“ZAPATISMO. REFLEXIÓN TEÓRICA Y SUBJETIVIDADES EMERGENTES.” Autores: John Holloway, Fernando Matamoros, Sergio Tischler.

 

Ediciones Herramienta. Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades. Puebla. México. 2008. p. 142.
 
No morirá la flor de la palabra, podrá morir el rostro oculto de quien la nombra hoy,
 pero la palabra que vino desde el fondo de la historia y de la tierra
ya no podrá ser arrancada por la soberbia del poder.
Nosotros nacimos de la noche, en ella vivimos, moriremos en ella
Pero la luz será mañana para los más, para todos aquellos que hoy lloran la noche,
 para quienes se niega el día, para quienes es regalo la muerte, para quienes está prohibida la vida(…)
Nuestra lucha es por la vida y el mal gobierno oferta muerte como futuro.
 Nuestra lucha es por la justicia y el mal gobierno se llena de criminales y asesinos.
 Nuestra lucha es por la historia: y el mal gobierno propone olvido.
Nuestra lucha es por la paz y el mal gobierno anuncia guerra y destrucción.
Para todos la luz, para todos todo. Para nosotros la alegre rebeldía, para nosotros nada.
Aquí estamos, somos la dignidad rebelde, el corazón olvidado de la patria
Cuarta Declaración de la Selva Lacandona. 1996.
Ejército Zapatista de Liberación Nacional

 

La noche del día viernes 31 de diciembre de 1993 para amanecer el día sábado Primero de enero de 1994, en las montañas del Sureste Mexicano, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, tomó las cabeceras municipales de Ocosingo, Altamirano, Las Margaritas, Oxchuc, Chanal, Huixtán y San Cristóbal de Las Casas. Y declaró la guerra al Ejército Mexicano. Eran los marginados y sometidos por el sistema que se levantaban en armas por la misma situación de desprecio y por ver que era necesaria una lucha definitiva en contra de la opresión.

 
Fue como un viento fuerte que ocupó las cabeceras municipales, que llegó a las casas de los terratenientes, ganaderos, que abrió cárceles y liberó a presos, que ocupó tierras, que destruyó los signos de la injusticia, que asaltó cuarteles y se enfrentó al ejército y a las policías; fueron atacados y perseguidos, bombardeados y después de 12 días de enfrentamientos llegó la tregua. El pueblo de México despertó a esta nueva realidad y se manifestó de diferentes maneras a través de las organizaciones campesinas, sindicatos, trabajadores, organizaciones indígenas, instituciones, iglesias, universidades, partidos, organismos de derechos humanos, etc.
 
Va quedando escrito y marcado el significado de los actos que construyen la rebeldía y el futuro. No son ajenos al devenir de la sociedad en su conjunto; están insertos en la estructura misma de la sociedad. Son actos para no volver atrás, establecen una ruptura con el pasado; se muestra lo cimentado, lo que ya se transformó y a partir de este momento lo que sigue es el reconocimiento de la propia fuerza, la dignidad, el derecho, el ejercicio de la autonomía, la resistencia recuperada y las relaciones con todos y todas, los y las que luchan por un mundo más humano y más fraterno, un mundo donde reine la justicia, la libertad y la paz nueva y verdadera, un mundo donde quepamos todas y todos.
 
En este sentido John Holloway reconoce que los zapatistas lanzaron un desafío tanto teórico como práctico. El libro Zapatismo, reflexión teórica y subjetividades emergentes es una forma de tratar de comprender el desafío zapatista, y la importancia de su aparición radica en la reflexión teórica sobre un movimiento tan vivo que se reconstruye en el día a día con las subjetividades emergentes de los jóvenes, las mujeres, los niños, los hombres y los ancianos quienes trabajan en el silencio, en la conciencia, en la imaginación, en la creación de los espacios a liberar, a sentir la inmensidad de la tierra, a encontrar la naturaleza viviente, a gozar el significado de las palabras, como libertad, justicia, tierra, techo, trabajo, salud, educación, alimentación, democracia, independencia y paz.
 
Pensando en la emergencia del sujeto en el zapatismo, John Holloway, Fernando Matamoros y Sergio Tischler retoman el principio zapatista del preguntando caminamos como el espíritu que guía este libro, producto de un seminario realizado en 2007 en la Universidad de Buenos Aires.
 
Así, en un primer momento del texto, la participación de Holloway en el libro analiza la dignidad zapatista comprendiendo que ésta parte de la lucha contra su propia negación, “tenemos que ir en contra y más allá de la negación de nuestra dignidad”, y la lleva al terreno de la política para hablar de una política de la dignidad que “empieza con las personas como sujetos. Esto nos lleva a una política antiautoritaria, no de hablar sino de escuchar” (Holloway et.al., 2008: 18), una política del preguntando caminamos y caminamos, no corremos porque vamos muy lejos.
 
Por su parte, Fernando Matamoros remite a la construcción social del EZLN revisando las seis declaraciones de la Selva Lacandona, sin hacerlo una simple crónica o un cúmulo de datos, sino ubicando la importancia de su configuración como una constelación de luchas históricas con sus contradicciones y antagonismos. Al mismo tiempo, Matamoros reconoce así que la lucha contra la definición es uno de los aportes del zapatismo al no sectarismo y plantea ir más allá de las categorizaciones estrictas de la historia oficial y el academicismo.
 
Sergio Tischler profundiza sobre la idea del zapatismo como una nueva constelación de lucha de clases en términos de un sujeto antisistémico en donde las luchas de resistencia indígena y la experiencia revolucionaria van tejiendo el camino del zapatismo. Precisamente recurriendo a la metáfora del huipil como un lugar de umbrales y luchas donde se entrelazan historias y colores en una constelación de lucha de clases abajo y a la izquierda. De esta manera, Tischer va destejiendo y tejiendo las dimensiones del tiempo y la palabra, esa es la riqueza de su análisis teórico, que va en caracol rompiendo con la cuadratura de quien sólo impone conceptos ajenos a la realidad. 
 
Tischler apunta que lo dialógico es algo que guarda estrecha relación con lo horizontal y con la temporalidad llena, diría Benjamin, que se opone a la temporalidad vacía y homogénea de la forma valor, es decir, del capital. Por eso es tan importante la construcción de un nosotros como categoría revolucionaria. Este nosotros es un proceso de lucha por transformar la fragmentación en acción colectiva contra las formas de dominación sintetizadas en el capital, más allá del concepto pueblo que, según el autor, implica reconocer una relación de subordinación entre pueblo y Estado. Por ello, en ciertos contextos los zapatistas recurren al nosotros incluyente y activo, en lugar de pensar en la categoría del pueblo masificado y subordinado, a diferencia de La Otra Campaña, que ha sido la convocatoria a los sujetos que encarnan la multiplicidad de luchas en un espectro muy amplio, pero que son luchas que no necesariamente se ven a sí mismas a través del prisma del nosotros, sino muchas se identifican con la forma Estado.
 
Otro aporte de Tischler considera que la idea zapatista de sujeto revolucionario implica una estrategia de despliegue horizontal del antagonismo, es decir, que no limita el zapatismo a la estructura militar, sino se propone como una de sus metas más altas, desaparecer. En este sentido, se enfatiza que una nueva constelación de la lucha de clases tiene forzosamente que producir un lenguaje nuevo, una conciencia de la lucha misma.
 
En suma, uno de los avances del zapatismo a 25 años de fundación y 15 del levantamiento armado, es la emergencia de subjetividades y que ellos valoran cuando “vemos cómo va transformándose la vida de alguien por eso el zapatismo sigue firme y se sigue ganando autoridad moral en las comunidades.” [2]
 
Finalmente, este libro es una invitación para reflexionar en torno a la experiencia de la cotidianeidad zapatista, en la realidad, los zapatistas van construyendo en la reflexión de cada día y en el caminar lento por las montañas, con la lluvia, con el calor sofocante, con el frío, en el suelo tibio de las noches pasadas a la espera del nuevo amanecer. Se trata de una acción consciente, firme, valerosa. A cada vuelta del molino con respiración intermitente se crean nuevos espacios para la vida. Gira el molino por la fuerza de los brazos de mujeres levantadas en la madrugada para encender el fuego, moler el maíz, hacer tortillas, poner el agua para el café y esperar, mientras ya se mira el horizonte.
 
[2]  Palabras del Centro de Español y Lenguas Mayas Rebelde Autónomo Zapatista (CELMRAZ), Octubre de 2008. Dirección electrónica: <http://www.serazln-altos.org/celm.html>