.

Las identidades entre consumo y producción aparecen: 1) como identidad inmediata: producción es consumos, consumo es producción; 2) cada uno como medio del otro, se expresa como una dependencia recíproca. "Sin producción no hay consumo, sin consumo no hay producción". 3) "Cada uno de los términos no se limita a ser el otro de manera inmediata, y tampoco el mediador del otro, sino que, realizándose, crea al otro y se crea en cuanto otro. Solo con el consumo llega a su realización el acto de la producción, haciendo alcanzar al producto su consumación como producto, en tanto lo disuelve, consume su forma de cosa, su forma autónoma; en cuanto convierte en habilidad, por la necesidad de la repetición, la disposición desarrollada en el primer acto de la producción. El consumo no es, pues, únicamente el acto final gracias al cual el producto se convierte en producto, sino también el acto en virtud del cual el productor de hace productor".

Tenemos aquí que el consumo genera la aptitud de producir, la consumación del acto de consumir es generar un productor, sólo así se realiza en consumidor.

Considerar la sociedad como un sujeto único es considerarla de un modo falso, especulativo.

"En el sujeto, la producción y el consumo aparecen como momentos de un acto"

Si la producción y el consumo se consideran como actividades de uno o muchos sujetos aparecen en cada caso como "momentos de un proceso en el que el que la producción es el verdadero punto de partida y por ello también el momento predominante. El consumo como necesidad es el mismo momento interno de la actividad productiva. Pero esta última es el punto de partida de la realización y, por lo tanto, su factor predominante, el acto en que todo el proceso vuelve a repetirse…el consumo aparece como un momento de la producción".

"En la sociedad, en cambio, la relación entre el productor y el producto, una vez terminado este último, es exterior y el retorno del objeto al sujeto depende de las relaciones de éste con los otros individuos. No se apodera de él inmediatamente".

"Entre el productor y los productos se interpone la distribución,…"

Lo que tenemos aquí, entonces, es que los momentos del proceso de producción pueden estar separados: la producción propiamente dicha puede estar separada del consumo propiamente dicho.

Edgardo Logiudice

Abril de 2007.


* Escribano, abogado, autor de numerosos trabajos referidos a problemas de ciencia política, ideología y la pobreza. Colaborador de Herramienta.

[1] MARX, Karl. "Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (borrador) 1857-1858." Buenos Aires, 1971, Siglo XXI.

[2] DEL PRA, Mario. "La dialéctica en Marx", Barcelona, 1971, Ediciones Martinez Roca, Pág. 334.

[3] En "El Marx desconocido" que precede a "Elementos fundamentales…" antes citado, Pág. XII.

[4] José Aricó, Miguel Murmis y Pedro Scaron. "Elementos…" Op.cit. Pág.VIII.

[5] Mario Del Pra sostiene que con la aplicación del criterio de "totalidad orgánica" se trata de un "retorno" de Marx a Hegel. DEL PRA, M. Op. Cit. Pág. 361.

[6] PRESTIPINO, Giuseppe. "Tre voci nel deserto. Vico, Leopardo, Gramsci per una nuova logica storica", Roma, 2006, Págs. 139 y 148-

[7] WITTGENSTEIN, Ludwig. "Tractatus Logico-Philosophicus", Madrid, 1973, Alianza Editorial. Proposición 4.112, Pág. 85.

[8] Sobre la ubicación dentro del cuadro del pensamiento científico-filosófico de Marx: SOLDANI, Franco. "Sistema di conoscenza e potere nella società capitalistica. Realtà e racionalità da Spinoza al construttivismo radicale", Roma, 1997, Antonio Pellicani Editore, 687 págs.

[9] CAPELLA, Juan-Ramón. "Entrada en la barbarie". Madrid, 2007, Editorial Trotta, 25l Págs.

[10] Id. ant. Pág. 145.

[11] Ibid. Pág. 150.

[12] PRESTIPINO, G. "Narciso e l´automobile. Moderno e transmoderno". Napoli, 2000, Pág. 124.

[13] El discurso religioso de las iglesias evangélicas, algo más terrenal que el de la católica oficial, refuerza esta expectativa con la promesa machacona de "prosperidad", una cita de los Hechos recuerda que entregándose a Jesús, no sólo te salvas tu, sino también tu casa.

[14] En su último trabajo mi amigo Giuseppe considera al exterminado ejército industrial de reserva como "des-contractualizados y a esta carencia de contractualidad como la raíz cultural-material del actual "estado de excepción" como hecho político permanente. PRESTIPINO,G. "La memoria del futuro. Redefinire il capitalismo, repensar el comunismo", Milano, 2006, Pág. 156.

[15] "Elementos fundamentales…", Pág. 11.

[16] CAPELLA, J-R. Op. Cit. Pág. 151.

[17] No obstante de "acusarme" de pan-ideologismo, Prestipino no parece tener mayores reparos en aceptar la existencia, en el bloque, de mecanismos de un "modo de producción ideológico". PRESTIPINO, G. "Memoria del futuro…". Op. Cit. Pág. 67.

[18] De aquí deduce Prestipino consecuencias en cuanto al concepto y la ley del valor y también, dado que los conocimientos científicos son un producto social-colectivo, la necesidad de que los conocimientos científicos sean bienes comunes. PRESTIPINO, G. "Memoria del futuro…". Op. Cit. Págs. 99 y 112.

[19] Permítaseme remitirme a mi trabajo "Elogio del plagio o robo intelectual. Izquierda y derecho de propiedad". Revista DOXA, nº 18, Buenos Aires, l998, Pág. 70.

[20] Todas las citas que se insertan en el texto corresponden al apartado 2), entre las páginas 8 y 20 de la edición citada. Los subrayados son míos.