Los nuevos sujetos sociales.

 

Atendiendo a la definición misma de micropolítica, debemos señalar que los fenómenos micropolíticos no se definen por lo pequeño ‑sino porque escapan a la representación. Están fuera de toda representación. No son organizados por instituciones, sindicatos, partidos políticos, etcétera.
Nacen de improviso en ciertas circunstancias históricas y son fenómenos que se propagan a gran velocidad ‑ contagio ‑ producción de nuevas velocidades afectos y solidaridades. Creación de nuevos territorios existenciales ‑ nuevas búsquedas del ser en el mundo ‑. Se caracterizan por su impredecibilidad ‑ y son intempestivos. Es ahí, en esos momentos intempestivos que la suspensión de la continuidad temporal viene a interrumpir la mansa o conflictiva secuencia de los días y las noches. Es en esos instantes de pequeños desvíos que algo escapa a la historia y que perturba a la historia ‑ altera la historia.
La historia nuestra está alterada desde los cacerolazos. La estructura intrínseca de este tipo de fenómenos social es probable que rebase muchos de los conceptos sociológicos actuales. Tal es la velocidad con que los cuerpos se mueven en el acontecimiento. Los argentinos acabamos de vivir dos experiencias micropolíticas de resistencia. Ninguna organización ni estructura partidaria organizaron los cacerolazos del miércoles 19 ni el del viernes 28. Los partidos políticos y los sindicatos van por detrás del acontecimiento: siempre corriendo atrasados ‑ siempre lentos para estas velocidades. Aunque tuvieran la mejor intención ‑ es un problema de devenires. Los partidos, sindicatos y demás organizaciones macropolíticas necesitan siempre estar preocupados por el porvenir. Los nuevos sujetos sociales son puro devenir-. No tienen historia ‑ por lo tanto no tienen en su primer momento porvenir. Se están gestando en su pleno accionar. Por eso producen impaciencia en aquellos que les piden cuál será su porvenir. Lo micropolítico como acontecimiento es demasiado veloz e intempestivo para ser capturado en su propio devenir. Nuestros cacerolazos del 19 y 28 de diciembre son emblemáticos como fenómeno de resistencia civil: destituyeron a De la Rúa y a Cavallo y después a Rodríguez Saá. Y seguramente han tenido una enorme influencia en el juicio a la Corte Suprema. Pero además expresan por unanimidad el rechazo a la corrupción y a la clase dirigente en su totalidad. Algunos sindicalistas y políticos tienen temor a ser repudiados cuando salen a la calle. Esta es otra singularidad de este fenómeno social. Las asambleas populares son los nuevos sujetos sociales que han emergido en todos lados. No es un fenómeno cuantitativo. Existe un cambio cualitativo. Un cambio de naturaleza -. Un sector de la población ha ganado las calles y busca formas diferentes de organización. No es una revolución. Pero es una revolución en la cabeza de la gente ‑ esto es clave. Como le decía Deleuze a Tony Negri: “es un devenir revolucionario”. La gente que salió a la calle y sintió que con su salida produjo modificaciones, ya no va a dejar de expresarse más. Hasta que exista la justicia social en serio y una Corte con dignidad. No sería demasiado ingenuo pensar que los cacerolazos junto a los cortes de los piqueteros ‑ y las gentes en las calles en varios lugares simultáneos, estuvieran expresando la vanguardia de un movimiento civil incipiente de resistencia latinoamericana, que se estuviera oponiendo al modelo de las democracias parlamentarias de nuestro continente ‑ que solo han planteado hasta ahora desde el Departamento de Estado Norteamericano ‑ concentración de la riqueza de un sector de la población (aliado a los capitales financieros internacionales) y miseria y subdesarrollo de los recursos humanos para el 60% de la población restante.
Porque nuestro país es latinoamericano y nuestro destino será latinoamericano. Hoy
compartimos, por nuestro singular momento económico, la pobreza latinoamericana. Pero no somos Irlanda ni Francia. De esto no se habla. Se descontextualiza a nuestro país. Y esto no es casual. Se “argentiniza” nuestro problema. Es cierto también que todo pudiese entrar en caos. Pero también puede ser un caos creativo de donde surjan nuevas formas de solidaridad y justicia social. Nuevas propuestas a formular. Lo que se está atacando no es el orden. Sino este tipo de orden. Este tipo de orden democrático que fabrica desocupación ‑ marginación ‑ exclusión y subdesarrollo de los recursos humanos. Lo que se está jugando en las calles es la cuestión de la representatividad política y sus intereses financieros. El punto en cuestión es la crisis de la representación política.
Bienvenidos entonces los cacerolazos ‑ no solamente por los efectos ya producidos (caída de dos presidentes) sino también por el cuestionamiento sin cuartel a la dirigencia argentina corrupta. Es un despertar revolucionario. Un devenir revolucionario. Ser simplemente ciudadanos que quieran ser sujetos de la historia de su país. Cuestionan sin saberlo mucho más de lo que se proponen. Es una gran apuesta a la dignidad perdida y ultrajada por el neoliberalismo. Pero es una apuesta que se renueva todos los días en cada lugar del país. Funcionan con un tiempo singular.
Fuera del tiempo electoralista. Como le dijo un dirigente del Movimiento Sin Tierra a Lula: “Por supuesto ‑ nosotros los vamos a votar en la próxima contienda electoral. Pero no se olviden que el tiempo de ustedes es el tiempo electoral y el nuestro es el de las tomas de los latifundios. Son tiempos distintos”.
Por eso, independientemente de los tiempos electorales ‑ existirá siempre el tiempo de las asambleas populares ‑ el tiempo de los piqueteros y de los cacerolazos. El tiempo de los devenires. Son dos tiempos distintos. Y eso ya se percibe.