Adiós a José Sazbón (1937-2008)

El último 16 de septiembre murió en Buenos Aires José Sazbón, uno de los intelectuales que con mayor intensidad y rigor trabajó para difundir el pensamiento marxista en nuestros ámbitos académicos, y aun fuera de estos. Nacido en La Plata en 1937, formado en la Universidad de esa ciudad y, más tarde, en la École Normale Supérieure y en la École Pratique des Hautes Études (París), Sazbón ejerció una importante labor editorial y docente. Fue autor de los libros Mito e historia en la antropología estructural (1975) e Historia y representación (2002) y de numerosos artículos y ensayos aparecidos en revistas como Revista de la Liberación, Punto de Vista, Los libros, Espacios, El Cielo por Asalto. Como editor y traductor, se encargó de difundir en el ámbito de lengua castellana obras de Ferdinand de Saussure, Antonio Gramsci, Roland Barthes, Claude de Lévi-Strauss, Louis Althusser, entre otros. Durante la última dictadura militar se exilió en Venezuela, donde siguió profundizando y difundiendo sus investigaciones sobre Marx, Engels, Mariátegui. Al regresar a nuestro país en 1987, comenzó a trabajar como investigador en el CONICET, y asumió la dirección de las cátedras de Filosofía Contemporánea y de Problemas Mundiales Contemporáneos; en los últimos años, designado ya Profesor Consulto de la Universidad de Buenos Aires, dirigió también la Maestría en Historia y Memoria en la Universidad Nacional de La Plata.

Cuando, en 2002, Herramienta y el CeDInCI organizaron conjuntamente el Coloquio Internacional ‘György Lukács, Pensamiento Vivido’, en el ámbito de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, José Sazbón fue el encargado de abrir el congreso, con una memorable conferencia; luego tuvimos en varias ocasiones el honor de contar con su colaboración estimable y generosa.

La enumeración de estos datos, que en todo caso proporciona una sumaria idea acerca de una producción intelectual cuantiosa y meritoria, no permitirá descubrir quizás las características más personales y distintivas de Sazbón: su extremo rigor, su amabilidad, una humildad que con tanta nitidez lo diferenciaba de una jactancia y un histrionismo que, infortunadamente, suelen abundar en los espacios académicos. Para quienes tuvimos la oportunidad de escuchar o leer con satisfacción y provecho sus reflexiones sobre Simmel y Max Weber, sobre Lukács y Benjamin, sobre Sartre y Merleau-Ponty, sobre Sarmiento y Borges, la muerte de Sazbón representa una pérdida irreemplazable y dolorosa.