La Estrategia de la clase obrera 1936, de Nicolas Iñigo Carrera.

La Rosa Blindada-PIMSA, Buenos Aires, 2000

El estudio de los movimientos sociales argentinos está pasando por un momento promisorio, tanto si lo medimos por la producción reciente que se está dando a conocer como por las propuestas de renovación conceptual y metodológica a partir de las cuales fueron pensados estos trabajos. La aparición de un libro sobre una coyuntura clave y poco menos que olvidada de la historia de la clase obrera argentina es una buena oportunidad para reflexionar sobre las nuevas tendencias de la historia social en la Argentina.
El objeto de estudio del libro de Iñigo Carrera es el de las acciones de la clase obrera en la huelga general de enero de 1936 en el contexto de la larga huelga llevada a adelante por los obreros de la construcción en 1935-1936. Como el propio autor lo define éste es un trabajo enfocado desde las acciones concretas de los trabajadores en un momento determinado del proceso de su constitución como clase por medio de la identificación de sus antagonistas sociales. Dentro de una tradición historiográfica donde ha predominado la historia “institucional” de la clase (movimiento obrero, historia de los sindicatos, partidos obreros) el enfoque presentado en este libro permite acceder a un registro histórico menos frecuentado.
El autor de La Estrategia... realizó un estudio sobre el perfil demográfico y ocupacional de los barrios, buscando relacionar los datos estadísticos con las acciones concretas de los vecinos durante la huelga (barricadas, acciones disuasivas sobre los transportes, enfrentamientos con la policía y los comandos de la ultraderecha), así como las historias de las luchas obreras en el periodo 1900-1920 han permitido rescatar los levantamientos de los barrios del viejo polo portuario-industrial (la Boca, Barracas). La Estrategia.... estudia la lucha de los barrios del oeste (la Paternal, Villa del Parque, Villa Mitre, Villa Devoto, etcétera) nacidos de la expansión urbana en el período 1900-1930. Estos barrios en cuya estructura económica se reflejaba el proceso de sustitución de importaciones y la expansión de la periferia porteña, fueron escenario de originales formas de solidaridad. La hipótesis de Iñigo Carrera apunta a la existencia de una red de vínculos laborales, parentales y vecinales, galvanizados por una estrecha relación entre lugar de residencia/lugar de trabajo. Alrededor del pequeño y mediano taller, las obras en construcción y el trabajo domiciliario femenino se tejieron vínculos de solidaridad que sirvieron para que en la coyuntura de 1936 se construyeran los Comités de Solidaridad. Estos comités fueron formas de autoorganización de trabajadores y vecinos para hacer triunfar la huelga y resistir a la fuerza armada del Estado y las guardias blancas fascistoides.
Son también interesantes los aportes hechos en este trabajo sobre la participación de las corrientes políticas y sindicales en la génesis y evolución de los hechos de 1935-1936. El balance de las distintas fuerzas de izquierda puede ser leído conjuntamente con las transformaciones en la estructura económico-social y los cambios políticos que se estaban produciendo en la Argentina. De esta forma, la huelga de 1936 aparece como un importante punto de inflexión del movimiento obrero y la línea de fuga a partir de la cual se dibujan las estrategias de las distintas corrientes que luchaban en su seno (PC, FORA, PS, sindicalismo, etcétera). Época de expansión de la sindicalización de los asalariados y de cambios en la estructura laboral las viejas corrientes que habían hegemonizado el sindicalismo de oficio comienzan a ser desplazadas por aquellas que elaboran una estrategia pensada para una realidad que ya no era la del viejo sindicalismo artesanal de comienzos de siglo.
Nos parecen igualmente destacables los aportes sobre la participación activa en la huelga de una serie de fuerzas menores. La acción combativa de agrupaciones anarquistas de base (Alianza Obrera Spartacus, Comité de relaciones de grupos anarquistas, etcétera), el protagonismo de militantes trotskistas, como el legendario Mateo Fossa, y de los activistas de la izquierda socialista. Para el estudio de las relaciones ideológicas y política de los barrios en lucha Iñigo Carrera recurrió a los testimonios orales de viejos vecinos y militantes de esos años. Varios testimonios recogidos en La Estrategia... parecen indicar que, superando las identidades organizadas alrededor de severas ortodoxias, en los barrios porteños se dieron micro-alianzas que atravesaron las fronteras ideológicas. Constituyendo este libro un buen ejemplo del potencial de la metodología de la historia oral para el estudio de los factores subjetivos en los movimientos sociales.
Pensado como el análisis de las acciones de la clase obrera en el proceso de su confrontación con otras clases antagónicas, La Estrategia... invita a pensar 1936 como un salto cualitativo en la conciencia social y política de los trabajadores. Según Iñigo Carrera la reconversión y expansión de la industria de la construcción llevó a los albañiles a constituirse como una fracción consolidada de la clase trabajadora y a proyectar su combatividad en la huelga de 1935-1936. El conflicto de los albañiles habría actuado como el catalizador de una serie de inquietudes y acciones de tipo político que en esos años llevaron a sectores crecientes del pueblo a cuestionar al régimen conservador (antiimperialismo, antifascismo, cuestionamiento del fraude electoral, campañas por la libertad de luchadores sociales). En ese contexto de creciente erosión de la hegemonía oligárquica el conjunto de los trabajadores habría avizorado en el triunfo de la huelga de la construcción la posibilidad de presionar para conseguir un nuevo equilibrio político en el país. Este estado de animo alcanzaría su punto más alto en la acción directa de los trabajadores y vecinos desafiando al poder del Estado y su fuerza armada.
El año 1936 marcaría la toma de conciencia de nuevas capas y fracciones de la clase trabajadora de la necesidad de presionar para ser incluidos en el sistema político y así tener mayores de posibilidades para luchar por un mejor reparto del ingreso nacional y la mejora de las condiciones de vida. ¿Se trataba entonces de un movimiento reformista? La respuesta no es tan fácil, ni tan lineal. Iñigo Carrera propone pensar el movimiento de la clase obrera entre 1936 y 1945 como un proceso que a medida que se desarrollaba iba creando las condiciones subjetivas para la superación de sus objetivos originales. Como sabemos, la creciente movilización de la clase obrera no la llevó a hegemonizar una alianza político y social de signo anticapitalista. La huelga general de octubre de 1945 marcó la incorporación de las capas más sumergidas de la clase trabajadora como “ciudadanos” de la República de masas por medio de la integración del movimiento obrero como apéndice del Estado populista. A la hora de hacer un balance del desenlace de este proceso las preguntas siguen siendo muchas más que las respuestas. El libro del que nos ocupamos en estas líneas aporta nuevos elementos que nos incitan a profundizar nuestro estudio de un momento clave en la historia de la clase trabajadora argentina.